martes, 14 de julio de 2026

La oligarquización de las sociedades

 





Juan Manuel Valencia Rodríguez

14 de julio de 2026

Asistimos en la actualidad a una aparente contradicción: la oligarquización de unas sociedades que se pretenden y declaran democráticas.

A lo largo de la Historia humana el poder ha estado casi siempre en manos de minorías que lo han utilizado en su propio beneficio, pero la generalización de las sociedades democráticas parecía abrir la posibilidad de romper esa dinámica.

Tal día como hoy de 1789 una milicia popular protagonizó el famoso asalto a la Bastilla, la Prisión Real odiada por el pueblo porque simbolizaba la arbitrariedad y el despotismo de la Monarquía Absoluta. El hecho iba a suponer el inicio de la Revolución Francesa, y marca una fecha germinal en la historia del republicanismo laico y de las libertades ciudadanas. Lo que allí se mostró, en un espectáculo impresionante y sobrecogedor, fue la fuerza del pueblo, el poder del pueblo como se ve en pocas ocasiones. En ninguna revolución anterior fue tan evidente, tan efectivo, tan decisivo ese poder popular.

Ya nada iba a ser lo mismo: frente a la monarquía absoluta y teocrática se hizo la revolución de la nación, la soberanía de los ciudadanos sustituyó a la de los reyes, se forjó la idea de un Estado que debía representar a todas las personas, desaparecieron casi todos los privilegios de unos pocos, la nación se regía por leyes aprobadas por sus propios representantes.

Tras el Estado liberal surgido de aquellas revoluciones, que aún restringía el ejercicio de los derechos a una minoría, el empuje del pueblo trabajador fue imponiendo, en unos países antes que, en otros, la democracia, que extendía las libertades y derechos al conjunto de la ciudadanía.

Sin embargo, en las últimas décadas se multiplican las evidencias de un retorno al dominio oligárquico del poder efectivo, más allá de la apariencia formal de nuestras democracias, notoriamente degradadas. Las decisiones claves se toman en círculos cada vez más opacos y restringidos.

A escala mundial observamos en los últimos tiempos una novedad: los oligarcas salen de sus escondrijos; ya no son el habitual poder en la sombra que deja la gestión de sus intereses en manos de políticos a su servicio. Ahora irrumpen, cada vez con más frecuencia, en el primer plano de la escena y asumen directamente los hilos del poder multimillonarios como Silvio Berlusconi, pionero en esta tendencia, Trump y su secuaz Elon Musk, Michael Bloomberg, los presidentes chilenos Sebastián Piñera, ya fallecido, y el actual, José Antonio Kast Rist…

La relación entre la riqueza y el poder político ha cambiado, en especial en Estados Unidos, aunque se mantengan también los antiguos sistemas de intervención indirecta de los oligarcas en la política, que hoy se conducen sobre todo por dos vías: el dominio casi absoluto de los medios de comunicación social, tanto los tradicionales (TV, radio, prensa) como los nuevos (redes sociales); y la financiación masiva de las campañas electorales de sus candidatos predilectos, todo un flujo de capital de las grandes fortunas hacia el sistema político que pervierte de manera evidente los principios democráticos de igualdad (vemos al multimillonario inmobiliario y petrolero John Catsimatidis y los magnates de Sillicon Valley financiando a Trump, Peter Thiel ligado a la Argentina de Milei, Marcelo Claure en Bolivia…).

Lo que subyace bajo esa oligarquización de los poderes y de las sociedades es sin duda la concentración extrema de la riqueza en manos de una minoría muy reducida. Ya sabemos que la acumulación progresiva del capital es la naturaleza propia del sistema capitalista, pero hoy ha llegado a unas proporciones extraordinarias y brutales, como mostraba el último informe de Oxfam: el 1 % más rico de la población mundial acumula el 63 % de la riqueza producida desde 2020. En España, 33 personas, milmillonarios, acumulan una riqueza conjunta igual a la que poseen 18,7 millones de españoles, el 39 % de toda la población.  

La concentración masiva de la riqueza ha acabado con la libre competencia de la teoría capitalista clásica y la ha reemplazado por oligopolios que controlan los mercados en beneficio propio, sin remilgos a la hora de destruir poblaciones o las bases de la vida en el planeta.

El capitalismo actual ha destruido el mito de que el sistema produce un progreso para todos, para beneficiar sólo al capital, como ya advirtió Marx como destino final de la expansión y acumulación capitalista. El modelo neoliberal instituye la precariedad laboral que genera el miedo permanente, el desempleo estructural, el declive de las clases medias. La aceptación de esa realidad neoliberal por la socialdemocracia europea está desmantelando parcialmente el Estado del Bienestar y provoca un desencanto social generalizado, que abre camino al populismo y la barbarie de extrema derecha en esta ola reaccionaria mundial. Y lo que es peor, buena parte de la población ha interiorizado esos designios neoliberales como una realidad imposible de cambiar; así, el neoliberalismo, ayudado de sus poderosos medios de comunicación, ha logrado troquelar una mentalidad social individualista y conformista, que ve a sus enemigos en los de más abajo, no en los poderosos que realmente son los que empeoran sus vidas.

Las desregulaciones financieras y comerciales, las normas en materia de remuneración de directivos y las políticas de reducción de impuestos a los más ricos han contribuido a preservar estas fortunas.

Los superricos dedican una parte sustancial de su riqueza a controlar medios de comunicación y redes sociales, sin que los gobiernos de las naciones sean capaces de impedírselo. Más de la mitad de las grandes empresas de medios del mundo y la totalidad de las principales plataformas de redes sociales están en manos de milmillonarios. 

En resumen, las élites económicas están utilizando sus inmensos recursos para “capturar” el poder político y asegurar así la conservación e incremento de sus fabulosas fortunas.

El dominio oligárquico se extiende hoy incluso a las manifestaciones más genuinas del gusto popular. Grandes magnates dominan los clubs de fútbol, antes más ligados a los “hinchas” del equipo, hoy subordinados al dinero creciente que genera el espectáculo. Los muy ricos se han hecho los dueños, y los aficionados ya únicamente exigen que se gasten mucho dinero en el equipo para que lleguen los triunfos. Se mire por donde se mire, las decisiones se alejan de la soberanía popular.

