Juan Manuel Valencia Rodríguez
7 de abril de 2026
A
día de hoy la guerra se extiende en Oriente Medio y el riesgo de una guerra
global es cada vez mayor. El Gobierno de España se ha posicionado
internacionalmente contra los ataques a Irán, Líbano y Palestina, frente a los
designios irresponsables de Trump, y algunos países europeos han comenzado a ir,
con timidez, por el mismo camino. No es suficiente. Dada la crítica situación,
España debería emprender un enérgico giro político en pro de una estrategia valiente
para la paz.
EEUU
es un imperio en declive, pero por eso mismo peligrosísimo, pues sigue contando
con el aparato militar más poderoso de la Historia. La exasperación por no
poder mantener su dominio por vías económicas, pacíficas, puede llevarle a
perder el control. Pese a una deuda pública gigantesca cuyos pagos no puede
afrontar, Trump ha planteado la necesidad de incrementar en un 40 % el ya
descomunal gasto militar, hasta los 1,5 billones de dólares, a cambio de
recortar aún más los debilitados programas sociales y medioambientales. Su
perspectiva no contempla otro camino que el recurso a la fuerza bruta.
Analistas
prestigiosos y bien informados, algunos de ellos estadounidenses, no dudan en
calificar al presidente norteamericano como un demente, megalómano,
egocéntrico, de decisiones imprevisibles y volubles, carente de estrategia
alguna. Sin embargo, su política se asienta en razones estructurales profundas
y se sustenta sobre un establishment poderoso.
Las
razones estructurales derivan de la propia naturaleza del sistema capitalista,
tal como hoy está constituido. Su necesidad intrínseca de acumulación creciente
de capital, de ganancia, es a la vez un motor de guerra y de destrucción del
medio natural, dada la imbricación estrechísima que existe entre Estado (poder
político), capital y poder militar. Y ese capitalismo agresivo y depredador exige
que haya países pobres y gente pobre bajo su dominio, de la que extraer la
reproducción ampliada de su capital.
El
establishment, el grupo de poder que sostiene y está detrás de Trump, está
conformado por la oligarquía tecnológica del Silicon Valley asociada al
complejo militar-industrial. Sólo piensa en obtener una posición prevalente y
beneficios astronómicos de su asociación con el poder y no tiene freno moral ni
emocional alguno, no siente la más mínima empatía ni por las personas ni por el
sistema democrático. El control casi absoluto de los principales medios de
comunicación completa el panorama en el cual esta plutocracia ha logrado el
dominio sobre la sociedad.
EEUU
está arrastrando a la UE en su deriva autocrática y militarista. El espectáculo
que están dando los gobernantes europeos como vasallos serviles del Imperio es
bochornoso, en especial por parte de Alemania, pero también de Francia (¡si el
orgulloso nacionalista De Gaulle lo viera!). Para promover la militarización se
propaga la idea ridícula de que Rusia va a invadir Europa. Las consecuencias de
ello son cada vez más evidentes: degradación galopante de las instituciones
democráticas, marginadas de las decisiones claves, recorte de derechos, detenciones
arbitrarias de ciudadanos que protestan contra esta política, requerimientos
descarados a recortar el Estado del Bienestar para construir un Estado de
guerra…
Quizá
el conflicto global no haya estallado ya por la actitud prudente que está
manteniendo China. No quiere la guerra, no le interesa, porque está ganando la
hegemonía económica. La relación entre Estado y Capital es allí distinta, la
primacía es del poder político. Y su pasado histórico es también diferente, más
vinculado a un imperio comercial que a un dominio colonial. Está tejiendo
diplomática y económicamente en torno a los BRICS un orden mundial alternativo
al dominio “occidental” y al sistema del dólar, que concentra ya más de la
mitad de la producción y de la población mundial.
Irán
no constituía ninguna amenaza real cuando ha sido atacada por EEUU e Israel. El
Estado sionista y colonialista ha invadido además el Líbano mientras prosigue
su exterminio del pueblo palestino. Hay que alejarse de esta locura.
Hasta
ahora, aunque Pedro Sánchez ha tenido la valentía de oponerse a las agresiones
contra Irán y el Líbano y ha efectuado declaraciones en favor de los derechos
de Palestina, el PSOE ha sido incapaz de liberarse de los lazos que le atan al
Imperio estadounidense, del que sigue considerándose “un socio leal”. La
respuesta de Trump ha sido proferir todo tipo de amenazas y declaraciones que
atropellan la soberanía española (con el beneplácito, por cierto, de los
“patriotas” del PP y VOX).
Es
preciso desmarcarse de los vientos militaristas y autoritarios, proteger los
derechos y libertades y reforzar las políticas sociales para combatir la
desigualdad, que no para de aumentar. Mantener la alianza con ese imperio en
declive, brutal y agresivo, el que más dictaduras ha impuesto y más ataques ha
realizado contra otras naciones, es un callejón sin salida, una opción sin
futuro, además de inmoral. Hay que emprender otro rumbo, poner en marcha una
estrategia que conduzca de verdad a la promoción de la paz. Salirse de la OTAN.
Cerrar las bases americanas de Rota y Morón. Promover un sistema de defensa
europeo soberano, independiente de los intereses de EEUU, que no son los
nuestros. Puede parecer una alternativa muy radical, pero en realidad no hay
otra salida práctica razonable si queremos desmarcarnos de la deriva
enloquecida de un imperio decadente dirigido por un psicópata y una oligarquía
sin escrúpulos. Trabajar por la paz es incompatible con la OTAN y con el
mantenimiento de la alianza con EEUU.
La
Constitución de 1931 de la II República, proclamaba en su artículo 6º: “España
renuncia a la guerra como instrumento de política nacional”. Ese es el camino.
Esperemos que la izquierda alternativa, que afortunadamente parece haber
encontrado en Andalucía vías para colaborar, asuma con decisión esa estrategia
por la paz mundial.
