Enrique
Cobo
19
de mayo de 2020
En
medio de un monumental cambio del que sabemos algunas cuestiones como que habrá
muchísimos muertos, que habrá una incalculable crisis económica, de que el
poder en el mundo se ve compelido a unas nuevas tensiones y, por tanto, irá
hacia un nuevo equilibrio o desequilibrio mundial que tendrá otras bases y
otros equilibrios entre los estados y las alianzas entre ellos. Pero también se
avecinan nuevas certezas que habrán de encontrar su formulación política en el mundo,
en los conjuntos de estados “aliados”, en cada uno de los estados, en cada uno
de nosotros.
Me
gusta formular algunas apreciaciones sobre algunas líneas generales sobre
salud, educación, economía y participación que la situación actual me sugiere.
La
salud de los ciudadanos es una cuestión con unas dimensiones individuales, locales,
regionales, mundiales. Ya nos resulta evidente que la salud es una cuestión que
solo puede encontrar respuesta desde la intervención de los poderes públicos y
que necesita de acuerdos internacionales y mundiales y que, sin embargo se
concretan en actitudes individuales y colectivas. La sanidad es una cuestión
pública, de gestión pública. No será el mercado el que la organice porque sus
“métodos” no son eficaces si no están al servicio de las decisiones de los
estados y de organismos internacionales.
