Enrique Cobo
24
de marzo de 2020
Estamos
alarmados, en estado de alarma, luchando contra un virus para intentar salvar
cuantas más vidas mejor. Estábamos hace poco tiempo, aunque parezca una
eternidad, en trance de acometer importantes decisiones para nuestra vida en
comunidad que si los presupuestos del estado, la reforma de la ley de
educación, la norma que regule la eutanasia…
Intuyo
que esta situación excepcional no va a ir solamente de ver como vencemos al
dichoso virus. Me parece que esto va a tener alguna consecuencia más, algunas
que deseo y otras que temo. Es por eso que en estado de alarma me propongo a
aportar alguna reflexión a algún asunto importante en el que estamos… o en el
que estábamos. Pretendo hacer una sugerencia para avanzar en la resolución de
la controversia enseñanza pública y enseñanza concertada (en otra ocasión
hablamos de la enseñanza privada-privada).
Estamos,
y estaremos siempre, comprometidos en enfocar la educación pública como asunto
muy importante para las personas y para las comunidades en las que se
desarrollan. Siempre nos plantearemos el fin, los objetivos y los medios para
conseguirlos. Siempre estamos y estaremos en la misma dialéctica.
Los
padres y madres tenemos nuestro papel y unos límites para actuar con nuestros
hijos. Todos los padres queremos hijos sanos, libres y capaces de decidir sus
relaciones con el mundo y con los demás. Queremos que tengan los instrumentos y
las actitudes necesarias para que puedan y sepan vivir bien. Hay cantidad de
asuntos que no podemos resolver por nosotros mismos como es el caso de su salud
y de su instrucción.