Los poderes democráticos deberían haber puesto en marcha medidas para combatir esa desastrosa e inadmisible distribución de la riqueza socialmente producida, pero no se atreven a hacerlo en ningún país.

En la UE, las decisiones más importantes que afectan a nuestras vidas se toman por élites no surgidas de la soberanía popular, que imponen austeridades contrarias a la mayoría social, desarrollan políticas cómplices con el genocidio palestino cometido por Israel frente al clamor popular en contra de esta barbarie, o sepultan en el Mediterráneo los valores del humanismo y los derechos humanos con salvajes medidas anti inmigración. La integración europea ha devenido en un proceso de oligarquización neoliberal que ha debilitado la democracia tanto en las instituciones europeas como en sus Estados miembros, algunos de los cuales fueron obligados a introducir cambios en sus constituciones en aras de una política de recortes decidida en opacos círculos de decisión sin legitimación democrática. Para cumplimentar el proceso antidemocrático, los dirigentes europeos han renunciado a una política de defensa propia para ponerse en manos de la OTAN, es decir, de los EE. UU., rinden viajes de vergonzosa pleitesía a Washington y firman onerosos pactos a espaldas de la ciudadanía europea.

En España la oligarquía tradicional, forjada a partir de la Restauración borbónica tras el aplastamiento militar de la I República, se conformó con un carácter profundamente reaccionario. Se habituó a ejercer su dominio mediante el uso de la fuerza, en regímenes carentes de libertades y derechos para el conjunto de la población, y a parasitar el Estado y sus recursos en su exclusivo beneficio, como ha desvelado el profesor Carlos Arenas (El Estado pesebre. Una historia de las élites españolas, 2025). Esta tónica se perpetúa en el presente mediante el control que esta oligarquía ultra reaccionaria ejerce sobre palancas de poder tan poderosas como la judicatura y los medios de comunicación, con la complicidad siempre disponible de los jerarcas de la Iglesia católica.

Como se puede comprender, revertir la deriva oligárquica del poder y la descomunal desigualdad en el reparto de la riqueza es extremadamente complicado. La lógica del sistema es esa. Teje unas redes laberínticas de relaciones e influencias que es muy difícil romper.

Intentarlo requiere una acumulación de fuerzas de superior cuantía, unas mayorías sociales y electorales en las que tenga peso considerable la izquierda con voluntad transformadora, que debería tomar conciencia de la situación y poner manos a la obra para articular una unidad popular organizada, extensa, sólida y duradera, y no envolverse en trifulcas, purismos y egos castradores y suicidas. Es hora de aunar esfuerzos en esa tarea hercúlea de cambiar el rumbo oligárquico de los tiempos, no de acentuar las diferencias que existen. Los motivos para unirse están a la vista de todos: defensa radical de los derechos y libertades, lucha contra las desigualdades, defensa de lo público, defensa del medio natural.

En torno a esos objetivos, debe impulsar todas las mareas, plataformas sociales y colectivos que se oponen a que las oligarquías se apoderen de las instituciones y se apropien la riqueza material producida entre todos, que rechazan la destrucción del medio natural, que defienden lo público. Dichos movimientos son la base indispensable para que cambie el rumbo oligárquico de la sociedad, en favor de una democracia profunda con base en lo común.

Aquel episodio de la Bastilla nos recuerda una verdad que la experiencia hace evidente una y otra vez: junto a la conquista de cotas de poder en las instituciones, que es asunto importantísimo, el protagonismo, la movilización del pueblo, es imprescindible para que se produzcan cambios reales.


jueves, 9 de julio de 2026

ORA PRO NOBIS

 

 

José Antonio Bosch. Abogado.

10 de julio de 2026

 A principios del pasado mes de junio hemos vivido, en directo y con una insistencia desmesurada, nos gustase o no, la visita del jefe de Estado del Vaticano, a quien, en aplicación de la normativa internacional, se le han rendido honores de «jefe de Estado». Si bien nuestra Constitución recoge la aconfesionalidad del Estado español (artículo 16), lo que hace inviable el reconocimiento de la autoridad religiosa de cualquier líder de cualquier confesión —incluida la católica—, lo cierto es que, en la medida en que reconocemos al Estado Vaticano, dicho reconocimiento conlleva todas las consecuencias jurídicas que el Derecho internacional prevé en relación con las visitas de jefes de Estado.

No voy a entrar en el origen del Estado de la Ciudad del Vaticano (los Pactos de Letrán suscritos en 1929 entre la Santa Sede, representada por el cardenal Pietro Gasparri, en nombre del papa Pío XI, y el Reino de Italia, representado por Benito Mussolini, en nombre del rey Víctor Manuel III), ni en los acuerdos vigentes entre el Estado español y la Santa Sede, ni en la vigencia parcial del Concordato de 1953 suscrito por la dictadura franquista con la Santa Sede. Simplemente voy a aceptar que hemos tenido la visita de un jefe de Estado extranjero a quien, en un hecho bastante excepcional, se le ha invitado a intervenir en la sede de la soberanía nacional, el Congreso de los Diputados.

En esa democrática sede y ante nuestros representantes, un jefe de Estado extranjero ha demandado la abolición de derechos, como el derecho a una muerte digna o el derecho al aborto, porque, desde su posición moral —y, por supuesto, desde su condición de hombre al que nada le impide disponer de su propio cuerpo a su arbitrio y voluntad—, considera que los avances en los derechos sexuales y reproductivos, la lucha por la igualdad y el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo deben estar subordinados a su concepción moral de la vida.

Y lo cierto es que no me extraña que una organización que priva al 50 % de sus fieles —en concreto, a las mujeres— de recibir la gracia de Dios a través del sacramento del sacerdocio, y que ejerce una discriminación prohibida actualmente en la mayoría de los ordenamientos jurídicos constitucionales, sostenga tales postulados. Se cuente como se cuente, es una organización que practica una discriminación estructural basada en el sexo y, como tal, sería casi un milagro que respetara el derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo.

