Carlos Arenas
2 de junio de 2026
1) La humanidad corre un grave peligro de saltar por los aires. La agresión de un imperio en decadencia como Estados Unidos a Irán, siguiendo los planes expansionistas de Netanyahu, no ha concluido con un triunfo incontestable de los agresores. Todo lo contrario, Irán responde ojo por ojo a cada embestida de sus enemigos sin que Trump vea concluida una guerra que socava su prestigio al tiempo que la economía global. Antes que reconocer la derrota, Israel usará o requerirá el empleo de armas nucleares, lo que terminaría por verificar la profecía auto-cumplida del apocalipsis que reclaman tanto los sionistas como los fundamentalistas cristianos que rodean al presidente de los Estados Unidos.
2) Si no en Oriente Medio, con más probabilidad aún, el apocalipsis puede desencadenarse en Europa por el empeño belicista de los principales países de la UE, con el aplauso de Polonia y de las repúblicas bálticas, en declarar la guerra a Rusia; de momento, teniendo a Ucrania como cebo, pero más tarde de forma directa, que para eso se están transformando las líneas de montaje de automóviles en líneas de montaje de tanques y drones. La propaganda anti-rusa y de la supuesta necesidad de consolidar una OTAN europea sin Estados Unidos, vienen a avalar las tesis militaristas de Rutte, Merz y Macron que no son otras que las tesis de los fabricantes de armas. Nos podemos ir despidiendo de la Europa bonachona que regula y distribuye. La guerra acaparará todo el gasto, mientras el peligro de la utilización de armas nucleares por uno u otro bando está vigente.
3) La situación internacional tiene directas repercusiones en España. Se asiste a un golpe de Estado para derribar un gobierno que ha tenido la osadía de liderar la denuncia del genocidio en Gaza, que se ha negado a secundar a USA en la guerra de Irán y que, ha insinuado, políticas geoestratégicas favorables a una gobernanza global multilateral y de acercamiento a China. Nada de lo que le está ocurriendo a Sánchez y al PSOE es casual; este gobierno es un mal ejemplo que debe ser abortado en la raíz. La derecha española, siempre a trasmano de la democracia, ha elegido el trumpismo como su opción; no sólo por convicción estratégica sino, sobre todo, porque le ofrece un marco cultural donde la desfachatez, la impunidad y el desprecio al interés colectivo son mecanismos de acumulación de riquezas.
4) Esa opción patológica del trumpismo no es sólo propiedad de una minoría; participa de la misma una amplia capa de la población, gente desclasada y pequeñoburguesa que asume tales postulados porque le sale más barato. Lo hemos visto en las pasadas elecciones andaluzas donde el PP ha barrido sin oposición. No se entiende ese triunfo sin tener en cuenta la influencia de las políticas mesocráticas que inició el PSOE en los años ochenta con las sucesivas “modernizaciones” y que culmina y amplifica el PP de forma desvergonzada. Una consecuencia de tal mesocracia es que no sonroje que la comunidad andaluza tenga el dudoso honor de ocupar el último lugar entre las variables que definen el bienestar y el primero en los que definen la mala calidad de vida para casi la mitad de la población. La cargante sonrisa de Moreno Bonilla gana elecciones porque representa la imagen hegemónica de la cultura “cuatro botones” a la que le da exactamente igual subdesarrollos y desigualdades.
5) En suma, vivimos una situación muy delicada que necesita instrumentos políticos, ideológicos y culturales de nuevo cuño en los que pacifismo, igualdad de oportunidades, democracia directa y cultura de clase sean algunos de los elementos motores.