Vientos de Cambio Justo

martes, 28 de enero de 2020

Damos la bienvenida al nuevo gobierno




Vientos de Cambio Justo:
Manuel Armenta, José Antonio Bosch, Francisco Casero, Enrique Cobo, Mª Rosario Granado, Antonio Sánchez, Miguel Toro, Juan Manuel Valencia

Felizmente tenemos un nuevo gobierno. Un nuevo gobierno progresista. Un gobierno que ha sido posible por el acuerdo entre los dirigentes del Partido Socialista y de Unidas Podemos, ratificado por abrumadora mayoría por los afiliados de sus organizaciones. A ellos se han sumado algunos partidos nacionalistas, particularmente Esquerra Republicana de Cataluña, y otros partidos con menor representación parlamentaria cada uno por diversas motivaciones. Felicitamos a todos ellos por el éxito obtenido. Era, y ha sido posible, formar un gobierno progresista. Esto, independiente de los resultados que consiga en los próximos meses o años ya es un triunfo simbólico sin ningún tipo de dudas: es posible un gobierno progresista. Aquí está.

Para llegar a él ha habido que superar muchos escollos. Aunque parezca poco congruente, los mayores han estado dentro del propio sector progresista. Felizmente, al final se ha evitado repetir errores y se ha podido llegar a un acuerdo con un programa que no es el de ninguna de las partes que conforman el Gobierno, pero que ha podido ser asumido por todas ellas y constituye una base más que suficiente para emprender una política que mejore de manera sustancial la vida de la mayoría de la población.

El gobierno de coalición progresista tiene enemigos económicos, sociales y políticos con gran capacidad de influencia. Los grandes poderes económicos no dejarán de presionar en favor de sus intereses; por su parte, algunos miembros de la alta jerarquía de la Iglesia católica ya han mostrado de forma clara su animadversión hacia este Gobierno. En la escena política, las formaciones conservadoras y de ultraderecha han tejido tupidas redes de poder y tienen a su disposición los medios de comunicación más influyentes. De su carácter cerril y reaccionario solo cabe esperar una oposición furibunda, ejercida de la manera más zafia y grosera, sin reparar en medios arteros y mentiras una y mil veces repetidas. Tratarán por todos los medios de producir fisuras en el bloque de gobierno, ya lo están intentando desde el primer día.


Pero no hay que tener miedo a estos enemigos. Hay que hilar fino, no hacer caso de provocaciones, llevar adelante los cambios prometidos al ritmo adecuado y sobre todo responder a los compromisos contraídos con la ciudadanía públicamente a través del programa de gobierno progresista. La fuerza de un pueblo consciente de sus intereses y que sabe que tiene un gobierno que actúa en favor de la mayoría, es muy superior a la de las élites reaccionarias que solo velan por sus mezquinos intereses de grupo.

Tenemos un gobierno progresista. Es lo que pedíamos. Es lo que necesitaba la mayoría social de este país. Y las primeras decisiones nos resultan esperanzadoras: hay que poner en su sitio al sector judicial reaccionario. Hay que activar el ala progresista que hay en la judicatura. No podemos permitir que los partidos reaccionarios utilicen al Consejo General del Poder Judicial, para su propio beneficio, como arma arrojadiza contra el nuevo gobierno. Ya hemos visto que la verdad judicial tiene sus interpretaciones y defiende unos intereses. Hay que volver a recuperar la confianza en el Poder Judicial. Pero eso no se conseguirá si no se eliminan determinados talibanes, al servicio del sector reaccionario, de sus órganos de referencia.