Y es de una lógica aplastante. Esa norma moral que impone la negativa a respetar el derecho al aborto es una norma concebida y aprobada por una jerarquía masculina. La jerarquía de la Iglesia, históricamente, en la actualidad y, previsiblemente, en el futuro próximo, está conformada por varones. Los órganos de decisión —como el papado, el episcopado y el colegio cardenalicio— han estado integrados tradicionalmente de forma exclusiva por hombres, lo que implica una ausencia absoluta de mujeres en los niveles más altos de poder institucional. Son hombres quienes han decidido y pretenden seguir decidiendo sobre el cuerpo de las mujeres y sobre el rol social que estas deben desempeñar, cuál debe ser su sexualidad o su papel como reproductoras… Por ello, todo lo relacionado con anticonceptivos, aborto o derechos sexuales es considerado por dicha doctrina como cosa del maligno.

No es necesario extenderse demasiado sobre las posiciones oficiales de la Iglesia en relación con el papel de la mujer en la familia —estructura que, según su doctrina, debe estar conformada por un hombre y una mujer unidos bajo el sacramento del matrimonio— para comprender las limitaciones que se formulan y que se tratan de imponer desde esa organización a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, a las que sitúa en una posición subordinada o condicionada por su función reproductiva.

Así, lo que ha venido a solicitar el señor Prevost en el Congreso de los Diputados es la derogación de normas que, con gran esfuerzo y sacrificio a lo largo de años de muchas ciudadanas y ciudadanos de este país, han incorporado a nuestro ordenamiento jurídico el reconocimiento y respeto a los derechos humanos. Y lo sorprendente no es que predique semejante doctrina (conocida, pública y notoria), sino que lo haga en la sede de la soberanía nacional donde se aprobaron las normas cuya derogación solicita y que, además, nuestros representantes le aplaudan como si no hubiera un mañana.

El Papa puede pensar lo que quiera, faltaría más, pero, en su condición de jefe de Estado —en el rol en que ha sido recibido—, debería observar, al menos, las exigencias básicas de la cortesía parlamentaria. Si algo no le ha faltado en su viaje han sido ocasiones para predicar y altavoces desde los que difundir su mensaje. Tanto los medios de la Iglesia como los públicos y los privados han retransmitido, en directo y en diferido, cada una de sus palabras, por lo que no tenía necesidad de faltar al respeto a nuestro poder legislativo para difundir su moral.

No me imagino a ninguno de los jefes de Estado que han visitado el Vaticano en viaje oficial diciéndole al papa de turno que debe derogar la confesionalidad del Estado vaticano porque Dios es una ficción, o que una organización que hoy no reconoce la igualdad de las personas está anclada en el medievo. Por muy ateo que sea un visitante del Vaticano, lo normal, lo adecuado, lo propio de una diplomacia moderna, es el respeto entre las partes.

Pero, claro, el respeto es un valor más extendido entre iguales, y el señor Prevost ostenta la ventaja de presentarse como el representante de Dios en la Tierra, lo que le sitúa, a su juicio, por encima de cualquier interlocutor. Ello le permite mantener esa pretendida superioridad moral desde la que decide qué derechos humanos están amparados por la ley divina y cuáles son contrarios a ella. Y a mí me parece perfectamente legítimo que lo haga respecto de sus fieles, en la medida en que estos se lo permitan, pero utilizar su visita como jefe de Estado al Congreso español para tal fin me ha parecido un abuso.

Personalmente, no tenía ninguna duda sobre la posición de la Iglesia católica en relación con la anticoncepción, el aborto o cualquier cuestión vinculada a la capacidad de decidir sobre el propio cuerpo. Tampoco albergaba dudas sobre el carácter marcadamente patriarcal de sus postulados. Sin embargo, episodios como este deben recordarnos la cantidad de actores que mantienen abierto el frente contra los derechos sexuales y reproductivos, que, aunque hoy parezcan consolidados, del mismo modo que se conquistaron pueden perderse.

Discursos como el descrito —nada extraordinario a la vista del auge de movimientos reaccionarios que avanzan, cuando no se imponen, en distintas partes del mundo— deben impulsarnos a seguir atentos y activos en la defensa y consolidación de los derechos humanos en todas sus vertientes, y a asumir que, al igual que las flores, los derechos, si no se cuidan con esmero, acaban marchitándose.

Publicado en NR Periodismo Alternativo el 28/06/26.

martes, 7 de julio de 2026

Marxismo en el Partido Popular

 


José Antonio Bosch. Abogado.

7 de julio de 2026

Parece que no era tan trágico para el señor Moreno Bonilla, como había anunciado, no obtener la mayoría en las pasadas elecciones autonómicas, toda vez que ha sido capaz de alcanzar un acuerdo de gobierno en tiempo récord. Otra cuestión es el tipo de acuerdo que, en realidad, no se diferencia demasiado de los ya suscritos por el PP y VOX en otras comunidades autónomas, y ello pese a la “especialidad de la vía andaluza” que desde tantas plataformas se vendía.

Hasta el presente, se nos decía por activa y por pasiva que, si bien la música era de VOX, la letra era del señor Moreno Bonilla. Así que, pese a acuerdos puntuales PP y VOX, en realidad la habilidad y el buen hacer del presidente andaluz nos conducía por la senda de la moderación y nos mantenía a salvo de las estrambóticas propuestas de la extrema derecha. La cruda realidad nos ha demostrado que la letra y la música la compone VOX, incorporando así a Andalucía a la larga lista de gobiernos (autonómicos y estatales) dirigidos por la extrema derecha en todo el mundo.

