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martes, 6 de octubre de 2026

El Protectorado

 Generar cuantos más conflictos mejor es un objetivo obvio de las oligarquías o tecno oligarquías fabricantes de armas y de mecanismos de seguridad; el keynesianismo militar es el caramelo que los lobbies armamentistas ofrecen a una parte de la clase obrera, incluso a costa de perecer todos en el intento.


Carlos Arenas

6 de octubre de 2026

El colapso de Ceuta desde finales del mes de julio obedece a razones más profundas que su identificación como crisis migratoria o con el llamamiento de las redes a tirarse al mar, inducido o no, por falsas noticias sobre fronteras abiertas.

Al menos, en mi opinión, hay otras razones que explican el fenómeno. La primera es de carácter estructural: la enorme pobreza y desigualdad con la que el rey de Marruecos tiene sometidas a las provincias del norte de su país, a las nulas perspectivas de promoción y progreso de su juventud. En el sur, donde está Casablanca y la sede de la corona, la renta per cápita es de más de 90.000 dírhams; en el norte, en el entorno de Ceuta, es de 40.000, –unos 3.000 euros al año, menos de la mitad, y cuatro veces menos de la renta de la provincia más pobre de España-. Medido en producto interior bruto, el norte migrante aporta el 5 % de la riqueza del reino alauita, mientras el sur reúne casi el 60 %.

Es la desigualdad lo que empuja a la gente a emigrar. La situación se agrava por la elevada presión demográfica en los territorios del norte, antiguamente llamados del Rif, en el entorno de Melilla y Yebala, en el entorno de Ceuta. Esa presión no es tanta la causada por la tasa de natalidad –el número por hijos por familia es de las más bajas de Marruecos- como por las migraciones interiores desde las regiones montañosas del Atlas y de las pre-saharianas. Europa es el destino final de este flujo migratorio.

Un segundo motivo es político. Como en cualquier satrapía, el nacionalismo sirve para contrarrestar los derechos democráticos y la lucha de clases, tanto más si ese nacionalismo va impregnado de excrecencias religiosas. Cedido el territorio del Sáhara a Marruecos, el siguiente paso para el nacional-satrapismo de Mohamed VI ha sido el de alimentar la marroquinidad de Ceuta y Melilla, como, salvando las diferencias históricas, lo era para Franco la reivindicación de Gibraltar. El paralelismo de lo ocurrido en julio y lo que ocurrió en 1974 con la “marcha verde” es evidente. El sátrapa utiliza la pobreza que no quiere erradicar como arma de intervención en los asuntos de España.

Un tercer motivo, moviendo todo el engranaje, es geopolítico. El estrecho de Gibraltar, como el de Ormuz, como el de Bab El-Mandeb, como lo es el paso de Groenlandia para atravesar el Ártico son lugares claves en la batalla por la hegemonía global entre USA y Occidente de un lado, y China y sus aliados del Sur Global de otro. Controlar esos estrechos supone regular el paso y los beneficios de la cadena de suministros en el planeta.

La competencia entre la floreciente China y la decadente América ha dejado de ser económica dada la superioridad manifiesta de la potencia económica asiática. Todos los imperios en decadencia se resisten a perder su hegemonía por la vía militar; de ahí la guerra que Occidente alienta en Ucrania, en Irán o en el Golfo Pérsico. Generar cuantos más conflictos mejor es un objetivo obvio de las oligarquías o tecno oligarquías fabricantes de armas y de mecanismos de seguridad; el keynesianismo militar es el caramelo que los lobbies armamentistas ofrecen a una parte de la clase obrera, incluso a costa de perecer todos en el intento.

Uno de los conflictos armados en ciernes es el que se promueve ahora entre España y Marruecos; se trata de un obscuro objeto del deseo del tándem Trump-Netanhayu, tanto monta monta tanto, que tiene por finalidad extender la guerra desde el Índico hasta el Atlántico, para que, entre otras razones, el foco sobre el sionismo genocida contra Palestina y Líbano quede opacado en las noticias de los telediarios. No me extrañaría nada que tanto la CIA como el Mosad, operando en el Estado amigo y fallido de Marruecos, hayan estado involucrados en el asalto a la playa del Trampolín, como estuvieron en 2014 en la “revolución” de la plaza del Maidán que depuso al pacifista Viktor Yanukovich del gobierno de Ucrania o en las algaradas contra el régimen de los ayatolás en Irán a comienzos de 2026, semanas antes de que comenzara la actual guerra.