Una de las tareas más apremiantes para el nuevo gobierno es revertir en sentido contrario el proceso  de incremento de la desigualdad que se ha ido produciendo y se está acelerando en los últimos años. Un incremento de la desigualdad que ha tenido dos causas fundamentales: la crisis económica de 2007 ha dejada tirada a gran parte de la población. La forma legal de esta consolidación de la desigualdad y la precariedad ha estado y sigue estando en la llamada Ley de Reforma Laboral. Una ley que legitima formas de despido y de contratación que impiden la defensa de los intereses de los trabajadores. Una ley que ha conseguido bajar el salario medio de un sector muy amplio de población. Es el sector perdedor en términos de desigualdad. La evolución tecnológica contribuye a hacer estructural esa desigualdad.

Otra es la reforma del sistema fiscal. En los últimos años se han rebajado los impuestos a las rentas altas y a las empresas y no se han exigido unos mayores impuestos a los bancos, aunque sí pagamos su rescate. La reivindicación sobre el mantenimiento de las pensiones solo será alcanzada si se fusiona con la reforma del sistema impositivo. Las pensiones no se pueden mantener si una buena parte de ellas, en primer lugar las no contributivas, no se mantiene con cargo a impuestos. El Estado del Bienestar, que es una de las bases de la lucha contra la desigualdad, no se puede sostener si no se recaudan más impuestos. Impuestos que deben ser más progresivos y recaer sobre  las rentas altas y las altas concentraciones de patrimonio de distintos tipos. El nuevo gobierno tiene que hacer un esfuerzo adicional para promover nuevos impuestos europeos a las grandes empresas multinacionales, luchar contra el dumping fiscal y los paraísos fiscales. Eso solo es posible a escala como mínimo de la Unión Europea.

Junto a la recuperación de los derechos económicos y sociales perdidos en los últimos años el otro objetivo medular del Ejecutivo progresista ha de ser la recuperación de los derechos políticos, que permita un modelo de democracia más justa e igualitaria. Esta debe incluir un sistema participativo que abra cauces para una intervención efectiva y real de la sociedad civil en los asuntos públicos. Como aspecto central, el gobierno ha de hacer efectivos los derechos de la mujer y tomar las medidas necesarias contra la violencia machista y por la igualdad de la mujer en el trabajo.

Muchas tareas más quedan para el nuevo gobierno. Una de ellas es la lucha contra el cambio climático. Pero no solamente haciendo declaraciones testimoniales sobre la emergencia climática. El cambio climático no afecta a toda la humanidad de la misma manera. Hay ganadores y perdedores con el cambio climático. El cambio climático es un nuevo mecanismo de generación de desigualdad. Y los perdedores coinciden con los perdedores en términos de desigualdad, tanto si hablamos de personas como de espacios. El despoblamiento de la “España vacía” exige dar prioridad a una gestión adecuada del territorio. Abordar la problemática del cambio climático, además de todas las medidas conocidas, es abordar la reforma del sistema fiscal. Esto es necesario para recaudar recursos para las nuevas inversiones necesarias para paliar la desigualdad generada por el cambio climático. Las empresas productoras de mercancías que deterioran la Naturaleza deben pagar por ello, además de ser obligadas a reducir los efectos de su actividad que degradan el medio natural.

Otro reto central e ineludible para el gabinete recién constituido es abordar la crisis territorial, impulsando el diálogo y buscando vías para mejorar la convivencia en Cataluña y respetar la libertad y los derechos de los pueblos y nacionalidades.

El nuevo gobierno es una ilusión para un gran sector progresista. Una ilusión que apoyaremos para ir convirtiendo muchas de las reivindicaciones populares en realidades.

Para superar las presiones, resistencias y obstáculos a su política progresista, el Gobierno deberá contar con el apoyo de la mayoría social, y esta debe estar dispuesta a movilizarse en apoyo de las políticas progresistas cuantas veces sea preciso. Hoy es más necesario que nunca que los movimientos y organizaciones de la mayoría social sigan siendo protagonistas de luchas y movilizaciones, con un doble propósito: reforzar al Gobierno progresista frente a las fuerzas conservadoras, y a la vez exigirle que cumpla con su programa en beneficio de la mayoría social, tan castigada por la crisis y las políticas neoliberales anteriores.