martes, 10 de marzo de 2026

El nuevo ciclo de planificación hidrológica (2027-2032): la cuarta oportunidad para la correcta formulación de una política pública fundamental.

 

Leandro del Moral, miembro de Fundación Nueva Cultura del Agua y de la Mesa Social del Agua de Andalucía

10 de marzo de 2026

 

La Directiva Marco de Agua (DMA) aprobada en el año 2000 se basa en principios y plantea objetivos muy ambiciosos en lo que se refiere a la defensa de la calidad de las masas de agua y de los usos socioeconómicos sostenibles que dependen de ella. La herramienta más poderosa que la propia DMA ofrece para alcanzar esos objetivos es un modelo de planificación extraordinario, un auténtico monumento en términos de planificación pública, cuya importancia va más allá del ya de por si fundamental mundo del agua.

El esquema es el siguiente: aprobada la Directiva se abrió en cada Estado miembro el proceso de transposición (2003), de constitución y análisis de las cuencas hidrográficas (en muchos países no estaban reconocidas como instituciones jurídico-administrativas) y de elaboración del primer plan de gestión y programa de medidas, con un plazo de aplicación de seis años (2009-2015). Además del seguimiento anual de su desarrollo, dos años antes de su vencimiento se realiza, siempre con requisitos de información y participación pública rigurosos, un análisis actualizado del estado de la cuenca y a continuación se presenta, fomentando con especial intensidad la participación pública ‘activa’, un documento clave para preparar el siguiente plan: el Esquema de Temas Importantes (ETI), esto es, la definición de los problemas y las diversas alternativas para afrontarlos que tienen que estructurar el plan del siguiente ciclo (2015-2021). Con los mismos protocolos se desarrolla el plan del tercer ciclo (2022-2027) y tras él el del cuarto (2028-2033), momento en el que nos encontramos, debatiendo durante seis meses sobre el ETI (12 o 14 fichas de temas clave, según cuencas) todavía en fase de documento provisional (ver gráfico 1).

Es decir, cuando se aprobó la DMA en el año 2000 sabíamos que 25 años después íbamos a estar en toda la UE, desde Estonia hasta el Algarve, discutiendo públicamente los avances, los estancamientos o los retrocesos en el proceso de avanzar hacia el buen estado de las aguas europeas y la garantía de los usos sostenibles.

Gráfico 1. Proceso iterativo del modelo de planificación hidrológica establecido por la Directiva Marco del Agua. Previamente se desarrolló el primer ciclo 2009-2015 y actualmente se desarrolla el cuarto ciclo 2027-2033.

Fuente. Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, 2025

Sin embargo, después de los tres primeros ciclos de planificación no se han conseguido ni los objetivos ambientales (ver cuadro) ni la garantía de los usos sostenibles exigidos por la Directiva Marco del Agua. Por el contrario, desde el plan del tercer ciclo todavía vigente (2021-2027) hasta los datos más recientes se constata un deterioro generalizado, como se aprecia de manera especialmente aguda en el caso de la cuenca del Guadalquivir (ver cuadro 1 y gráfico 2).

Cuadro 1: Porcentaje de masas que no alcanzan el buen estado global o en riesgo de no alcanzar los objetivos medioambientales (OOMM) en la Demarcación del Guadalquivir

 

Plan tercer ciclo Memoria (2022)

No alcanza buen estado global

Documentación inicial cuarto ciclo (2024)

 

No alcanza buen estado global

Riesgo de no alcanzar OOMM

MAsp

38 %

69 %

96 %

MAsb

52 %

57 %

96,5 %

Fuente: Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, 2025.

Gráfico 2: Masas de agua superficiales en riesgo de no alcanzar los OOMM.

Fuente: Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, 2025.

Sin echar por la borda la potente herramienta de planificación sino, por el contrario, aplicando con rigor sus grandes potencialidades, es necesario cambiar las inercias de la política del agua. Hay que empezar convirtiendo los nuevos planes hidrológicos actualmente en elaboración en verdaderos planes de mitigación y adaptación al cambio climático. En la documentación preparatoria del plan de cuarto ciclo hay importantes avances de información y conocimiento. Pero ya no se trata de establecer escenarios futuros cada vez más preocupantes, sino de adoptar medidas de corto y medio plazo, que adapten los usos del agua a la mayor irregularidad y disminución de la disponibilidad de recursos que los mismos documentos de planificación identifican. Los temporales de las primeras semanas de 2026 no solo no contradicen sino que confirman los peores escenarios definidos por la comunidad científica mundial, es decir, adelanto del calendario e intensificación de las alteraciones climáticas en curso. En un escenario híbrido de mayor torrencialidad y disminución de aportaciones, el deterioro cualitativo de las aguas se agrava y necesita ser abordado con medidas reforzadas de prevención de la contaminación en las fuentes y la mejora de los caudales ecológicos, no solo los mínimos sino los que reproducen las avenidas, para regenerar los cauces. En la medida en que la toxicidad está relacionada con la concentración de las substancias contaminantes, menores flujos de agua reducen la dilución y, si la carga contaminante se mantiene constante, la concentración es mayor. La protección es especialmente prioritaria y urgente en las masas de agua de las que se surten los abastecimientos de agua potable a la población.

Los planes tienen que afrontar unos escenarios más problemáticos de los que ya presentan. Las restricciones de dotaciones, especialmente en el regadío, principal usuario del agua en Andalucía, son ya hoy más frecuentes y severas que las de hace pocas décadas. En ese contexto el nuevo mensaje es que estos ajustes se deben plantear, como corresponde a un recurso de dominio público, con criterios de justicia, garantizando la supervivencia del modelo de agricultura social y profesional imprescindible para el mantenimiento de la vida de los territorios. Es necesario Incorporar al proceso de planificación, en pie de igualdad, a los representantes del regadío social y arraigado en el territorio, que acumulan el 80 % del total de explotaciones y reciben menos del 20 % del agua (ver gráfico 3). Un sector que plantea nuevas alternativas y reclama mayor protagonismo en la planificación y gestión de las cuencas.

Gráfico 3. Características de las explotaciones agrarias andaluzas

Fuente: J. Corominas (2025), a partir del Censo Agrario 2020, Ayudas de la PAC 2022 y Macromagnitudes Agrarias 2020

En base al carácter del agua como bien público es obligado aplicar las medidas necesarias (ajustes de dotaciones, programas de gestión de acuíferos con reducción de extracciones, medidas económico-financieras) con criterios de equidad. Es necesario incorporar a la planificación la categoría de justicia, hoy ausente, incluyendo también la consideración de las condiciones de trabajo de las personas relacionadas con las actividades productivas vinculadas a los recursos hídricos.

Es necesario introducir nuevos criterios de gestión del agua de carácter social y territorial compatibles con una mayor ambición ambiental y con la necesaria transición ecológica justa. Estos criterios deben afectar a las reasignaciones de recursos, a las restricciones en las dotaciones de riego, a la aplicación de las tarifas volumétricas (una de las medidas importantes para garantizar el ahorro y la recuperación justa de costes) y a la puesta en marcha de los Bancos Públicos de agua (los centros de intercambio de derechos previstos en la normativa vigente) que, gestionados por la propia Administración del agua, reasignen recursos y atiendan las demandas que se consideren más necesarias con criterios sociales, ambientales y territoriales.

Hemos entrado en una nueva realidad hidrológica que no se puede afrontar con los enfoques tradicionales. El magnífico modelo de planificación que establece la Directiva Marco del Agua, cíclica, participativa y con rigurosos criterios de seguimiento y evaluación, proporciona una herramienta que no se puede desaprovechar.