Si al mismo tiempo se castiga a la díscola España por denunciar el genocidio, y a Pedro Sánchez, el “Yanukovich español”, el “amigo de China”, mejor que mejor, y ahí reaparece el pequeño hombre de la guerra, José María Aznar, llamando a rebato por la invasión de nuestro territorio o apelando al batallón judicial para que empapele a Sánchez por traición a la Patria. A partir de ahí todo engarza sin ningún pudor para ensuciar en lo que se pueda y hacer insostenible la situación en Ceuta, desde agresiones de algunos gorilas, civiles y militares, a los inmigrantes o a los ceutíes que atienden necesidades humanas, hasta la negativa de las comunidades autónomas pepévoxeras, a cumplir con el mandato constitucional de acoger a menores que vagan por las calles de la ciudad autónoma. Toda ignominia sirve para acabar con el gobierno de Sánchez, como también sirve votar en contra de dos decretos que trataban de regular el abusivo mercado de la vivienda.

Preguntándome por una posible salida, me acuerdo de aquel Protectorado español sobre el norte de Marruecos en 1912; en aquella ocasión, el finiquitado imperio español recibió, como regalo de las grandes potencias –Alemania, Gran Bretaña, Francia-, el control sobre la franja norte de Marruecos. Fue un regalo geo-estratégico porque ninguno de los imperios abocados a la Primera Gran Guerra admitía que un potencial enemigo controlara el estrecho de Gibraltar. Durante más de medio siglo, España ocupó y malgastó su presencia en el norte de Marruecos; el compromiso adquirido de pacificar y desarrollar económicamente el territorio asignado fue sustituido por una típica ocupación colonial al servicio de las oligarquías hispanas; una colonia regida por una parte del ejército español que hizo la guerra a las kábilas hasta 1927 y la prolongó, ahora en España, desde el 18 de julio de 1936. El Protectorado español fue el gran cuartel de donde surgió el rancio patrioterismo que hoy abanderan Aznar, Abascal y los suyos.  

Un contrafactual nos ofrece una enseñanza que podemos extraer de aquello. Si la España cívica hubiera conseguido imponer sus criterios sobre la militar en 1912, si se hubiera aplicado en favorecer el bienestar de sus protegidos al margen de lo que pensara entonces el Sultán de Marruecos o el rey de España, si se hubiera excitado la buena vecindad entre poblaciones a ambos lados del Estrecho, tal vez hoy la imagen del moro sería otra que aquella inducida por legionarios o por los moros-amigos que trajo Franco.

 Como entonces, nos encontramos en una situación pre-bélica mundial; como entonces, el asunto de Ceuta pasa por acertar con la estrategia geo-política. Hay dos opciones: una, la de “a mí la legión” que proclaman los tercios de Aznar y Abascal siguiendo las órdenes de los lobbies de la guerra; otra, la de intentar que la Unión Europea, al menos la del frente-sur de la Unión, se involucre en la solución del problema migratorio del Magreb, ofreciendo una especie de protectorado de la población indigente del norte de África, de colchón de seguridad por medio del desarrollo social y económico de aquellas poblaciones, etc. Palo y zanahoria con Marruecos; las ventajas que el sur de Marruecos obtiene de la Unión deben ser fielmente correspondidas por políticas de no agresión; el palo sería romper acuerdos o favorecer la oposición democrática a la satrapía.

El acuerdo bilateral entre Francia y España de 2023 y el renovado de 2026 ofrecen el marco institucional estratégico por el que debería pasar la solución a medio plazo del problema migratorio y de seguridad. No será fácil; de un lado habrá que conseguir que en la dictadura de Mohamed pesen más los acuerdos con Europa que el alineamiento con el trumpismo y el sionismo. De otro, habrá que desplazar hacia el sur el interés belicista con el que Alemania y el Reino Unido, principalmente, llevan a la Unión Europea y la OTAN a un enfrentamiento con Rusia de previsibles y nefastas consecuencias. El partido se juega también en España. En las próximas elecciones generales no sólo se confrontan ideas reaccionarias y progresistas, no sólo políticas neoliberales o socialdemócratas, nos jugamos, sobre todo, la guerra o la paz.