martes, 17 de febrero de 2026

¿QUÉ AUTORIDAD DEL PROFESORADO?

 

Carmen Yuste Aguilar

17 de febrero de 2026

 

A mediados de diciembre, se publicó el decreto andaluz de “reconocimiento de autoridad del profesorado”. Es el último de una larga lista de decretos autonómicos que se sustentan en dos principios jurídicos reservados, hasta no hace demasiado tiempo, al ámbito del aparato coercitivo del Estado: la consideración de “autoridad pública” del profesorado y, ligado a la misma, la presunción de veracidad del testimonio docente en los procedimientos sancionadores o “medidas correctoras”, según la denominación utilizada en la normativa educativa.

El Decreto no es más que el desarrollo de una ley de contenido similar aprobada por el Parlamento de Andalucía en 2021. En los últimos años, la práctica totalidad de los territorios del Estado han ido aprobando normativas muy parecidas, siguiendo la estela iniciada por la Comunidad de Madrid en 2010. Y aunque la mayoría de los gobiernos que han impulsado estos textos sean de derechas, dado el actual reparto de poder autonómico, allí donde gobierna el PSOE, empezando por el poder central y en casos como el asturiano, la tendencia normativa es la misma. Todas las comunidades se limitan a recoger la formulación textual de unos fundamentos que ya aparecían en la LOE, en la derogada LOMCE y se mantienen en la actual LOMLOE.

Lo cierto es que el profesorado ya tenía reconocida su condición de autoridad pública desde 2006 y sin embargo, no hay día en el que no salte al debate público un artículo periodístico, una declaración política o el relato en redes de un maestro o una profesora lamentando y denunciando la pérdida progresiva de autoridad docente. Caben diferentes explicaciones, como que la simple invocación de un principio no baste para que se materialice o que el principio formulado no sirva para los propósitos que se le suponen. Y pudiera ser también que se esté confundiendo autoridad con otros conceptos “nostálgicos” y modelos de escuela propios de tiempos pasados e incómodos de defender sin eufemismos.

En todo caso, una parte no pequeña del profesorado y la práctica totalidad de organizaciones sindicales y profesionales han recibido el Decreto no ya sin críticas, sino muy positivamente; es más, hay quienes sostienen que su eficacia está supeditada a la intensificación de la disciplina y el endurecimiento de las sanciones, que la convivencia en los centros educativos solo puede regularse desde el punitivismo y una férrea jerarquía.

Estos planteamientos ideológicos nos alejan cada vez más del paradigma de escuela libre, democrática e igualitaria, pero ¿es posible este modelo? El papel que juega la escuela en la actualidad, la “brutalización” de la realidad, el cuestionamiento de los valores universales y de la verdad misma, nos lo ponen muy difícil.

Hasta hace unos años, la educación formal se entendía como un mecanismo de progreso social; se ha usado mucho el símil del “ascensor” y últimamente el de su avería. Lo cierto es que, en estos momentos, haber superado la educación obligatoria e incluso tener titulaciones de Formación Profesional o universitarias no garantiza acceder a un puesto de trabajo acorde con ellas ni a unas condiciones laborales y vitales dignas: ahí están las estadísticas sobre personas trabajadoras que viven por debajo del umbral de la pobreza o la realidad de la dificultad del acceso a la vivienda para la mayoría. Y así, otro de los tópicos que suelen repetirse es el de que las generaciones jóvenes serán las primeras en vivir peor que las anteriores.

No es este el espacio para rebatir esta última afirmación, pero si no hay un fondo de verdad en ella, así al menos lo percibe nuestro alumnado que la sintetiza en frases del tipo: “¿para qué voy a estudiar?”, a la que contestamos con respuestas parecidas a “porque para vivir en el mundo hay que saber ciertas cosas”. Y es verdad, el saber no solo tiene como objetivo la capacitación profesional, sino que es necesario en la formación personal, para desarrollar pensamiento propio y espíritu crítico, por el placer de conocer el mundo y cómo funciona… Pero dedicar toda la infancia y la juventud a la formación académica con la perspectiva de un futuro que se intuye precario y miserable debe ser muy frustrante. El escaso interés, la falta de colaboración y de dedicación que observa un amplio sector del profesorado en sus alumnas y alumnos no puede estar ajeno a la situación descrita.

