Carmen Yuste Aguilar
18 de marzo de 2025
“Vivimos en tiempos sombríos” escribió Bertolt Brecht y continuaba,
dirigiéndose a la gente del futuro, a nosotras, diciendo: “¡Qué tiempos son
estos, en que hablar sobre árboles es casi un crimen!”. Si pudiéramos continuar
la conversación con el poeta y dramaturgo alemán, tendríamos que contestarle
que, ¡ya nos gustaría!, aún no ha llegado el tiempo de recrearnos en una
naturaleza más amenazada que nunca, que las sombras se ciernen de nuevo sobre
el mundo y que, casi un siglo después, siguen siendo imprescindibles escritos
que agiten conciencias y que traigan un poco de luz al presente para iluminar
el futuro.
En un mes, multitud de colectivos, hombres y
mujeres celebraremos el 14 de abril y rememoraremos una fecha que hizo soñar a
toda una generación con la posibilidad de construir una sociedad más libre y
más igualitaria. Se convocarán movilizaciones y actos, se publicarán artículos
en muchos periódicos, se celebrarán conferencias, nos acordaremos del
aniversario en redes sociales…, y en los colegios e institutos, un puñado de
maestras y maestros, profesoras y profesores trabajarán la Memoria Histórica
con su alumnado. No será fácil.
Es clamoroso el vacío sobre Memoria Histórica
-que sin más demora debe ocuparse- del que adolecen los currículos de todas las
etapas educativas y que ni siquiera la legislación más reciente ha solventado
completamente. Se ha escrito mucho sobre las razones de esta omisión, en
absoluto inocente, pero es interesante detenerse en dos cuestiones que afectan
a la práctica diaria en los centros educativos: el sesgo de los currículos y la
extensión de la autocensura entre el profesorado, entre otros.
Nuestro pasado reciente ocupa las ultimísimas
páginas de unos libros de texto que, respondiendo a la normativa vigente,
cubren inabarcables periodos de tiempo. Si a finales de la primavera hemos
conseguido llegar al siglo XX, el agotamiento no favorece trabajar este tema
con la profundidad que merece. Lo cierto es que no hay razón académica,
pedagógica o normativa para estudiar la Historia como una sucesión ordenada de
acontecimientos y procesos que comienza a trabajarse en septiembre y se cierra
en junio. Por otro lado, aunque la Memoria Histórica se presta, por razones
obvias, a ser incluida en las materias de Ciencias Sociales, podría y debería
trabajarse de forma transversal, en todas las materias y al margen de su encaje
cronológico. Pero no es solo cuestión de tiempo y de temperatura (aunque en
Andalucía no es una cosa menor). Los currículos están diseñados de manera que
estos contenidos se tratan de manera superficial; sin atender a aspectos muy
relevantes del periodo al que nos referimos, tales como la represión franquista
de magnitud genocida; adoleciendo de omisiones clamorosas como el papel de la
Iglesia; impregnados de un enfoque que queriendo ser “equidistante”, es más
bien cómplice de las consecuencias de lo ocurrido y su impacto en el presente.
Todo lo anterior, junto a otros mecanismos que
van más allá de lo educativo, ha acabado desembocando en la autocensura que el
profesorado se aplica a la hora de abordar todo lo relacionado con la Memoria.
En un contexto en el que el antifascismo es un imperativo ético y democrático,
tratar estos temas supone exponerse a la acusación de “politización”,
“adoctrinamiento” o, usando el anglicismo de moda, de difundir la “agenda woke”. Mientras nuestros alumnos (el
masculino no es genérico) hacen alarde de discursos machistas, racistas,
homófobos y abiertamente franquistas y fascistas, una parte importante del
profesorado se enfrenta con cautelas y reservas a este fenómeno. El temor no es
infundado, pues partidos que defienden este infame ideario que la gente joven
repite como malentendida rebeldía y sin reflexión, no solo acumulan respaldo
electoral, sino que han llegado a gobiernos municipales y autonómicos que no
han tardado en implantar normas y prácticas dirigidas directamente a extender
la ideología fascista y el miedo a combatirla.
Pero a pesar del contexto sociopolítico, las
carencias curriculares y normativas, los límites del curso escolar o el temor
al señalamiento y las represalias, quienes nos dedicamos a la enseñanza tenemos
la obligación de trabajar, con todas las herramientas a nuestro alcance, la
Memoria Histórica. Pongámonos a ello: por quienes fueron, por quienes somos y por
quienes vendrán, ¡no pasarán!