Me imagino a “Juanma presidente” -como lo presentaban las vallas y demás soportes electorales- llegando a la reunión para pactar con VOX y poniendo sobre la mesa una firme postura, muy marxista (de Groucho, no de Karl) parecida a aquella de estos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros. Y lo digo porque, tras la lectura de las 160 medidas del Acuerdo de Gobierno PP-VOX en Andalucía (en adelante Acuerdo) podemos comprobar cómo rompe e incumple en forma descarada compromisos ofrecidos en el programa electoral del PP de Andalucía (en adelante el Programa).

Así, por ejemplo, en el Programa se utiliza en veintinueve ocasiones el término «género» en contextos tales como perspectiva de género, violencia de género o igualdad de género, mientras que en el Acuerdo el término «género» ni está ni se le espera. Por el contrario, si observamos las referencias a la inmigración o a las personas inmigrantes, vemos que en el Programa se realizan siete menciones en contextos tales como la promoción social de las personas inmigrantes, la afirmación de que la inmigración no está saturando el mercado laboral andaluz o la contribución de las personas inmigrantes al crecimiento económico. Frente a ello, en el Acuerdo se realizan quince referencias en contextos como «inmigración masiva», «rechazo a la política migratoria del Gobierno», «inmigración ilegal» o «repatriación», sin que podamos encontrar una sola medida que suponga el más mínimo reconocimiento a las personas inmigrantes y, mucho menos, cualquier tipo de ayuda.

Por supuesto, en las 441 páginas del Programa no existe una sola referencia al concepto de «prioridad nacional», concepto que sí se incluye en el Acuerdo. Ya sé que los portavoces autorizados del PP sostienen que ellos lo llamaban arraigo y que, en realidad, significa lo mismo que prioridad nacional, pero, por más que consulto diversas herramientas de inteligencia artificial, no logro encontrar ninguna que me ilustre sobre la similitud de ambos conceptos. Prioridad nacional significa «los españoles primero» —pretensión muy acorde con el trumpismo militante de VOX—, que además resulta contraria al principio de igualdad y, en consecuencia, a nuestra Constitución. Por su parte, el arraigo es un término que no establece distinción alguna en función de la nacionalidad, sino que atiende a circunstancias objetivas aplicables a todas las personas, con independencia de su origen.

Inmigrantes, de entrada, sí, pero, por Dios, que no sean muy oscuros de piel; que además recen a nuestros dioses; que recojan nuestras fresas y nuestras aceitunas a cambio de salarios ínfimos y en las condiciones laborales que determine el empleador; que cuiden de nuestros mayores con esmero y respeto, pero que no pretendan convertirse en un español más. Hasta ahí podíamos llegar. Cuando nos sobre algo ya lo compartiremos, pero sentarse en nuestra mesa en condiciones de igualdad, de ninguna manera.

¿Y qué decir del llamativo acuerdo de incluir en los planes de estudio la historia del terrorismo en España? La verdad es que no espero muchas sorpresas. A buen seguro no se incluirá a los GAL, ni al Batallón Vasco Español o Fuerza Nueva, por ejemplo; ni mucho menos al terrorismo de Estado o al comportamiento de determinados miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad durante la dictadura y la transición. Con suerte, y si el asunto se le escapa al censor, se citará el atentado de Atocha y ya veremos a quién se le atribuye la autoría. Se trata, como en los mejores ejemplos del fascismo, de alterar la historia para justificar el presente.

Mientras en el Programa se hablaba de educación en valores democráticos y al rechazo de la violencia terrorista, en el Acuerdo se contempla que antes de finales del 2026 deberá estar registrada una Ley de Concordia que sustituya la normativa vigente en materia de memoria histórica. No hay problema: Juanma es un hombre muy versátil. Sus principios no pueden ser un obstáculo frente a la posibilidad de ostentar un tercer mandato en Andalucía.

Por supuesto el Acuerdo contempla la bajada de impuestos junto con el aumento de las prestaciones sociales, es decir la cuadratura del círculo que tantas veces nos ofrecen pero que siempre termina empobreciendo a los menos favorecidos y haciendo más cuantiosas las fortunas de los que más tienen.

También acuerdan derogar leyes ideológicas —medidas 148 y 149—, como si el propio Acuerdo fuera algo empírico, objetivo y ajeno a las ambiciones personales de quienes lo suscriben y de sus respectivos partidos. Sin embargo, lo cierto es que el Acuerdo constituye la antesala de las políticas ultraderechistas que guiarán a Juanma y a todo su gobierno durante los próximos cuatro años, en los que veremos cuestionados el principio de igualdad, los derechos sexuales y reproductivos, la protección del medio ambiente o los avances en materia de violencia de género, por ejemplo.

Un Parlamento y un Gobierno rancios como el tocino añejo, que nos empujarán a creer que el enemigo común es quien es diferente y no quien acumula rentas y capital a costa de que las personas vulnerables vean reducida su protección. Un Parlamento y un Gobierno que, ante la evidente emergencia climática, acuerdan reducir tasas a quienes contaminan o dejar de financiar a quienes promueven zonas de bajas emisiones.

No puedo sino recomendar la lectura detenida del Acuerdo. El PP se ha quitado el «burka» siguiendo las instrucciones de VOX y ambos se han compinchado para construir una realidad que normalice lo que, hasta hace muy poco, eran claras vulneraciones de los derechos humanos. Se trata de que nos vayamos acostumbrando a una «nueva normalidad» que, pisoteando principios, valores y derechos constitucionales logrados con sumo esfuerzo, y con un evidente desprecio por los derechos humanos, permita, en pocas palabras, que la desigualdad, como mínimo, se mantenga y, preferentemente, aumente.

Lamentablemente, no estamos ante escenarios desconocidos; la extrema derecha no es especialmente innovadora. Se están reproduciendo patrones que ya se utilizaron en el siglo XX. No miremos para otro lado y, como diría el señor Aznar, «el que pueda hacer, que haga».


martes, 30 de junio de 2026

El libro Ensayo sobre la ceguera de J. Saramago, hoy es la realidad.

 

La situación actual política a nivel mundial es una encrucijada, su destino puede ser el abismo del capitalismo o un equilibrio multipolar predecible, pero no así el tiempo que durará hasta conseguirse la estabilidad geopolítica, social, económica, cultural y que esta suponga un avance social global.

