Enrique
Cobo
19
de mayo de 2026
Escribo esto antes de que se hayan
celebrado las elecciones en Andalucia; lo escribo el día 14 de mayo. Un momento
adecuado para decir lo que pienso sin saber los resultados reales, pero
conociendo, por las técnicas demoscópicas, cuál va a ser –más o menos- la
composición del Parlamento y del Gobierno de Andalucía.
Escribo esto tras vivir desde el
interior del PSOE y desde estar participando en algunos movimientos sociales
con algunas gentes que se sobreponen a la militancia partidaria para coincidir
en “la calle” intentando hacer visibles algunas de las aspiraciones del
personal.
Tras este ejercicio en este momento de
la “democracia” y desde este “sitio”, sin querer ser “uno de los míos”, formando
parte de los que necesitamos ser necesarios -que somos “casi todos”– intento
decir cuatro cosas que me parecen útiles para construir otras realidades menos
crueles y menos suicidas que las que estamos consintiendo (¿?).
La primera es que los pueblos, todos, tenemos
unos pocos asuntos que necesitamos radicalmente: alimentarnos, cuidar de
nuestra salud, acceder a saber y a entender lo que pasa y lo que ocurre, vivir
sin sentir vergüenza por no ser necesarios, tener una vivienda, vivir en paz,
sin ejercer ni sufrir violencias, es decir “pan, trabajo y libertad” en paz,
sin temer ser muertos y sin que se nos obligue a matar ni a vencer a otros, sin
tener que competir siempre con los otros porque preferimos encontrarnos con ellos,
cordialmente, en la “plaza pública”.
Hemos entendido que votar como votamos y
a quienes votamos no es garantía de que se haga lo que queremos casi todos y
por eso son mayoría los ciudadanos que no votan (auguro que la opción
mayoritaria).
Sabemos que por unas causas u otras lo que
pueden hacer los gobiernos o lo que hacen no es lo que queremos o cuando algo
se consigue no lo es de manera irrevocable.
Sin embargo, también sabemos que lo que
más necesitamos es SER NECESARIOS, es participar en la solución de nuestros
problemas constatando que “ellos”, nuestros “elegidos”, solos no pueden o…, lo
que sea.
Ya hemos constatado que si la democracia
consiste solamente en votar periódicamente a personas que otros eligen por
nosotros no es muy útil porque ni les conocemos antes ni hablaremos con ellos
nunca ni antes ni después de las elecciones, Pensamos que sería guay que
tuviéramos instituciones que pudieran entender que lo que queremos es ser parte
de la solución y no solo gente que tiene necesidades o ambiciones, porque es
necesario que entiendan que el principal problema que tenemos es que no
pintamos nada o pintamos poco porque no nos dejan terminarlo (“PAN, T….”),
que fundamentalmente queremos ser necesarios. No queremos que se nos
hagan favores (“todo para el pueblo”) sino que lo que necesitamos como el comer
es ser necesarios, que lo común se construya con nosotros (“pero con el pueblo”).
Si se insiste en todo para el pueblo,
pero sin el pueblo…, va ser que no; está siendo que no. Queremos soberanía
popular, ahondar en el protagonismo del personal, queremos participar en la
construcción de lo común, queremos comprometernos con lo que acordemos en la “plaza
pública”. Ninguno de nosotros queremos vivir del cuento, ninguno queremos
“paguitas”, no queremos caridad, queremos ser necesarios, cuidar y que nos
cuiden, construir, compartir, colaborar; no queremos competir ni vencernos unos
a otros. Sabemos que cada uno de nosotros no tiene una verdad a la que servir,
sino que cuando avanzamos es porque nos ponemos de acuerdo entre todos en lo
que queremos y en cómo lo obtendremos.
Las organizaciones políticas, todas, que
nos ofertan a sus candidatos para que les votemos y nos prometen lo que nos van
a conseguir, deben menospreciarnos menos y comprender que los pueblos somos
capaces de sacrificarnos y de hacer posible lo que parece inalcanzable, que no
queremos que nos sirvan sino servir, que no es nuestra ambición que alguien nos
dé “lo que necesitamos” sino que lo que queremos es sentirnos útiles juntos,
esforzándonos, y sentir que hacemos falta a los otros. Tienen que entender que nuestra
alegría la hemos sentido cuando hemos participado en construir lo que de bueno
tiene nuestra historia: “El pueblo, unido, jamás será vencido”, gritábamos
alegres de proponer juntos.
Un
cambio radical hacia “TODO CON EL PUEBLO”.
Tanto en el ejercicio de elegir a
nuestros representantes en las instituciones -empezando por hacerlo con los que
vayan a ser candidatos- como en el día a dia de la construcción de nuestra
comunidad, estableciendo prioridades y aportando nuestras capacidades, que son
todas las necesarias, las imprescindibles para hacer posible la paz, el pan y
la justicia.
Tras las elecciones, tras el resultado,
nos queda toda una tarea: construir la verdad política en “la plaza pública”,
construir un poder popular cada día más real, cada día más exigente con cada persona,
cada día más alegre de encontrarnos juntos y dirimiendo nuestras “diferencias”,
resolviendo las contradicciones en el seno del pueblo en el encuentro de todos
los trabajadores, los que “hacemos cosas” y que vivimos constatando y disfrutando
de hacernos falta. Mas democracia es más alegría; compartir con alegría es la
mejor garantía para construir un futuro mejor. Mucho tenemos que cambiar,
empezando por los partidos y organizaciones de la izquierda, y si dejamos de
tener “verdades” que nos identifican a cada grupo y compartimos el quehacer de
construir la verdad política en cada momento, quizá podamos dar con las claves
de hacer posible los sueños de todos los pueblos: PAN, TRABAJO Y LIBERTAD” …, en
paz.