martes, 19 de marzo de 2024

DEJEN DE ADOCTRINAR EN LA ESCUELA PÚBLICA, ¡POR DIOS!

Carmen Yuste Aguilar

19 de marzo de 2024

Este domingo se ha dado el pregón de la Semana Santa de Sevilla y a la consejera del Pozo le ha llegado al alma. Eso ha dejado escrito, literalmente, en sus redes sociales. No en las redes de Patricia del Pozo, como persona de a pie, en las que podría expresar lo que le viniese en gana, sino en las corporativas de la consejera de Desarrollo Educativo y Formación Profesional. Nada extraordinario, por otro lado, si se echa un vistazo al histórico de publicaciones de estas cuentas; raro es el día que no asiste a una tertulia cofrade, va a la Pascua Militar o a visitar un obispado. Siempre tiene tiempo (¿libre?) para participar en los actos y mítines de su partido y también, por supuesto, para pasearse por colegios concertados. Todo en calidad de consejera, insisto, pues esta agitada agenda mariana se publica en las redes oficiales que tiene como tal. No le queda demasiado tiempo para la escuela pública, claro.

El presidente del Gobierno de la Junta debe estar encantado, porque en la misma línea y como cargo institucional, no como devoto, ha anunciado que esta semana viajará al Vaticano a pedirle al Papa que rece para que llueva. También es habitual verlo en romerías, procesiones y demás rituales y festejos católicos. Continúa así la senda de su partido, el PP, que nombró ministro del Interior a Carlos Fernández Díaz que, según confesión propia, tiene un ángel de la guarda llamado Marcelo que le ayudaba en sus funciones. Marcelo no ha podido evitar que la Fiscalía Anticorrupción pida para el ex-ministro 15 años de prisión y más de 33 de inhabilitación por montar y dirigir una “policía política” contra la oposición. ¿Cómo olvidar a otra ex-ministra del PP, Fátima Báñez, que decía rezar a la Virgen del Rocío para acabar con el paro? Y eso mientras formaba parte, ¡como ministra de Trabajo!, del siniestro gobierno de los recortes criminales, durante la crisis económica.

Con estos antecedentes y conociendo a este caterva, de la que los mencionados son solo algunos ejemplos llamativos, la circular para el impulso de actividades relacionadas con las procesiones y la Semana Santa en los colegios e institutos públicos de Andalucía ha molestado y mucho a la comunidad educativa, pero no nos ha sorprendido demasiado.

Imponer la Semana Santa en los colegios e institutos públicos choca frontalmente con la aconfesionalidad establecida en la Constitución y con el derecho fundamental a la libertad de conciencia. Además, excluye a una parte muy importante del alumnado: niñas y niños musulmanes (cuyas familias estos días celebran el Ramadán), evangelistas, budistas, de cualquier otro credo religioso o de familias agnósticas y ateas que quedan excluidos de las actividades de sus colegios e institutos.

Con esta circular, se normaliza y oficializa la ocupación en los centros educativos públicos, de sus espacios comunes y del tiempo lectivo, con prácticas propias de la religión católica. Así, se da carta de naturaleza a prácticas que colectivos y sindicatos de la comunidad educativa, junto al movimiento laicista, llevamos años denunciando, como la representación de procesiones con desfiles de niños disfrazados de costaleros o legionarios y niñas de mantilla. Lejos de poner coto a estos ejercicios machistas, militaristas y completamente inaceptables en los centros públicos de un Estado aconfesional, la Junta y su Consejería tratan ahora de promover este tipo de prácticas.

La separación Iglesia-Estado está más lejos que nunca y el gobierno de la Junta está aprovechando su mayoría absoluta para socavar aún más este principio que debía estar más que asentado en el siglo XXI. Es insoportable la manipulación que se hace desde el PP de las instituciones públicas para sus propios fines, para imponernos su agenda y su forma de pensar. Pero son aún más intolerables las presiones a la comunidad educativa, la coacción a sus profesionales y, sobre todo, el intento de adoctrinamiento de las niñas y niños. O los paramos ya o que dios nos coja confesados.