Francisco Casero Rodríguez
20 de
enero de 2026
En la
reunión del Patronato de Fundación Savia que celebramos el pasado 29 de
noviembre en Zamoranos, pedanía de Priego de Córdoba, abordamos la problemática
de la vivienda en el mundo rural, con la ponencia de Manuel Ángel González
Fustegueras, arquitecto y urbanista, sobre LA VIVIENDA COMO DESAFÍO
TERRITORIAL: Habitar el futuro desde lo Rural. Lo cual suscitó un amplio debate
que hemos concretado en un Manifiesto por
la Vivienda Rural, que comparto como herramienta de reflexión para un nuevo
equilibrio entre territorio, vivienda y comunidad…
La Fundación Savia, como entidad comprometida con la defensa del territorio, la equidad social y la dignidad de la vida en los pueblos, eleva este Manifiesto por la Vivienda Rural como una llamada urgente a reconocer que el derecho a una vivienda digna es también —y especialmente— un derecho rural.
El
manifiesto nace de una convicción profunda: Sin vivienda habitable no hay
arraigo; sin arraigo no hay comunidad con futuro; y sin comunidad no hay
territorio vivo y diverso.
Hoy,
cuando la crisis habitacional domina la agenda pública en las ciudades, el
medio rural sufre en silencio una emergencia estructural que amenaza su
continuidad demográfica, social y económica. No es una urgencia visible, pero
sí una emergencia que erosiona el futuro del país.
El
Manifiesto se resume en los 9 puntos siguientes:
1. La vivienda rural: una
emergencia silenciosa que exige justicia territorial.
Frente
a la imagen de que el problema de la vivienda es fundamentalmente urbano, la
realidad es contundente: los pueblos del interior del país afrontan un
vaciamiento residencial, un parque de vivienda envejecido, deteriorado o
infrautilizado, y una ausencia prolongada de políticas adaptadas a su escala y
a sus modos de vida.
Casi
la mitad de las viviendas vacías del país se localizan en municipios de menos
de 10.000 habitantes, pero gran parte de ellas no son habitables, están
cerradas o sometidas a barreras jurídicas, económicas o culturales, que impiden
activarlas.
El
mercado no responde, los mecanismos para regularlo no aparecen, la normativa no
se adapta a los objetivos de disponer de la vivienda necesaria y la inversión
no llega. La consecuencia es clara: jóvenes que se marchan, familias que no
encuentran un hogar, y territorios que pierden su base humana.
2. Un rural diverso que
comparte desafíos comunes.
La
Fundación Savia reivindica la diversidad del mundo rural: montañas, campiñas,
áreas periurbanas, valles agrícolas, comarcas turísticas y territorios en
regresión. Cada uno presenta características propias y soluciones diferentes.
Pero todos comparten desafíos estructurales:
*
Escasez de alquiler asequible y estable.
*
Rigidez normativa heredada de enfoques urbanos.
*
Viviendas vacías de difícil rehabilitación.
*
Desconfianza y falta de mediación.
*
Presión del turismo y de las segundas residencias.
*
Envejecimiento del parque residencial en el medio rural.
* Déficit de servicios, de conectividad y de
movilidad interurbana.
Resolver
estos retos no es solo política habitacional: es política territorial, social,
ambiental y de modelo de país.
3. Activar lo existente: la
vivienda como bien social y no como recurso ocioso.
El
principal desafío del medio rural no es construir más, sino activar la vivienda
que ya existe. Hay patrimonio, pero no hay habitabilidad; hay demanda
potencial, pero no acceso real; hay nuevos pobladores, pero no opciones
adecuadas.
La
Fundación Savia sostiene que la vivienda rural debe entenderse como
infraestructura social, que necesita ayudas específicas para reducir la presión
del mercado. Por ello exige:
*
Rehabilitación prioritaria del parque residencial en el rural.
*
Programas públicos y cooperativos de alquiler social.
*
Incentivos y garantías para propietarios que ceden o alquilan.
*
Simplificación administrativa en rehabilitación y cambio de uso.
* Acompañamiento técnico a municipios y
propietarios de vivienda vacía.
Convertir
las viviendas vacías en hogares habitados es una oportunidad estratégica para
el reequilibrio territorial.
4. Un mercado de alquiler
rural estable: clave para fijar población y atraer nuevos residentes.