No cabe duda de que en las aulas encontramos un alumnado afortunadamente cada vez más diverso que incluye a quienes están frustrados y poco motivados, pero también a chicas y chicos con mucho interés y altas expectativas, junto a quienes tienen dificultades derivadas de situaciones personales, familiares y sociales de todo tipo. El profesorado siente que está desbordado, sin los recursos y herramientas que necesitaría para atender esta diversidad y para atajar los problemas que genera su convivencia en los centros educativos.

Es en este contexto en el que se enmarca el debate sobre la autoridad docente, que no es nuevo en absoluto. A lo largo del tiempo, se han puesto sobre la mesa y debatido profusamente los distintos tipos de autoridad que se ejercen en el contexto educativo, contraponiendo principalmente la coercitiva frente a la moral y a la epistemológica. En los últimos tiempos, quizás la más deteriorada sea la autoridad epistemológica o del conocimiento, debido a la inmediatez del acceso a la información a través de internet, el surgimiento de figuras de gran impacto en las redes sociales, casi nunca avaladas por un verdadero conocimiento de los temas que tratan y la enorme influencia de lo que el economista Varoufakis llama “señores tecnofeudales”, una oligarquía con control absoluto sobre la información y, por tanto, sobre el discurso hegemónico. Este es el caldo de cultivo para la posverdad, la “verdad líquida” en la que se disuelven el método científico, los valores universales y la memoria colectiva.

El desgaste de la autoridad del conocimiento pudiera hacernos creer que ya solo queda recurrir a la autoridad coercitiva impuesta por decreto y es fácil que esta idea se extienda en el contexto actual. Desde hace ya más de dos años, presenciamos un genocidio televisado en Palestina, bajo el pretexto del derecho a la defensa (¡!). Observamos diariamente cómo las relaciones internacionales parecen regirse por la ley del más fuerte que impone los caprichos de una oligarquía que está moldeando un presente y un futuro individualista y profundamente injusto. La política en todas partes, también en nuestro entorno más cercano, en Andalucía y en el resto del Estado, se mueve entre el insulto, la descalificación más zafia y los llamamientos más o menos velados al golpismo y al autoritarismo. Más allá de los muros de colegios e institutos, la lección que aprenden nuestras alumnas y alumnos e interiorizamos como sociedad es que se han roto los grandes consensos establecidos tras los horrores del siglo XX, se impone la intimidación y ya no tienen que guardarse ni las formas.

En este panorama, se entiende que se cuestione, menosprecie e incluso se haga mofa, lamentablemente también en el seno de la profesión docente, de lo que hemos llamado “educación en valores”. La educación inclusiva, la educación para una ciudadanía crítica y democrática, contra el racismo y la xenofobia, para el desarrollo de la conciencia ecológica, la coeducación y la educación para la igualdad entre mujeres y hombres, la integración de la diversidad afectivo-sexual y de género,... son calificadas de “adoctrinamiento” por los mismos sectores que claman por el reconocimiento de la autoridad (coercitiva) del profesorado. No lograron imponer el “veto parental”, pero se resisten a facilitar y promover la educación en valores, activando mecanismos que provocan la autocensura del profesorado.

Es cierto, no sirve de nada negarlo, que en los centros educativos observamos un aumento alarmante de discursos racistas, machistas, negacionistas y filofascistas entre el alumnado. Frente a ello, podemos pensar nuestra labor y práctica docente desde la educación antirracista, feminista y de defensa de los valores universales o podemos esperar a que estos discursos se materialicen en problemas de convivencia y hacer valer entonces nuestra consideración de autoridad pública para sancionarlos, cuando el daño ya está hecho. Los gobiernos están apostando por lo segundo, porque esa es la deriva ideológica hegemónica y porque, a corto plazo, parece más fácil y barato castigar que educar. A la larga no lo es.

