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martes, 8 de mayo de 2018

La Ley de Agricultura, ¿Palanca de futuro? ¿Otra más?




Francisco Casero Rodríguez

8 de mayo de 2018



Se debate en estos días el texto de la que está llamada a ser Ley de Agricultura y Ganadería de Andalucía. Una norma, sin lugar a dudas fundamental si consideramos el alto porcentaje de nuestro territorio dedicado a ganadería y agricultura, si tenemos en cuenta la trascendencia estratégica de nuestro sector primario, y, sobre todo, que la norma va a contener gran parte de las reglas que pueden permitir una adecuada salud, un futuro digno de nuestro medio rural, nuestro sustento diario.



Tenemos que considerar, en primera instancia que, como ley, debe tener vocación de mejora de nuestra convivencia, de nuestro progreso a la vez que tener disposición de permanencia. En otras palabras, en Andalucía, una ley de agricultura es una pieza clave de gestión de nuestro hoy, de nuestro mañana.

El proyecto de ley de ganadería y agricultura, por tanto, no puede un puñado más de las miles de hojas que cada año componen el BOJA.  Tiene una trascendencia fundamental, no puede ser una norma más con la que el gobierno engrose el crédito de su gestión. Más leyes no nos hace mejores, más texto normativo no tiene por qué ser la alfombra de un mejor futuro. Es fundamental, como premisa básica, considerar que emitir una nueva ley supone un cambio para miles, cientos de miles de ciudadanos, y merecen un respeto, sólo si la norma mejora la convivencia, es digna de aprobación.

Para que la ley de agricultura cumpla ese objetivo, considerando la complejidad de esta segunda década del siglo XXI, sabiendo que los próximos años pueden resultar aún más inciertos, la norma tiene que contemplar un modelo de producción, un modelo de uso del territorio, que considere los efectos del cambio climático en Andalucía, por ejemplo. La ley tiene que prestar central atención al sistema de producción ecológico, tiene que considerar el progresivo y triste despoblamiento que también se está produciendo en nuestras zonas rurales, tiene que articular mecanismos que permitan a los agricultores y ganaderos desarrollar su actividad con acceso a rentas dignas, corrigiendo las prácticas abusivas de los intermediarios y su habitual uso del dumping y los productos reclamo.