                                 La parábola de los ciegos. Pieter Brueghel el Viejo (1568)

Antonio Sánchez Rodríguez

30 de junio de 2026

Antes de nada mostrar mi solidaridad al pueblo venezolano en estos dramáticos momentos y recordar que es un sarcasmo la supuesta ayuda de los EE.UU. o de la Unión Europea después de que los primeros la tienen sancionada desde 2005 y Europa desde 2017 con los resultados de unas estructuras públicas ahora sin recursos adecuados.

Dada la encrucijada mundial, a la que se añade la incertidumbre actual que aportan las privatizaciones en vivienda, sanidad, educación o empleos, es necesario la defensa de lo público, pero no es eso lo que la gente está votando en las últimas elecciones, y se habla de ‘ceguera’ en el electorado. Parece interesante, además de conocer a nuestros clásicos en la lucha Trabajo-Capital, acercarnos en este peculiar momento al mundo literario e imaginativo de artículos o libros unas veces críticos, otras analíticos y otras supuestamente visionarios sobre un mundo posible venidero. Una alternativa es el Ensayo sobre la ceguera de José Saramago.

ENSAYO SOBRE LA CEGUERA

En el año 1995 el escritor portugués José Saramago (16/11/1922 – 18/06/2010) escribió el libro titulado Ensayo sobre la ceguera, que no era más que mostrar, con extrema dureza, la sociedad que vivió hasta el 1995. Una sociedad insolidaria que se desentiende de todo lo que suceda a su alrededor, olvidada de los valores humanos.

En él narraba que en un país imaginario surgió una epidemia que hacía que sus habitantes perdieran “la visión de todo lo que le rodeaba” hasta quedar totalmente ciegos. Las autoridades fueron ingresando a los afectados al principio en un hospital psiquiátrico y en su rápida e imparable expansión, en campos de reclusión. Dichos centros terminaron siendo controlados por el ejército, pero los agentes por miedo al contagio, que igualmente sufrían, prestaban una atención deficiente e incluso muchos abandonaron sus puestos, y por ende a los ciegos.

En breve en el desastre interno los afectados se organizaron en el interior de las salas, y “triunfan” los personajes más amorales y que se aprovechan de la desesperación y el pánico generalizado, queda impuesto el egoísmo y una violencia animal en la lucha por la supervivencia. Surgió el caos en un submundo asfixiante, oscuro, agobiante, de miedo e incertidumbre, terriblemente violento y cruel con las mujeres y los más débiles. El sector dominante se hizo dueño de los víveres e imponían sus condiciones al resto extorsionándolos e incluso violentando sexualmente a las mujeres a cambio de la alimentación.

El otro sector, en el que se integra la única “vidente de la realidad” -no afectada- camuflada como ciega, constituyó un grupo de ayuda mutua y resistencia. En un altercado violento en el que tiene lugar una violación grupal, la vidente mata al líder de la camarilla. Los criminales se refugian en algunas salas de una sola entrada y la vidente provoca un incendio en el acceso a las salas y escapan del centro. El mundo de fuera que encuentran no era muy diferente al que dejaron, en él se mantiene la muerte en vida, los alimentos escasean y la podredumbre lo invade todo. Es en este nuevo espacio donde la mujer del médico se convierte en una guía imprescindible para el grupo, hasta el punto de implicarse en una dedicación asfixiante; no obstante esta constancia dio su fruto y de repente algunos ciudadanos fueron recuperando la visión.

Este personaje se difundió entre los lectores como: “La mujer del médico” y todos podemos imaginar qué representa: empatía, solidaridad, lucidez para distinguir las injusticias y ver el sufrimiento ajeno, luchar por la supervivencia sin perder la humanidad, con conciencia de clase y la responsabilidad universal de los que no cierran los ojos –cuando otros los perdieron- y actuar sin dilación ante el caos. En resumen, protagoniza la lucha contra un poder deshumanizado, sin control, y una estructura sociopolítica que lo soporta favorecedora del individualismo y que destruye la cohesión social.

Esquemáticamente:

1.- El libro parte de una sociedad originaria de la que ni siquiera habla de su organización, pero hay que entender que es origen de lo que sigue. 2.- En esa sociedad comienzan a ocurrir casos extraordinarios de ceguera. 3.- Estos casos se expanden y la sociedad inicial se ve superada, y es realmente en esta segunda situación en la que se va generando un nuevo sistema caótico y criminal. 4.- Un grupo reúne a los malvados y otro encabeza la resistencia y la liberación. 5.- Finalmente la resistencia se escapa y recupera la visión con la ayuda de quien ve la realidad y se vuelve a la sociedad de origen. De lo que se desprende que toda la experiencia sufrida motivará un necesario giro en ella para no repetir el caos.

Proyección o paralelismo de libro con actualidad:

1.- La sociedad inicial no mencionada en el libro, podemos hacerla comparable con la que surge del pacto (Trabajo-Capital) después de la II Guerra Mundial.

En dicho pacto la primera nación en participar es la socialdemocracia inglesa (laboristas) en el 1945 y en 1959 acaba aceptando el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD). Al modelo lo denominaron “Sociedad del Bienestar”, y digamos que fue una alternativa “llevadera” y sin duda alguna “obligada”, dado que ya existía desde 1917 una “espada de Damocles” como era la URSS. La sociedad del bienestar elevó los estándares sociopolíticos y culturales de la clase trabajadora, demostrando lo que un pueblo con acceso a la cultura y a determinadas libertades puede llegar a hacer, lo que culminó en el mayo francés de 1968. En paralelo se avanzó en la descolonización, especialmente entre los 50 y los 70, pero tenía sus días contados. La reacción de un capitalismo agazapado no se hizo esperar, no soportaban dichos logros en casi tres decenas de años, y pasados estos mostró su fuerza, con descaro, en los años 70.

2.- En esa sociedad comienzan a ocurrir casos extraordinarios de ceguera.

