Tu consumismo, nuestra explotación, nuestra hambre, tu explotación.
Joaquín
Delgado y Manuel Lara. Militantes del PHTA.
4 de septiembre de 2026
Desde siempre los seres
humanos han resuelto problemas como el hambre, el frío, la guerra, la represión
política, los desastres ecológicos, etc., emigrando a zonas donde había más
alimento, mejor clima, más libertad, seguridad y bienestar. En la actualidad
han crecido aún más las diferencias entre los niveles de vida de los países
ricos y los empobrecidos. No hay que olvidar las causas profundas de estos
movimientos migratorios mundiales. Los países ricos, lo que hoy se llama
Occidente, han basado su desarrollo y bienestar en el robo y expolio de los
recursos y riquezas naturales de continentes enteros bajo fórmulas de dominio
coloniales, empobreciéndolos e impidiendo que progresen. Europa antes, y EEUU
ahora, como potencias imperialistas, se repartieron inmensas zonas
territoriales de África, América Central y del Sur y Asia, utilizando la mano
de obra esclava de estas poblaciones para extraer sus recursos y trasladarlos a
sus metrópolis. Precisamente ahora, esos flujos migratorios que se están dando
provienen de esos países explotados, empobrecidos y saqueados. Roban y se traen
minerales, alimentos, oro, petróleo, gas, tierras raras, piedras preciosas de
esos países; pero rechazan acoger a sus poblaciones, levantando muros,
alambradas y odio contra ellos, creando grandes masas de personas esclavas y
eliminando violentamente cualquier atisbo de rebeldía. Hay, por tanto, un
movimiento migratorio, perseguido por la miseria, desde casi todos los países
de la Tierra hacia los centros de prosperidad, buscando las posibilidades
reales o ficticias que ofrecen los países ricos (una isla de “bienestar” en
medio de un océano de dolor). La emigración se convierte en una huida
desesperada del subdesarrollo, de la miseria, del hambre.
La migración es un proceso
doloroso, no es una decisión fácil ni voluntaria, sino un movimiento provocado
por las contradicciones del sistema capitalista-imperialista. Es una acción
impulsada por la necesidad. Son desplazamientos provocados por la violencia
estructural del sistema imperante, que genera desigualdad, guerra, miseria y
corrupción, y que obliga a las personas a abandonar su tierra natal. Entre el
60 y el 80 % se producen por motivos económicos, según la zona geográfica. Es
de obligado recuerdo que en los años del
franquismo salieron de España casi tres millones de personas, una parte huyendo
de la represión de la dictadura como refugiados políticos y otra en busca de
trabajo para salir de la miseria, estas personas reconstruyeron la economía de
Europa tras la devastación de la Segunda Guerra Mundial.
Todas estas migraciones
están constituidas por fuerza de trabajo vulnerable, dócil y manejable. Las
personas migrantes se convierten en mano de obra barata y precarizada para el
capitalismo en los países ricos, y es usada por la burguesía para incrementar
sus beneficios. Esta precariedad la utiliza el capital para dividir a la clase
trabajadora, crea distinción entre la local y la extranjera y consigue deprimir
los salarios y explotar a ambas. Con la ilegalización, premeditada y
perfectamente orquestada, de estas personas migrantes, el capitalismo genera
una fuerza de trabajo ultra explotada y asustada. Es un ejército de reserva
explotado, que es fundamental para la supervivencia del sistema monopolista
actual. Esta súper explotación se caracteriza por la crueldad y condena a las
personas a no poder acceder ni a los recursos necesarios para vivir. Se
fomenta, además, una ideología desde la superestructura para culpar a la
persona migrante de los problemas sociales, y sea percibida así por la
población autóctona como una amenaza para el bienestar e identidad y un grave
problema de seguridad, todo basado en falacias y prejuicios irracionales. En
cambio, se oculta el hecho de que la inmigración incrementa la diversidad
cultural y, por tanto, la inteligencia colectiva. Además de contribuir al
desarrollo económico de esos países receptores.
Marx desenmascaró ese deseo
de destrucción o desprecio por la vida de otros seres humanos del capitalismo,
en el que la inmensa mayoría de las personas son tratadas como cosas, como
mercancías.
El capitalismo es un modelo
de desprecio y rechazo a las personas pobres. En cambio, es una obligación
moral el acoger a las personas vulnerables («son las razones del corazón»). No
obstante, la compasión no es suficiente, es necesario algo más firme y efectivo:
la justicia y la acción revolucionaria. Un sistema político y económico que
genera toda esta barbarie debe ser combatido y eliminado.
Es necesario cambiar este
orden criminal que nos domina. El capitalismo ha creado un mundo de
desigualdad, de miseria, de horror, de sufrimiento y de desesperación. Un
brutal régimen de clases sociales, de ideologías discriminatorias y
neofascistas y de privilegios obtenidos por la violencia; en donde una minoría
decide el destino de la humanidad.
