Miguel Campillo
Ortiz, Director del programa “Sintonía Laica” de la emisora Radiópolis, Sevilla
Juan Manuel Valencia
Rodríguez
Los hechos
En
las últimas décadas la jerarquía de la Iglesia Católica ha desplegado una
práctica generalizada y voraz de inmatriculaciones
de bienes, es decir, está inscribiendo a su nombre en los Registros de la
Propiedad miles de inmuebles que no
estaban inscritos antes, de los que por tanto no había constancia de que
fueran propiedad de nadie. La mayor
parte de ellos formaban parte del patrimonio público.
La
tipología de los bienes inmatriculados es muy diversa, pues no se limita a
edificios de carácter religioso –catedrales, iglesias, santuarios, ermitas,
incluyendo templos construidos por suscripción popular o pertenecientes a
Hermandades-, sino que se extiende a viviendas, casas parroquiales, casas de
maestros, campos de fútbol, frontones, cementerios, locales comerciales, garajes,
murallas, fuentes y plazas públicas, montes, huertos, viñedos y otras fincas
rústicas, quioscos públicos, bungalows, y hasta un local de cazadores de
Posadas o un video-club en Priego.
La
magnitud y número de estas acciones evidencian que se trata de una actuación
planificada por la jerarquía católica, que además ha operado de manera absolutamente
opaca, clandestina, de manera que al día de hoy no sabemos cuántos bienes ha
inmatriculado. La Iglesia reconoce
estar en posesión de 24.000 inmuebles religiosos, a lo que habría que sumar
otros tantos no relacionados con la actividad religiosa, lo que hace suponer que en toda España la
cifra puede alcanzar entre los 40.000 y los 60.000 bienes.
Entre
los casos más emblemáticos se encuentran la Mezquita de Córdoba, la Giralda de
Sevilla o la Seo de Zaragoza, que proporcionan a la Iglesia ingresos
millonarios, por los cuales ni declaran ni tributan a la Hacienda pública.