La escuela, por sí sola, no puede cambiar la realidad y no podemos pretender que se convierta en una burbuja aislada del mundo que la rodea. Sí podemos y debemos ensayar otras formas de gestionar lo colectivo, reivindicar la autoridad moral del profesorado, basada en el respeto mutuo y la empatía, e impulsar cambios en las relaciones de poder para democratizar una escuela que contribuya a construir un futuro más libre, más justo y más igualitario.

 

martes, 10 de febrero de 2026

LA QUE SE AVECINA. (Alfa y Omega)


 Sebastián Martín Recio

10 de febrero de 2026

 

1.- Una noticia del "mundo global"

"La expiración del nuevo tratado START deja sin límites legales al arsenal nuclear estratégico de Estados Unidos y Rusia...". Así lo anuncia Naciones Unidas advirtiendo que "con el fin del Tratado el mundo se ha quedado sin los controles mutuos y vinculantes que ayudaban a prevenir ataques y errores de cálculo con unas armas que pueden destruir el mundo. Estados Unidos y Rusia acaparan el 90 % de las armas atómicas del planeta"

¿Piensan ustedes que esto es el inicio de una escalada armamentística bajo el "señuelo terrorífico" de una posible guerra nuclear? Resulta paradójico que, sabiendo todo el mundo que con el armamento nuclear existente habría para destruir el planeta varias veces, la finalidad pueda consistir exclusivamente en un incremento del gasto militar de esas dimensiones...

martes, 3 de febrero de 2026

ABORTO: DERECHO UNIVERSAL, PERO NO PARA TODAS

 

José Antonio Bosch. Abogado.

3 de febrero de 2026

 

Hace escasas semanas, desde los servicios sociales de atención primaria de una Comunidad Autónoma remitían a una clínica de interrupción de embarazo a una mujer extranjera de 26 años, con varios años de estancia continuada en España, que, junto con sus cuatro hijos, conformaban una familia monoparental. En el informe de derivación se señalaba que vivía en un piso de alquiler, con mensualidades pendientes de abono, y que su situación administrativa era irregular”, es decir, “sin papeles”, lo que limitaba su acceso a un trabajo de calidad, abocándola a una situación económica absolutamente precaria.

Hasta aquí, desgraciadamente, nada novedoso. Sin embargo, lo que sí me llamó la atención es que en el informe, después de reseñar que debía “de ejercer su decisión y derecho evitando un daño psicológico, social y físico, obligándola a seguir con un embarazo no deseado y afrontar una maternidad”, se señalaba que, dada su situación de irregular”, no tenía derecho a la prestación del aborto, por lo que se solicitaba a la clínica que le practicasen, de manera gratuita, la interrupción voluntaria del embarazo dada su situación de vulnerabilidad extrema y precariedad económica”.

martes, 27 de enero de 2026

EL DEPORTE NO PUEDE SER NEUTRAL ANTE EL GENOCIDIO

 

Rosario Granado

27 de enero de 2026

 

Aida es un campo de refugiados palestinos cerca de Belén, al sur de Cisjordania. Fue fundado en 1950 por la Agencia de Naciones Unidas para los refugiados palestinos (la UNRWA, por sus siglas en inglés) para alojar a la población autóctona expulsada de sus viviendas por los israelíes. Desde hace tiempo cuenta con una cancha deportiva que utilizan habitualmente niños y adolescentes de entre 6 y 19 años, el equipo de fútbol del campo de refugiados de  Aida y también varias agrupaciones femeninas. Allí juegan a diario al fútbol animados por algunos espectadores sentados en banquitos de madera. Todos ellos rodeados por un muro de hormigón con torres de vigilancia donde se apostan cientos de soldados israelíes fuertemente armados.

Hace dos meses, el pasado mes de noviembre, soldados israelíes comunicaron su inminente desmantelamiento. La presión de numerosas organizaciones deportivas internacionales, especialmente la UEFA y la FIFA, con sus presidentes respectivos Aleksander Čeferin y Gianni Infantino, han conseguido de momento parar su demolición, pero la amenaza se mantiene. En cualquier momento pueden entrar los soldados y las excavadoras para destruirlo.

