Vientos de Cambio Justo

martes, 15 de mayo de 2018

Partidos del Cambio y su liderazgo político en las municipales


Manuel Armenta, Miguel Toro


14 de mayo de 2018

Hace ya una década que comenzó la crisis. Ahora, 2018, el crecimiento económico en España es positivo y por ello nos dicen que la crisis ya pasó. Pero el escenario al que hemos llegado no es similar al que había antes de la crisis. Han conseguido llevarnos a un nuevo escenario donde las ideas neoliberales han renacido con fuerza. Han conseguido llevarnos a un escenario con un desempleo muy alto, donde ha aumentado de forma alarmante el infratrabajo, la precariedad y la desigualdad. Cada día se pone en cuestión la viabilidad del Estado de Bienestar y la viabilidad de las pensiones por una parte y por otra se bajan los impuestos para las rentas altas y no se persigue adecuadamente el fraude fiscal.

Con la crisis, y las decisiones tomadas al comienzo de la misma, se evidenció una gran desconfianza de importantes sectores de la sociedad hacia los partidos que habían detentado el poder en la época democrática. La crisis también mostró una gran corrupción en las instituciones públicas con la colaboración fundamental de la estructura organizativa del partido en el gobierno. Se vieron cada vez más claras las políticas de clientelismo y amiguismo. Políticas que, al anteponer el interés de los partidos al de las mayorías que decían representar, hicieron que una gran parte de la sociedad no se sintiera representada.

La situación anterior dio lugar, durante el año 2013 y 2014, a un aluvión de iniciativas políticas que cristalizaron en algo que parecía imposible: la aparición de Podemos en las elecciones europeas de 2014 y la creación de Ciudadanos como un contrapeso de centro derecha. Se llamaron los partidos del cambio. De dos partidos se pasó a cuatro partidos con opciones. Ciudadanos rápidamente demostró su colaboración con el PP en el mantenimiento del statu quo. El PSOE ha mostrado una posición contradictoria: del no es no al gobierno del PP pasó a no pero sí. Muchas esperanzas se depositaron en Podemos por parte de los sectores progresistas que querían quitar al PP, y su red de corrupción, del gobierno.


Estamos en 2018. La corrupción que desgasta al PP es aprovechada por Ciudadanos para ir ocupando progresivamente su lugar. El PSOE sigue en un desgaste continuado. Podemos es una realidad, pero las decisiones políticas que ha tomado le han imposibilitado, por ahora, construir una alternativa para quitar al PP.  Esto ha generado una nueva ola de desilusión en amplios sectores progresistas. Por ello, los partidos que aspiren al cambio deben emprender transformaciones, en su estructura y en sus programas, que lo hagan posible.

La primera actividad del partido político que pretenda servir a los intereses de las mayorías ciudadanas debe estar centrada en los espacios naturales y los ámbitos en que se desenvuelve la vida social: trabajos, poblaciones y ámbitos de convivencia, educación, cultura, infraestructuras y un largo etc., implicando a su militancia activa en esos espacios, con el objetivo de comprenderlos, animarlos y fusionarse con ellos.

La otra debe estar centrada en conseguir la máxima representación en las Instituciones del Estado que hagan posible la defensa de las políticas y derechos de las mayorías sociales. Y el eje central de esta representación es que se fundan en las listas electorales, las personas militantes con los líderes de la sociedad organizada o no.

Aquí proponemos algunos cambios que consideramos necesarios.

1.    No duplicidad de cargos orgánicos y de representación política. La representación política, en parlamentos, ayuntamientos, etc., y la vida interna de un partido tienen dinámicas muy diferentes. Cada una tiene unas prioridades, unos tiempos y requiere dedicación a tiempo completo. Los mecanismos y los ámbitos de elección de ambas responsabilidades deben ser diferentes. Quien esté al frente del grupo parlamentario no puede ser el mismo que se encargue de mantener la estructura del partido.
2.    No profesionalización de ningún liderazgo en los órganos del partido o en la representación Institucional. La responsabilidad interna en la organización y en las Instituciones Públicas no puede ser coincidente, ni ejercida, en la suma de ambos espacios, por más de dos legislaturas o periodos electos. La profesionalización y acumulación de cargos ha sido una de las causas de la corrupción institucionalizada, el clientelismo y el amiguismo.
3.    La mitad de las listas electorales deben de estar formadas por personas externas al partido. Las nuevas organizaciones políticas han llevado a cabo importantes avances en honestidad, transparencia y de servicio a la ciudadanía. Pero, siguen vivas formas de actuar en la representación Institucional, que debido al funcionamiento interno de los partidos impiden el acercamiento más profundo entre los que protagonizan las reivindicaciones sociales, con sus representantes en las Instituciones. A los líderes sociales hay que proponerle estar en las listas para que defiendan las necesidades de los ciudadanos en los parlamentos. Además, hay que incluir en las listas profesionales con la capacidad técnica de estudiar y proponer alternativas viables. Profesionales que gocen de reconocimiento por parte de sus colegas de profesión.
4.    Las listas electorales deben formarse con Igualdad de Género.
5.    Los órganos de control y transparencia del partido deben tener una mayoría cualificada de personas no militantes e igualdad de género en su composición. Es la forma de no caer en justificaciones partidistas imposibles de explicar ante la sociedad.
6.    Se debe mantener un sistema participativo inclusivo de la sociedad en las Instituciones Públicas. Se debe incentivar la participación y el control de la ciudadanía en las decisiones públicas: enseñanza, sanidad, organización de la ciudad, etc. Los órganos representativos de la sociedad en las Instituciones deben ser dotados de competencias con capacidad de influir en las decisiones y no solamente de ser consultados.
7.    Los partidos del cambio deben dotarse de un Código Ético y Deontológico. Un código que comprometa pública y jurídicamente a los elegidos con sus votantes a que sus actuaciones y actos se corresponderán en todo momento con lo prometido y con las leyes vigentes, y en su defecto tendrían que abandonar el cargo o responsabilidad.
8.    Los programas electorales deben ser simples y de alcance básico. Propuestas y programas que incluyan reivindicaciones sociales que puedan ser visualizadas por amplias capas de la población. Programas electorales construidos por las personas que conformen las listas electorales y posteriormente sometidos a consultas ciudadanas. Desde este punto de vista, las organizaciones políticas de cada ámbito territorial solo necesitan asumir la responsabilidad de configurar las listas de militantes y personas ajenas al partido.
9.    La implantación de cualquier medida que afecte negativamente a las condiciones de vida básicas de la población debe ser consultada a la sociedad mediante referéndum, como debió hacerse con la modificación del artículo 135 de la Constitución.

Los Ayuntamientos son los entes territoriales de mayor cercanía, porque se vive en directo por el conjunto de la población en el día a día, y, en consecuencia, son los ámbitos territoriales donde se puede producir la más estrecha colaboración, participación y protagonismo de la ciudadanía, a través de las listas electorales que concurren para la formación de sus gobiernos.

Las Elecciones Municipales están cerca y la sociedad necesita Ayuntamientos del Cambio para avanzar en la conquista de derechos y condiciones de vida dignas, con otros Vientos de Democracia Justa.