martes, 9 de junio de 2026

25 años de Europa Laica

 

Miguel Campillo Ortiz

9 de junio de 2026

 Coincidiendo con los 25 años de su existencia, la asociación Europa Laica ha celebrado en Almagro (Ciudad Real), los días 17 a 19 de abril, su II Congreso. Veinticinco años de intenso trabajo de unos cientos de personas en favor de una democracia real. Tras el mismo, Europa Laica ha lanzado un manifiesto y recogida de firmas (www.laicismo.org ya se han recogido más de 45000) por la derogación de los Acuerdos con la Santa Sede de 1976 y 1979. Sesenta organizaciones, entre las que han querido sumarse STES; Coordinadora Recuperando; DMD (Derecho a morir Dignamente); Fundació Ferrer i Guàrdia; AILP (Asociación internacional de Libre Pensamiento); Red Laicista Europea; Redes Cristianas; Podemos Andalucía; Izquierda Unida; APDHA (Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía) o Plataforma Andalucía Viva, entre otras, apoyan el manifiesto. También lo suscriben más de 140 personalidades de la sociedad civil entre las que se encuentran Javier Sádaba, filósofo y escritor; Henri Peña-Ruiz, catedrático de la Escuela de Altos Estudios Políticos de París; Nieves Concostrina, escritora y periodista; Benito Zambrano, Antonio Gonzalo, Mau Cardoso y José Luis Tirado, directores de cine; Isidoro Moreno Navarro, catedrático emérito de antropología; Nazanin Armanian, escritora, politóloga, traductora; Juan Pinilla y Manuel Gerena, cantaores; Javier Ruibal y Alfonso del Valle, cantautores; Gerardo Pisarello, diputado; Odon Elorza, exalcalde de San Sebastián y exdiputado; José A. Bosch Valero, abogado, asesor jurídico de la Asociación de Clínicas Acreditadas para la Interrupción del embarazo (ACAI); Javier Pérez Royo, catedrático emérito de Derecho Constitucional; Enrique Santiago Romero, diputado de Izquierda Unida y secretario general del PCE; Antonio Maíllo, coordinador federal de Izquierda Unida; Cristina Fallarás, periodista y escritora; Lidia Falcón, escritora; Javier Aroca Alonso, licenciado en Derecho, antropólogo y periodista; Juan José Tamayo, teólogo, secretario de la asociación de teología Juan XXIII; Julio Rodriguez, ex-JEMAD; Leo Bassi, actor cómico internacional o Darío Adanti, director de la Revista Mongolia, entre otras. Hay que recordar que estos Acuerdos con la Santa Sede son la actualización del concordato franquista de 1953 y su repercusión en la enseñanza, en la sanidad, en lo fiscal, en diversos ámbitos es evidente.

Además, la herencia del nacionalcatolicismo franquista está presente. Sólo unos ejemplos: en el artículo 525 del Código Penal, que penaliza la ofensa a los sentimientos religiosos, limitando el derecho constitucional de la libertad de expresión; o la concesión de indultos con motivo de la festividad religiosa de la Semana Santa por parte del gobierno “progresista” (PSOE+Sumar). Estas medidas de gracia, supeditadas a la intervención de cofradías católicas, supone una quiebra flagrante de los principios constitucionales de aconfesionalidad del Estado (Art. 16.3 CE) y de igualdad de todos los ciudadanos ante la ley (Art. 14 CE). Recientemente hemos conocido el anuncio del Servicio Andaluz de Salud (SAS) y la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía, mediante el cual se oficializa el patronazgo de la Virgen del Socorro sobre los servicios de urgencias y emergencias sanitarias (061) en la provincia de Sevilla. Otro despropósito.

Y qué decir del expolio al patrimonio histórico-artístico nacional de raíz religiosa que han supuesto las inmatriculaciones obispales. Veinte años después de destaparse este escándalo, es inaceptable que el Congreso de los Diputados, los ayuntamientos y la ciudadanía sigan sin conocer con detalle cuántos y cuáles son los bienes inmatriculados por la Iglesia católica mediante un inválido “certificado diocesano”. Y hay que recordar, además, que NADA se sabe aún de los bienes inmatriculados entre 1946 y 1998. Un Gobierno que mantiene la opacidad, dilata la entrega del expediente y desplaza la responsabilidad a terceros se convierte en cómplice necesario del posible expolio.

Parece ser que el 8 de junio el papa dará un discurso-sermón como jefe del Estado (Vaticano) de la Santa Sede, el instrumento diplomático de la Iglesia católica para ejercer influencia internacional que Mussolini concedió a través de los Pactos de Letrán firmados el 11 de febrero de 1929. Más allá de las plausibles diferencias del papa con Donald Trump, ese Estado es una teocracia absolutista que transgrede derechos fundamentales, especialmente de mujeres, personas LGTBI+ y la infancia.

Estamos ante otras elecciones, las andaluzas, en las que ningún partido asume con nitidez la necesidad de avanzar hacia un Estado laico, un Estado auténticamente democrático. El cántico vejatorio “musulmán el que no bote” en Barcelona en el partido de fútbol España-Egipto ha sido calificado como racista por los medios de comunicación y los políticos entrevistados, como si no hubiera musulmanes catalanes, madrileños, rubios, pelirrojos, etc.

Aunque relevantes dirigentes políticos, incluso formaciones como IU y Podemos han suscrito el manifiesto por la derogación de los Acuerdos concordatarios, muchos de sus correligionarios alcaldes, concejales y demás cargos públicos vulneran frecuentemente la laicidad de las instituciones que representan. Se ve que sus tacticistas cálculos electorales les llevan a esa incoherencia, obviando a las personas laicistas que vienen votando en blanco o engrosando la bolsa de la abstención al no verse representadas. Y en tiempos de auge de fanatismos religiosos y neofascismo...