En el 1971 se presenta el reaccionario Informe Powell que resume la estrategia a implantar por los que se llamaron neoliberales: a.- Asalto al sistema de educación pública en todos sus niveles; b.- Controlar todos los medios de comunicación (hoy además redes, bulos, desinformación); y c.- La intervención empresarial con más agresividad en la vida política del país.

La implantación del neoliberalismo, siguiendo a Powell, la llevaron a cabo personajes como Ronald Reagan (20 enero 1981 – 20 enero 1989) y Margaret Thatcher (4 de mayo de 1979 hasta el 28 de noviembre de 1990) y con ellos el mundo empezó a quedarse ciego.

En muchos países, los movimientos socialistas, comunistas y obreros sufrieron derrotas históricas durante la ofensiva neoliberal: los sindicatos se debilitaron, la educación política disminuyó, el electoralismo sustituyó a la movilización de masas y las ONG desplazaron a estructuras populares y cubrieron actividades propias del Estado.

El mundo se polarizó entre EEUU o la URSS, con el deseo de atraer hacia sí a países descolonizados y en subdesarrollo, lo que provocó guerras por una auténtica independencia y dio sentido al Movimiento de Países No Alineados, decisivo entre 1960 y 1988.

Por otra parte la población en general sufrió del neoliberalismo sus cambios en el sistema productivo y sus crisis del capital que se superaban con artilugios económicos de adaptación, como el outsourcing (subcontratas, que fraccionaban las concentraciones obreras y cambiaron mentalidades: de trabajadores a pequeños empresarios, de la nómina a la factura); la digitalización y las redes redujeron la comunicación directa entre personas y comenzaron a contaminar la cultura de la historia humana propia a cambio de la prefabricada con vídeos, clips y memes; junto a la competitividad impuesta para diferenciar salarios y evitar la unión de los empleados, hizo crecer el individualismo o la globalización –la panacea- como la visión del mundo como un gran mercado, momentos en los que presidentes de los EEUU conectan directamente con China y su Comunismo de Estado.

En la constante búsqueda de la acumulación de capital, en los 80 y 90 los EE. UU. y Reino Unido impulsan políticas de desregularización y liberación financieras, lo que permitió a los bancos y grandes empresas diversificarse hacia la creación de productos financieros complejos, creando el paso del sistema productivo al sistema de financiación en un acto histórico deseado por el capital, dado que siempre consideró que la obtención de beneficios soportaba ‘un mal necesario’ como la participación de mano de obra en el sistema productivo; por tanto para el capital suponía una liberación cambiar al sistema de la financiarización. Este sistema se consolida al finalizar los 90.

En los períodos de los 80 y 90, que deben justificar las casi 900 bases militares estadounidense repartidas por el mundo, se generan guerras claves de dominio y en los 90 nace un nuevo mundo –caída de la URSS en 1991- que supuso para los EE.UU. una carta blanca de actuación sin resistencias, tenían la convicción de que su superioridad militar podía transformarse, tarde o temprano, en superioridad política.

2.1.- Década de 1980

Guerra Irán-Irak (1980-1988), Guerra de Afganistán (1979-1989), Guerra de las Malvinas (1982), Guerras civiles en Centroamérica, destacando las guerras civiles de El Salvador y Guatemala, y la Revolución Sandinista en Nicaragua.

2.2.- Años 90 y caída de la URSS

Guerra del Golfo (1990-1991), Vietnam 1945, Cuba 1959, caída de la URSS (1991), Guerras yugoslavas o guerras de agresión de EE.UU. en su visión de unipolaridad (1991-2001), que incluye las guerras de Bosnia, Croacia y, posteriormente, Kosovo. Genocidio de Ruanda (1994), Primera Guerra Chechena (1994-1996).

Fallece José Saramago en 1995. Hasta este momento lo que escribió fue vivido y añade su convencimiento de que lo que venía provocaría “la ceguera”.

3.- Estos casos se expanden y la sociedad inicial se ve superada, y es realmente en esta segunda situación en la que se va generando un nuevo sistema caótico y criminal.

Abundamos en el sector financiero, dado que llegado el nuevo siglo pasó a dominar sobre la economía real (agricultura y manufactura), priorizando la especulación, el corto plazo y el valor bursátil de las empresas por encima de su capacidad de producción física.

El sistema no soportó la creación de burbujas, que explosionaron sin poder soportar un sistema convencido de que el dinero por sí solo generaría más dinero y de que convertir una ‘acumulación de deuda’ en un ‘activo financiero’ era una ‘verdad absoluta’ y no un ‘acto de Fe’. El 15 de septiembre de 2008 quebró Lehman Brothers, uno de los mayores bancos del mundo, al que arrastró en su ruina, dejando un crecimiento lento, una elevada deuda, una disminución de la inversión productiva y una profunda desigualdad social.

3.1.- Se expanden las guerras en el siglo XXI

Los atentados del 11-S del 2001 en EE. UU. desencadenaron una guerra sin fin, una puerta abierta para calificar de “terrorista” a cualquier país disidente, la Guerra contra el terrorismo (2001-actualidad).

a.- Se inició de inmediato contra Afganistán (2001-2021), que los EE.UU. abandonaron a toda prisa.

b- Guerra de Irak (2003-2011): “armas de destrucción masiva” y supuesta vinculación con grupos terroristas como Al Qaeda que resultó ser una gran mentira. Objetivo real: control del petróleo, cambio de régimen.

La crisis económica y política del 2008 provocó una ola de protestas que se extendió por todo el mundo, como ocurrió con la Primavera Árabe (2010-actualidad), y en algunos casos provocó guerras civiles, siendo las más destructivas las de Siria y Yemen.

La caída de Muamar Gadafi en Libia el 19 de marzo de 2011 pareció convertir en una verdad permanente el dominio estadounidense-OTAN.

Guerra en Ucrania (2014-actualidad): se inicia el 6 de abril de 2014. Más estadounidense que ucraniana, dado que EEUU. había invertido más de 500 millones de dólares en adiestrar al ejército ucraniano como fuerza atlantista contra la seguridad de Rusia. Se traspasará a Europa+OTAN para mantener el desgaste de Rusia.

