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viernes, 26 de febrero de 2021

El mal funcionamiento del mercado de trabajo como fuente de desigualdad social


Antonio Aguilera Nieves

26 de febrero de 2021

El balance de 2020 en el mercado laboral es demoledor, y, sin embargo, parece pasar de puntillas por nuestras noticias de actualidad. En un momento en que se teme por la vida, esto de los puestos de trabajo parece sonar a daño colateral esperado e inevitable, pero lo cierto es que encierra un tremendo dramatismo. Presente, y si no le ponemos la máxima atención, también futuro.

Los 622.600 empleos perdidos en España 2020, 53.000 de ellos en Andalucía, suponen un pozo hondísimo para demasiadas familias, una fractura de desigualdad social que se hace más profunda y que vamos a tardar en superar años. Un retroceso colectivo que es una fatal consecuencia de la debilidad de nuestros órganos de gobierno.

El número total de desempleados en Andalucía a final de 2020 era de 907.200, la tasa de paro se sitúa en el 22,74 %. A ello es necesario añadir que según la metodología Eurostat y de la OIT, las personas incluidas en un ERTE se les considera oficialmente ocupadas. Esto es, la lectura que ofrecen los datos oficiales no está siendo leal con la gravedad y la urgencia de la situación. Estas cifras han dejado de asustar a los analistas, lamentablemente acostumbrados a vernos en lo más alto de este triste escalafón. De largo nos viene. La crisis de los ochenta nos llevó al 21,5 % de desempleo, la del 92 al 24,5 %. Más recientemente, la crisis de 2008 nos llevó a más de un 27,2 % de la población activa, esto es, más de 6.000.000 de personas que querían trabajar, pero no podían hacerlo. Angustioso para cualquier persona con responsabilidad pública, para cualquier persona preocupada por su pueblo y su tierra, pero una situación tristemente incorporada a nuestra cotidianidad. Por eso, aunque nos saque una mueca, acabamos aceptando y conviviendo con términos como la fuga de los jóvenes al extranjero, parados de larga duración, pérdida de talento, contratos injustos…

martes, 15 de septiembre de 2020

Los presupuestos que necesitamos

Miguel Toro

15 de septiembre de 2020

En el pasado mes de junio pensábamos con ilusión que ya había pasado todo. La curva de infectados por el virus bajó. Entrabamos en la nueva normalidad. Pero aquí estamos en septiembre. Continúan el aumento de los casos de coronavirus en España. Todavía no hay hospitales colapsados como los hubo en el pico de la epidemia. Pero la incertidumbre sobre el regreso de los niños a los colegios, la apertura de las universidades es muy grande. Y también es muy grande la incertidumbre sobre el futuro de los ERTES, elemento muy importante para que no se hunda la economía. La esperanza está en una vacuna que, según parece, no llegará de forma generalizada a la población hasta finales de 2021.

¿Pero que hemos aprendido en este tiempo? Una cosa ha estado muy clara: la salud pública es un bien público de enorme interés social. Sin unos buenos servicios de salud pública se puede colapsar la vida de las sociedades. Pero hemos aprendido más cosas: no teníamos un sistema público de salud preparado para una pandemia. En los momentos críticos se han visto las enormes carencias en los hospitales y se siguen viendo las carencias en la atención primaria.

Por otra parte hemos visto como la pandemia ha supuesto un impacto enorme sobre la actividad económica. El número de parados se ha disparado y el número de negocios pequeños y medianos que han cerrado o tienen dificultades para continuar es enorme. El gobierno ha reaccionado adecuadamente apoyando con fondos públicos los ERTES e impulsando medidas como el Ingreso Mínimo Vital.

martes, 21 de abril de 2020

LOS NUEVOS VIRUS DESTAPAN LOS RECORTES



El gobierno de coalición progresista está siendo forzado por una realidad imprevista de “crisis sistémica”, provocada por la Pandemia del COVID-19 que además de matar, altera todas las formas de vida de las personas y el sistema normal de convivencia, servicios públicos, productivos y laboral.

Manuel Armenta

Sevilla 21 de Abril de 2020

Aunque la realidad de presente y futuro afecta al mundo entero motivada por este virus que lo invade (Covid-19), cada estado y núcleo de población necesitará de sus propias capacidades políticas, económicas y sociales para confrontar con él -que todo lo invade y destruye- y así poder detenerlo lo antes posible. España así lo intenta sin olvidar la importancia del sistema de globalización europea y mundial con la que convivimos, y a pesar de las discusiones que se han tenido que librar en la CEE, para poder conseguir un superfondo del Covid-19 sin la exigencia de recortes económicos.

Esta crisis no afecta a todos por igual, porque cada país afronta su propia realidad frente a un virus incontrolado que invade y mata, y por las condiciones humanas y estructurales de cada cual, para hacerle frente. En consecuencia, la dimensión de las actuaciones y vivencias serán diferentes e imprevisibles en el día a día y en su desenlace final.

Tampoco afecta a todos los estados por igual, porque la realidad política y la estructura económica y social, es desigual en todos los órdenes de la vida. España, días antes de la invasión vírica, iniciaba la reconstrucción de una nueva realidad política y social con las marcas de progresista y por la igualdad, ante una situación histórica que se hacía insoportable para las mayorías sociales, y asumiendo todas las confrontaciones políticas de oposición del tripartito PP-C´s-Vox que se rearmaban para retroceder y mantener el régimen de Democracia más reaccionario y ultraconservador.

jueves, 1 de marzo de 2018

O peleamos duro o nos dirigimos hacia un mundo sin trabajo



Miguel Toro


Actualmente nos encontramos en un momento histórico en el que se están produciendo una gran cantidad de cambios, equiparables, dadas sus dimensiones e impacto, a aquellos cambios que se produjeron entre los siglos XVIII y XIX y que hoy llamamos Revolución Industrial.

Vivimos en un momento en que, con un simple teléfono móvil, conectado a internet, con unos cuantos toques podamos hacer la compra online y que nos la lleven a casa en 2 horas. En breve vamos a tener automóviles que se conduzcan solos, y además lo hagan de forma más segura y con menos accidentes. La automatización derivada de la Inteligencia Artificial está permitiendo, además, en ciertas tareas, como reconocimiento de imágenes (describir qué hay en una foto), las máquinas ya hayan igualado a las personas. Algunas innovaciones están llevando la computación inteligente a los dominios de profesiones como la medicina, las finanzas o el servicio de atención al cliente, los servicios de traducción automáticos, etc.

Por otra parte, se están conectando miles de millones de sensores a diversos recursos, almacenes, sistemas viarios, cadenas de producción, redes de distribución eléctrica, oficinas, hogares, tiendas y vehículos que supervisan continuamente su estado y su funcionamiento. Es el denominado Internet de las cosas. El Internet de las cosas permitirá supervisar el consumo de electricidad, optimizar la eficiencia energética y compartir la electricidad verde sobrante. La convergencia del Internet de las comunicaciones con un Internet de la energía y un Internet del transporte y la logística todavía incipientes está creando una nueva infraestructura tecnológica para la sociedad que cambiará de una manera radical la economía global en los próximos decenios.