Desde mucho antes que el régimen genocida arrasara Gaza, el fútbol era en toda Palestina mucho más que un pasatiempo. Era y es un salvavidas para miles de jóvenes a quienes brinda un consuelo en medio del asedio impuesto por la ocupación, alivia la ansiedad y supone un paréntesis en el horror y el dolor generado por los bombardeos periódicos, las detenciones y los asesinatos selectivos. Israel sabe que el deporte funciona como un refugio psicológico, que el trabajo en equipo facilita las relaciones sociales y la formación personal de los jóvenes, y supone por tanto una forma de resistencia frente a la deshumanización de la ocupación. Y es por esto por lo que utiliza la destrucción de las instalaciones deportivas y el asesinato de los deportistas como un arma más de su política genocida, como hace con el hambre y la tortura psicológica.

Desde octubre de 2023 el Centro de Información de Palestina ha documentado la destrucción de doscientas setenta y tres instalaciones deportivas como gimnasios, estadios y clubes de fútbol. Y ha documentado más de mil deportistas asesinados o mutilados (entre los cuales 467 futbolistas) de la misma manera que han sido asesinados selectivamente médicos y sanitarios, periodistas y profesores, intelectuales y artistas.

Los deportistas han sido desde un principio objetivo militar preferente. El caso de Suleiman Al-Obeid, nacido en Gaza, exjugador de la selección nacional de Palestina, conocido como el 'Pelé palestino', ídolo de muchos niños a los que infundía esperanza, asesinado en agosto pasado en una «cola del hambre» por un francotirador es un ejemplo palpable.

En una rueda de prensa, celebrada en Ginebra a mediados del año pasado, representantes de la Asociación Palestina de Fútbol denunciaban que mientras la totalidad de las infraestructuras deportivas palestinas estaban reducidas a escombros y centenares de atletas habían sido asesinados, los atletas israelíes, futbolistas y directivos del deporte de ese país incitaban públicamente al genocidio. Y pedían que al igual que el boicot internacional a Sudáfrica jugó un papel crucial para poner fin al régimen de apartheid y desmantelar el racismo sistémico imperante en aquella nación se hiciera lo mismo con el régimen genocida israelí.

«El deporte palestino pide aislar y sancionar a Israel. Porque si Israel por una parte persigue al deporte palestino y le impide su desarrollo, por otra parte utiliza el deporte propio y las competiciones internacionales como una pantalla para un lavado de imagen que intenta ocultar sus crímenes. Con el agravante que muchos de los deportistas israelíes son soldados que han colaborado y que colaboran con el Genocidio en Gaza». 

Los representantes del deporte palestino, hacían un llamamiento a todas las organizaciones y personas solidarias para aislar a Israel en las competiciones internacionales. "La historia nos ha enseñado que los deportes pueden ser un catalizador del cambio, como en Sudáfrica durante el apartheid. (...) Usemos el mismo poder colectivo para apoyar a los palestinos", decía el presidente de la Asociación Palestina de Fútbol, Jibril Rajoub.

Ante la ausencia de medidas concretas contra Israel, y la aceptación servil de los gobiernos europeos del llamado «plan de paz» que le da carta blanca al régimen genocida para exterminar a la población autóctona de Palestina con total impunidad, son cada vez más las personas que participan en las campañas y actos de boicot a Israel. Y concretamente en el boicot a su participación en competiciones deportivas.

Los pueblos van por delante de la política. Lo hemos visto en muchos países y en concreto en España, por ejemplo, en las acciones que provocaron la suspensión de la etapa final de la Vuelta Ciclista. Miles de personas salieron al encuentro de los corredores con banderas palestinas para mostrar su rechazo al equipo Israel-Premier Tech a lo largo de prácticamente todo el recorrido. Y otras muestras de solidaridad recientes fueron los partidos jugados en Euskadi y Cataluña con la selección palestina.

En los últimos meses, las movilizaciones no violentas en distintas ciudades españolas han evidenciado un rechazo social creciente tanto a la presencia de equipos israelíes como al uso del deporte y los grandes eventos como herramientas de normalización de la violencia colonial y genocida.