El
análisis evidencia que el alquiler rural es casi inexistente, atrapado en la
desconfianza y la falta de mediación. La Fundación Savia reclama un cambio
profundo, que incluya:
*
Bolsas comarcales de vivienda en alquiler gestionadas públicamente.
*
Garantías contra impagos y apoyo a propietarios.
*
Programas mixtos de cesión de uso temporal.
*
Impulso a modelos cooperativos, comunitarios y de cohousing rural.
* Plataformas que medien para conectar la
oferta real con la demanda real.
Sin
alquiler accesible no habrá estabilidad económica y social en el medio rural,
ni oportunidades de vida para jóvenes y familias.
5. Gestionar el equilibrio
entre Turismo, segundas residencias y uso estacional, para no fomentar la
expulsión de población rural.
El
turismo rural y las segundas residencias aportan riqueza y vínculos afectivos,
pero pueden generar presiones intensas sobre la vivienda: aumento de precios,
estacionalidad, pérdida de población permanente. La Fundación Savia propone:
*
Ordenar el alquiler turístico en zonas tensionadas.
*
Incentivar el uso continuado de segundas residencias.
*
Establecer límites que protejan la función residencial.
* Integrar planificación turística y de
vivienda dentro de una visión compartida.
El
objetivo no es frenar, sino equilibrar para que los pueblos sigan siendo
lugares habitables todo el año.
6. Gobernanza coordinada: sin
municipios fuertes no hay vivienda rural.
Muchos
municipios carecen de personal técnico, presupuesto o capacidad para gestionar
programas de vivienda. La gobernanza rural exige coordinación multinivel:
local, comarcal, provincial, autonómica y estatal. Donde existe apoyo técnico y
redes de cooperación, los proyectos de vivienda prosperan. La Fundación Savia
demanda:
*
Oficinas comarcales para activar la vivienda rural.
*
Protocolos estables de mediación público-privada para habitar la vivienda rural
vacía.
* Un
pacto territorial de Estado por la vivienda rural.
*
Herramientas de asistencia jurídica y técnica compartida con propietarios y
demandantes.
* Simplificación normativa de la vivienda
ajustada al contexto rural.
La
vivienda rural necesita instituciones fuertes, cooperativas y coordinadas.
7. Innovación, transición
ecológica y emprendimiento: el rural como laboratorio de futuro.
La
Fundación Savia defiende que el medio rural es un espacio privilegiado para
experimentar soluciones de sostenibilidad, innovación social y transición
energética. Cooperativas de vivienda rural, planes de economía social,
rehabilitación verde, cohousing para vivienda compartida, redes de
emprendimiento social, etc.
La
vivienda vinculada al compromiso social puede ser motor de:
* Nuevas economías del cuidado y la
agroecología.
* Rehabilitación energética y autosuficiencia.
* Emprendimiento local vinculado a los valores
locales del territorio.
*
Cohabitación intergeneracional y modelos comunitarios.
El
rural no es pasado: es futuro disponible.
8. Nuestra llamada:
Rehabilitar. Alquilar. Cooperar. Habitar.
Estos
cuatro verbos resumen la hoja de ruta de la Fundación Savia para reconocer que
Sin vivienda habitable no hay arraigo en el medio rural; sin arraigo no hay
comunidad de futuro; y sin comunidad no hay territorio vivo:
Rehabilitar
para cuidar el patrimonio existente, mejorar la eficiencia y adaptar las
viviendas a las formas de vida contemporáneas.
Alquilar
para garantizar acceso, movilidad y oportunidades de arraigo a jóvenes,
familias y nuevos residentes.
Cooperar
entre administraciones, propietarios, comunidad y tercer sector para generar
confianza, escalabilidad y continuidad.
Habitar
como expresión de un derecho fundamental, un proyecto de vida y un compromiso
con el territorio.
9.La vivienda rural como
horizonte de país.
La
Fundación Savia manifiesta que España no puede permitirse un territorio vacío,
ni un espacio rural desconectado del derecho a la vivienda. Cada vivienda
cerrada es un fragmento de país detenido; cada vivienda rehabilitada es un
hogar, un proyecto, una esperanza.
El
futuro territorial, ecológico y social del país depende en gran medida de que
la vivienda rural sea reconocida como un pilar estratégico de Estado.
Reclamamos políticas de lugar, no de mercado; instituciones que acompañen, no
que abandonen; territorios que se regeneren desde dentro, no desde la
imposición externa. Porque donde hay casa, hay posibilidad; donde hay hogar,
hay comunidad; y donde hay comunidad hay futuro.