En Ceuta estamos viendo un
ejemplo de lo dicho anteriormente. Añadiendo ahora el uso que gobiernos y
dictaduras infames hacen de miles de personas desesperadas y hambrientas,
utilizándolas como arma de presión política para conseguir otros objetivos políticos.
Pensamos que en el masivo movimiento de personas han influido Marruecos, Israel
y EE. UU. Es imposible que se acumulen tantos miles de personas junto a una
frontera y nadie sepa ni haga nada. También creemos que esos países se han
aprovechado de la ineptitud de un Gobierno débil y ha influido la postura del
Gobierno español sobre Palestina y el gasto militar. El rey sátrapa que
gobierna en Marruecos es una persona sin escrúpulos que firmó los Acuerdos de Abraham de 2020, por el cual
abandonaba el apoyo a Palestina y se vendía a los intereses del sionismo
criminal y genocida. Ahora tiene el apoyo de EE. UU. para su reivindicación del
dominio sobre el Sáhara Occidental, Ceuta y Melilla. Esos países (Marruecos,
Israel y EE. UU.) no dudan en utilizar a las personas para sus intereses. Las
utilizan como escudos humanos, y sacrifican sus vidas impunemente. Aun ante la
existencia de esas evidencias, siguen manteniéndose las dudas y las mentiras
interesadas sobre la entrada masiva de personas de forma simultánea, y se
siguen obviando los intereses geopolíticos subyacentes. Lo que es evidente es
que los seres humanos que han protagonizado ese movimiento poblacional son
víctimas del sistema capitalista-imperialista.
Han sido 141 seres humanos
cuyas vidas han quedado en el mar, ciento cuarenta y una esperanzas rotas,
sueños destruidos. Las personas que aún quedan y se niegan a regresar, de
vuelta al infierno, están viviendo una pesadilla, como continuación de la que ya
sufrían. No hay ningún esfuerzo serio por dar solución a este drama humano, ni
desde el Gobierno central ni desde el autonómico. Así vemos cómo lo único que
se hace es crear miedo y odio en la población ante personas asustadas y
hambrientas. Por un lado, se está llevando a una ciudad hasta el límite, al
mismo tiempo que se mantienen a estas personas inmigrantes a la intemperie y en
condiciones insalubres e infrahumanas, se las condena a vivir en condiciones
miserables y, además, se las culpa por ello. Se las desaloja del campamento en
la playa de forma improvisada y brusca y se las mantiene horas al sol hasta
decidir qué hacer con ellas. Se crean alojamientos inseguros (no soportan ni el
viento) e insuficientes, después de casi un mes desde la entrada. No se
protegen a las niñas ni a los niños de los depredadores sexuales ni de las
mafias, es la solidaridad de algunas personas de Ceuta la que acoge a las niñas
para protegerlas. Además, la falta de previsión está creando una crisis
sanitaria importante. En fin, no se ve mucho impulso ni interés por las
personas responsables en prestar ayuda ni por la razón ni por la compasión. Lo
único que se ve es negligencia, ineptitud, complicidad con los verdugos y falta
de escrúpulos de los dirigentes, junto a mucho dolor y desesperación por parte
de las víctimas. Aunque hay un principio clásico sobre la soberanía de los
Estados, no hay que olvidar que hay otro más prioritario: la dignidad
intrínseca de todo ser humano. Los Estados tienen la obligación de asegurar su
respeto.
El principio revolucionario
que levantaba entusiasmo en el siglo XVIII, «todos los seres humanos son
iguales en dignidad y valor, sin distinción de raza, sexo, lengua, religión,
opiniones políticas, posición económica o nacimiento», se ha convertido en un
tópico que se vulnera de forma constante.
La superación de la cruel
situación que ha impuesto el capitalismo, ahora en su versión imperialista
salvaje, tendrá que ser obra de sus víctimas, tanto de los países prósperos
como de los de la periferia.
No podemos olvidar la
sangrante injusticia que se comete a diario contra las personas a quienes se ha
privado de la opción de elegir su propia vida, que tienen que pedir permiso
para poder vivir. Es nuestra obligación superar el orden social existente, la
única forma de acabar con toda esa barbarie.
Denunciamos toda esta
situación de abandono e indignación que está ocurriendo en Ceuta y, al mismo
tiempo, rendimos homenaje a las víctimas de la barbarie capitalista. De igual
forma, condenamos enérgicamente las actitudes xenófobas y racistas de los
mismos descerebrados de siempre.
¡Nativa y extranjera, la
misma clase obrera!
¡Frente al racismo y la
xenofobia, acción y revolución!
¡La diversidad nos
enriquece, la discriminación nos empobrece!
¡El fascismo avanza si la
gente calla!