Pero este rechazo social contrasta con el trato de normalidad institucional que Israel continúa recibiendo.

No es el primer genocidio de la historia, pero sí el más brutal y abyecto que se haya conocido. Hay quienes lo comparan con el genocidio de los indios de Norteamérica que siguió a la batalla de Little Bighorn en 1876 donde murieron el general Custer y dos centenares de soldados que se enfrentaron a los indios bravos de Toro Sentado. Percibida como una derrota humillante, los blancos condenaron a toda la población indígena a morir, o refugiarse en campos de concentración a cielo abierto, llamados más tarde «reservas indias», bajo el control despiadado de los ocupantes de sus tierras y diezmados por las enfermedades y la falta de medios de subsistencia.

No, no es comparable. Todos los anteriores genocidios se desarrollaron entre la pusilanimidad, el desprecio y la indiferencia de las potencias europeas que no hicieron nada para impedir los crímenes de genocidio. La diferencia está en que el genocidio palestino es posible con el apoyo declarado y confeso, verbal, económico y militar, de las potencias occidentales. La diferencia está en que todos los países europeos somos culpables por acción y por omisión, y por ayuda militar y por aporte de mercenarios, y por intentar blanquear la imagen del régimen genocida.

Los dirigentes estadounidenses celebran estos crímenes con payasadas y bromas y con armas y con dinero, con muchísimo dinero. Y los países europeos, como el nuestro sin ir más lejos, naciones «soberanas e intervenidas» que diría el historiador Joan Garcés, aplauden y se aprestan a entrar en una economía de guerra para secundar los planes neocoloniales de los EEUU.

Lo que estamos presenciando rompe para siempre el mito de que nosotros, o cualquier otra nación occidental, respetamos el Estado de derecho o somos los protectores de los derechos humanos, la democracia y los llamados valores de la civilización occidental. La barbarie de Israel es nuestra barbarie. Puede que nos cueste verlo así, pero, desde luego, el resto del mundo lo sabe desde hace ya mucho tiempo.

Pero a pesar de todo Palestina, las palestinas, y los palestinos resisten entre los escombros, la hambruna y los bombardeos dando un ejemplo de heroísmo que asombra al mundo y a la historia. Solos, indefensos, ante la barbarie y la indiferencia, y ante el racismo expreso del mundo occidental, resisten.

Quizás no podremos cambiar los acontecimientos terribles que estamos presenciando, pero no podemos cruzarnos de brazos. Las generaciones futuras no nos lo perdonarían. Con sus engañosos «plan de paz» y «alto el fuego» y la aparente unanimidad institucional. Con sus partidos de baloncesto y de fútbol por toda Europa. El boicot rompe esta apariencia de normalidad y deja al descubierto su aspecto verdadero. Y el boicot deportivo por sus características de masa es el más efectivo. No permitamos que se arropen con eventos deportivos. El deporte no puede ser neutral ante el genocidio.

No podemos dejar solos a los palestinos. Tenemos la obligación de acompañarlos hasta el final, tenemos que apoyar su heroica lucha por la supervivencia. Bastará que sobrevivan unos cuantos para que se salve la cultura palestina y puedan reconstruir su nación. Como sucedió tantas veces a lo largo de su historia milenaria, su supervivencia será su victoria. Y cuando ellos celebren su victoria nosotros lo podremos celebrar con ellos con la cabeza bien alta.

martes, 20 de enero de 2026

VIVIENDA: UN DERECHO RURAL

 


Francisco Casero Rodríguez

20 de enero de 2026

 

En la reunión del Patronato de Fundación Savia que celebramos el pasado 29 de noviembre en Zamoranos, pedanía de Priego de Córdoba, abordamos la problemática de la vivienda en el mundo rural, con la ponencia de Manuel Ángel González Fustegueras, arquitecto y urbanista, sobre LA VIVIENDA COMO DESAFÍO TERRITORIAL: Habitar el futuro desde lo Rural. Lo cual suscitó un amplio debate que hemos concretado en un Manifiesto por la Vivienda Rural, que comparto como herramienta de reflexión para un nuevo equilibrio entre territorio, vivienda y comunidad…

La Fundación Savia, como entidad comprometida con la defensa del territorio, la equidad social y la dignidad de la vida en los pueblos, eleva este Manifiesto por la Vivienda Rural como una llamada urgente a reconocer que el derecho a una vivienda digna es también —y especialmente— un derecho rural.

martes, 13 de enero de 2026

¿LA IA DEBE SUSTITUIR O COMPLEMENTAR A LOS TRABAJADORES?