Guerra genocida Israel-Palestina: invasiones constantes y ocupación de terreno palestino a lo largo de décadas, con escaladas intensas como las guerras en la Franja de Gaza iniciadas el 7 de octubre de 2023. Ha dejado perplejo al mundo entero, nadie jamás pudo imaginar que tamaña crueldad pudiese ejecutarla un ser humano sin tener un freno efectivo por parte de ninguna institución ni país. Y si este silencio ocurre, de alguna manera pasó antes por la cabeza de Saramago, como desencadenante de “La ceguera” de países y personas.

Comienza el submundo de ciegos y sus altercados, los malvados evolucionan con guerras inventadas, para mantener la hegemonía y su poder unilateral. También la sociedad mundial más progresista se organiza algo desorientada según los últimos resultados electorales.

4.- Un grupo son los malvados y otro encabeza la resistencia y la liberación.

4.1.- Los ‘malvados’:

En 2017 comienzan a triunfar los personajes más amorales y crueles: en orden cronológico cinco presidentes de gobierno:

1.- Donald John Trump desempeñó el cargo desde el 20 de enero de 2017 hasta el 20 de enero de 2021 como el 45 presidente. Y hoy es el 47 presidente de los Estados Unidos desde el 20 de enero de 2025.

2.- Jair Messias Bolsonaro el 38 presidente de la República Federativa de Brasil desde el 1 de enero de 2019 hasta el 1 de enero de 2023.

3.- Giorgia Meloni desempeña el cargo de presidenta del Consejo de Ministros de Italia desde octubre de 2022,

4.- Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel, gobierno actual iniciado en diciembre de 2022.

5.- Javier Gerardo Milei que ejerce como presidente de la nación argentina desde el 10 de diciembre de 2023.

A estas fechas el submundo de ciegos está en pleno apogeo

Hoy desafortunadamente nuestra actualidad nos sitúa en esa sociedad o submundo de la novela, en el que gran parte de la población está ‘ciega’ y perpleja a la hora de intentar entender los casos extraordinariamente crueles llevados a cabo por personajes autoritarios deshumanizados sin límites ni reglas. Resultando que la realidad supera la ficción.

Lo que hoy tenemos (republicanos-Trump) poseen gran poder, sobre todo militar (un gran ejército, armamento y la guerra), son los sustitutos de los fracasados de la derecha neoliberal (Demócratas-Biden), ambos superados por la innata e inevitable crisis de su modelo económico, un sistema hipercapitalista agotado y sin salida y que ha perdido ante el mundo toda credibilidad.

Los sustitutos, las elites estadounidenses, son conductores del trumpismo, que ejecuta con desvergüenza las estrategias que le dictan: sembrar el miedo, la incertidumbre, los cambios políticos diarios y trasmitir la certeza de que cuando lo deseen invadirán Estados soberanos si lo suponen necesario por sus riquezas o por su seguridad nacional, etc., apoyados y también “utilizados o comprados” por Israel, que se muestra autónoma de los EE.UU. y que actúa impunemente con la guerra genocida en Palestina. Esto, junto al silencio colaborador de la Unión Europea, que se comporta, si no lo es, como una auténtica colonia americana. Todo con bota militar imperialista preparada hasta llegar a obviar las democracias representativas y todas las instituciones internacionales, con el apoyo de gobiernos de ultraderecha, en algún período por la república brasileña o las actuales de Italia o Argentina.

4.2.- La “resistencia y la liberación”:

La crisis del 2008 provocó una fuerte reacción popular, con potentes movilizaciones por casi todo el mundo, alcanzando cotas desconocidas desde hacía décadas. Muy notable fue la Primavera Árabe (2010-actualidad), y en algunos casos provocó guerras civiles. Lo que indicaba que la resistencia, en principio, atendió su papel.

También en el panorama internacional es importante destacar que el unilateralismo utilizado por occidente (EE.UU.) se sigue extendiendo con la globalización en los últimos años del XX, tras las conexiones con China y la entrada de esta en la OMC en el 2001. A partir de este momento, surge una resistencia económica de primer nivel que hará competir dos sistemas profundamente diferentes; el de China evoluciona a gran velocidad, con acuerdos bilaterales con diferentes Estados en desarrollo.

Además, en ese mismo año se crean conceptualmente los BRICS, que se establecen como coalición política en 2006; el 16 de junio de 2009 se celebra la primera cumbre oficial de jefes de Estado y de Gobierno consolidando al grupo BRIC en la escena internacional. Bloque de Estados en desarrollo, algunos con alto grado de independencia, como para empezar a decir NO a los EE.UU. en diferentes cuestiones.

El bloque defiende la multipolaridad, que requiere:

Independencia Económica y Financiera (Desdolarización): para que el comercio internacional utilice sus propias monedas nacionales y reducir la dependencia del dólar, utilizado como una herramienta para intervenir en los asuntos internos de los Estados, y para neutralizar el impacto de las sanciones financieras unilaterales de Occidente.

Reforma de la gobernanza global: plantean cambios profundos en instituciones nacidas tras la Segunda Guerra Mundial, tales como el Consejo de Seguridad de la ONU, exigiendo mayor peso político y de voto para las economías emergentes, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial.

Instituciones alternativas: han creado sus propias herramientas de financiación, como el Nuevo Banco de Desarrollo (NDB), diseñado para financiar proyectos de infraestructura y desarrollo sin las estrictas condiciones políticas que imponen los organismos occidentales.

5.- Finalmente la resistencia se escapa y recupera la visión con la ayuda de quien ve la realidad y se vuelve a la sociedad de origen.

Por tanto, respecto al libro “nos falta” el paralelismo del punto quinto: a sabiendas de que el actual mundo es el multipolar, equivalente al visionado por la única vidente de la realidad, que como en la novela, es absolutamente diferente del que partimos, en este caso el bipolar de la guerra “Guerra Fría”. Sin olvidar que la salvación no fue más que el logro de la lucha del grupo liderado por la única vidente de la realidad.

