Miguel Toro
19 de enero de 2021
A final de año se aprobaba la nueva LOMLOE (más conocida como Ley Celaá), y los detractores de dicha ley proclamaban al unísono: Libertad.
Los detractores de dicha ley repiten una y otra vez que se oponen a la misma “Porque reclaman libertad para poder educar a sus hijos según sus principios”, “Porque quieren seguir teniendo libertad para llevar a sus hijos al centro que quieran”, “Porque esta ley restringe el derecho de los padres a impartir la educación que quieran a sus hijos”, etc.
¿Pero de que libertad hablan? Lo podemos comprender mejor leyendo las razones de Más Plurales, un grupo opositor a la LOMLOE. Dicen que no aceptarán que la LOMLOE permita a las autoridades educativas imponer la distribución del alumnado basada en la planificación arbitraria de la Administración, por encima de las necesidades reales de escolarización manifestadas por las familias. No aceptan la planificación pública de la educación. Quieren que el estado siga financiando con fondos públicos a los colegios concertados, quieren que estos colegios tengan libertad para elegir a sus alumnos, poder rechazar a alumnos con dificultades económicas o con otras ideas religiosas, quieren que estos colegios impongan la religión que consideren conveniente. Pero todo ello financiado con fondos públicos. Quieren crear colegios para el sector acomodado de la sociedad pero financiado con los recursos de todos.
