JOSE ANTONIO BOSCH
20 de octubre de 2020
Por si no tuviésemos suficiente con las propuestas y acciones de nuestros fundamentalistas autóctonos, con el final del mes de octubre terminará la campaña, importada desde EE. UU, “40 days for life”, consistente según sus organizadores en rezar durante cuarenta días para poner fin al aborto. Personalmente no tengo inconveniente alguno en que la gente rece a la divinidad que prefiera y que le pida lo que le venga en gana, pero lo que diferencia esta oración de otras es que, en lugar de hacerlo desde el recogimiento y el contacto directo con la divinidad, se colocan en las puertas de las clínicas de interrupción de embarazo para, a la vez que rezan, incordiar, increpar, coaccionar… a las mujeres que allí acuden.
Cuando finalice esta campaña comenzarán a preparar la de los “Santos Inocentes”, y luego la de “Cuaresma” y, entre una y otra, diferentes grupos fundamentalistas de inspiración cristiana se seguirán situando en las puertas de las clínicas, cada uno con su peculiar campaña, ante la desidia de nuestras administraciones y políticos que miran para otro lado. En resumen, durante todo el año, desde hace más de veinte años, muchas mujeres que acuden a las clínicas de aborto, derivadas por el Sistema Público de Salud porque en su cartera de prestaciones sanitarias está incluida la interrupción voluntaria del embarazo, tienen que soportar diferentes numeritos.