Toca hablar honestamente sobre la crisis del centro izquierda y la izquierda:

Hoy la contradicción central de nuestra era reside entre un sistema imperialista en decadencia que intenta preservar su dominio y las aspiraciones de los pueblos y las naciones que buscan soberanía, desarrollo y justicia social, lo que requiere una adaptación en el ámbito de las izquierdas.

Hemos comprobado que tenemos un nuevo bloque de resistencia, pero también tenemos que ver el comportamiento de la izquierda política; los datos de evolución del centro izquierda, como el socialdemócrata en el ámbito europeo, nos pueden revelar indicios sobre la “ceguera o no” de los votantes.

El centro izquierda:

Otrora gran fuerza y líder durante años han sido los socialdemócratas, pero lastrado por los límites de su propio marco político programático; según vemos en muchos parlamentos parece que ya consumieron su tiempo, o su marco político preestablecido no da más de sí Los partidos socialdemócratas han agotado sus objetivos.

A principios de siglo -hace 26 años-, casi el 70 % de los ciudadanos de la UE vivía bajo primeros ministros de la órbita socialdemócrata; hoy, esa cifra se limita al 10 %. Y apenas hay tres mandatarios (de 27) de este signo en el Consejo Europeo: la danesa Mette Frederiksen, el maltés Robert Abela y Pedro Sánchez. Por población representan el 12,47 %.

En la importante Alemania, los sondeos sitúan al SPD en torno al 10 % de intención de voto, con la economía agotada y a peor. En Francia el PS ha cedido el liderazgo de la izquierda a Jean-Luc Mélenchon. 

Casi siete de cada diez ciudadanos de la UE vivían a principios de este siglo en países gobernados por el centroizquierda; hoy son uno de cada diez.

Algunas causas del declive tienen que ver con la desconexión con el electorado, o a la aceleración de la desinformación y la normalización de los discursos de odio, pero también no ha sido suficiente la supervisión del libre mercado, ni la protección social, o descontrol en los poderes del Estado, la contundencia por el feminismo y rechazo de la xenofobia, también graves errores éticos de algunos líderes, o permitir una Comisión Europea nombrada a dedo y sin ninguna legitimidad democrática ni popular, el aumento de la desigualdad dada por el aumento de la riqueza del 0,1 % de la población; mientras, en 2023 según el INSEE (Francia) la tasa de pobreza llegó al 15,4 %, y sigue creciendo. Las causas de esta evolución van más allá, y evidencian las deficientes respuestas políticas de las formaciones moderadas, no sólo las socialdemócratas, sino también las democristianas, ante el cambio de época.

Las izquierdas trasformadoras y la comunista:

En principio las causas del declive del párrafo anterior afectan a estas izquierdas en su mayoría.

El colapso de la socialdemocracia ha obligado a las izquierdas a su izquierda, a mostrar la lucha por una transformación más radical. No obstante, se suceden los envites de las élites capitalistas desde la implantación del neoliberalismo, que han ido aplicando en estrategias claramente de acoso y derribo para debilitarlas y en muchos casos han tenido éxito, sin que hubiese reacción potente, sino más bien una simple adaptación.

Por ejemplo, los sindicatos de clase, que constituían una potente fuerza política en los partidos, con los cambios del modelo productivo se convirtieron en más negociadores de asuntos laborales que reivindicativos de políticas de reparto de las riquezas y participación en las empresas. De igual manera aparecieron sindicatos amarillos o de empresa y otros de tipo corporativos y colegios profesionales. La sociedad se fue dividiendo en capas que fragmentaban las fuerzas laborales, pese a que toda persona dependiente de salario o cualquier tipo de ingreso para poder vivir puede ser calificado como ‘trabajador’, sea mejor o peor cualificado o ‘profesional libre’.

En esta misma estrategia fragmentadora el neoliberalismo potenció sectores reivindicativos, aunque ya eran gestionados por los partidos de estas izquierdas. No obstante, el neoliberalismo les “acompañó” con sus medios en su difusión, a sabiendas del efecto de división del voto: ecologismo, animalistas, pacifistas o género y sus tipos, etc., además de que la izquierda ya tiene sus propios fragmentos: revolucionario, demócrata, comunista, anarquista o nacionalismo de izquierda, entre otros. Y aún hay otros elementos culturales o simbólicos que han servido para dividir. La izquierda pretendió absorber y dar cobertura a esas tendencias y mareas, pero en bastantes casos fueron rechazadas y admitidas sin sus banderas dado que de alguna manera querían tener su propia identidad política y no verse absorbidas por un partido más global y los resultados los hemos estado viendo.

Otro error posible que puede haberse cometido es mantener una lucha equivalente a la llevada a cabo en los últimos años conforme a la polaridad de la guerra fría y no haberse adaptado a una sociedad futura multipolar con guerra y enfrentamientos multifacéticos económicos y tecnológicos, que requiere una visión y análisis prácticamente internacional y su proyección al país y viceversa.

En cualquier caso el mantra ‘Unidad de la Izquierda’ sigue siendo urgente, y evitar confusiones en la población, así como invitar a que la calle hable o seguiremos obteniendo porcentajes electorales imposibles para gobernar y obligados al pacto.

En concreto en nuestro país

El gobierno de coalición ha tenido bastantes aciertos de cara al exterior, sin olvidar que el presidente en 2022 era secretario general de la internacional socialista y por tanto conocedor de su debacle. Con la excepción del Sahara.

En lo interno: el gobierno de coalición ha conseguido dar importantes pasos que han contado con un PSOE que desea dejar atrás, al menos, su anterior liberalismo. Una oposición sin programa alguno sólo ha sido mantenida por los medios afines. Pero el Gobierno ha dejado atrás asuntos pesados, como la Ley Mordaza, la creación de empresas públicas en servicios esenciales como la Banca o la Energía, retomar en la gestión pública la gestión privada de las residencias de ancianos y, por terminar, con lo que va a ser nuestra derrota en las próximas elecciones: la construcción de viviendas públicas.

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