 


Miguel Toro

13 de enero de 2026

Este artículo fue publicado originalmente el 1 de enero de 2026 en elDiario.es

 

En las últimas semanas se publica en los periódicos que Amazon recortará miles de puestos de trabajo (una parte de ellos en España). Este anuncio se unió a una lista creciente de empresas de Estados Unidos que han señalado a la tecnología de la Inteligencia Artificial (IA), como una de las razones detrás de sus planes de despidos. Chegg, una empresa de educación en línea, citó las "nuevas realidades" de la IA al anunciar una reducción del 45 % de su fuerza laboral. Salesforce recortó 4.000 puestos de servicio al cliente hace poco, su director ejecutivo dijo que los agentes de IA estaban haciendo el trabajo. UPS ha recortado 48.000 puestos de trabajo desde el año pasado, un recorte que el director ejecutivo de la empresa de paquetería ha atribuido en parte al aprendizaje automático. Meta, la matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp, también forma parte de esta oleada con 4.320 despidos anunciados, justificando los recortes por la automatización y la integración de sistemas más avanzados de inteligencia artificial en sus operaciones. Otras empresas tecnológicas importantes como TCS (India) con 12.000 despidos, Accenture con 11.000, y Panasonic con 10.000 completan un panorama de profunda transformación en el sector.

En España el expediente de regulación de empleo (ERE) de Telefónica afectará finalmente a 6.088 personas de las siete sociedades que se verán afectadas por el ajuste en España. Si se aplicara el ERE con esta propuesta inicial, el número total de empleados en las siete sociedades descendería de 17.348 a 11.260 trabajadores, es decir, un 35 % del total. Los bancos han despedido en total a cerca de 30.000 trabajadores a través de estos expedientes en 10 años. El mayor ERE en España desde mediados de la década pasada lo ostenta CaixaBank. A los despidos en banca y telecos se suma un goteo de otros sectores. Uno de los mayores empleadores de España, El Corte Inglés, realizó su primer ERE con 3.300 afectados. 

viernes, 9 de enero de 2026

IMPOSIBLE EL ALEMÁN

 

Carlos Arenas

9 de enero de 2026

 

Julio de 1936; después de años de la gimnasia contra-democrática que se había iniciado cinco antes, el mismo día en que se proclamó la II República, el fascismo español ya había acumulado la suficiente propaganda como para convencer a los mercenarios de turno de que había que hacer lo que se había anticipado: dar un golpe de Estado que no dejara piedra sobre piedra del edificio republicano, del edificio de una nación titulada República de trabajadores de todas las clases; es decir, de una nación que contradijera el itinerario de un país secularmente usurpado política, social y económica por unos pocos centenares de familias con la inestimable ayuda clérigos y milicos.

No dejar piedra sobre piedra, ya lo dijo el general Mola, significaba liquidar físicamente a todo aquel que dudara del derecho de los señores a seguir parasitando el Estado; en Andalucía el sátrapa Queipo de Llano cumplió al pie de la letra la consigna con la estrecha colaboración de una burguesía acostumbrada a ser tratada con reverencias, ahora rebajada al trato con los iguales, a tolerar una reglamentación laboral y a soportar la rotura del nexo patrimonial con el alcalde, el cura y el cuartelillo. Había llegado la hora del exterminio y el señorito llamó a los suyos: a aperadores, gañanes, jornaleros, colonos, lumpen-proletarios a los que siempre había considerado suyos, a los más sumisos, a los que en la plaza del pueblo eran elegidos a la hora de las peonadas.