Las reivindicaciones que recorren el Estado de norte a sur y de este a oeste, son las mismas con las que ya salimos a la calle en la huelga de 14 de mayo de 2024.
Carmen
Yuste Aguilar
29 de
septiembre de 2026
En todos los niveles de enseñanza y en los distintos territorios, el otoño se presenta caliente en la Educación. Más allá de la polvareda momentánea que levanta el famoso informe y los titulares de prensa que genera, la comunidad educativa sigue empeñada en señalar los verdaderos problemas de la Educación Pública. Las reivindicaciones son las mismas desde hace años, porque las administraciones continúan haciendo oídos sordos a una lista de problemas que no para de crecer. Y aunque las luchas son aún sectoriales y territoriales, sin llegar a confluir, se miran unas a otras dándose empuje mutuo, se animan y retroalimentan.
El ciclo de movilizaciones
educativas que arrancó en la primavera de 2025 con la huelga indefinida en
Asturias supone un aumento significativo de conflictividad laboral y social,
tras años de tensa calma. Lo que comenzó como una lucha localizada, actuó como
revulsivo para encender otros conflictos latentes en diferentes territorios:
Galiza, Comunitat Valenciana, Catalunya, Madrid… y ahora, Andalucía.
Animadas por la victoria parcial
asturiana, las huelgas y movilizaciones se han sucedido por todo el Estado en
el último año y medio. En Galiza las movilizaciones tuvieron su punto álgido en
seis jornadas de huelga general, entre septiembre de 2025 y abril de 2026. Las
convocatorias en la educación catalana se organizaron en un calendario
fragmentado de diecisiete días de paros sectoriales y territoriales, entre mayo
y junio. También en mayo de 2026, las compañeras y compañeros valencianos iniciaron
una huelga indefinida masiva que paralizó los centros educativos durante cinco
semanas. Al calor de éstas movilizaciones y de la larga lucha de las Escuelas
Infantiles 0-3, la educación pública de Madrid terminó el curso con la
convocatoria de una huelga general para este octubre. En Andalucía, el testigo
lo ha recogido la Asamblea Andaluza por la Educación Pública que se reunió en
Antequera el 18 de julio con la presencia de más de treinta organizaciones y
colectivos e hizo un llamamiento al “Noviembre Verde” que incluye una
convocatoria de huelga para el 11 de noviembre.
Cada una de estas luchas sostiene
reivindicaciones propias y no extrapolables, se desarrolla en un contexto
diferenciado y tienen características, ritmos y formas de organización propias.
Pero todas ellas se entienden dentro de este ciclo de movilizaciones creciente
en el que confluyen una serie de reivindicaciones ampliamente compartidas:
aumento de la inversión en educación; blindaje de la educación pública; bajada
de ratios; freno al cierre de aulas públicas; mejora de la atención a la
diversidad y al alumnado más vulnerable; aumento de plazas públicas de FP para
dar respuesta a la creciente demanda y la privatización; mejora de las
infraestructuras y climatización de aulas; reducción del horario lectivo;
rebaja de una carga burocrática que solo sirve para enmascarar la falta de
recursos; abuso de la temporalidad y una solución real para el personal
interino o recuperación del nivel adquisitivo.
Si observamos atentamente las
reivindicaciones, nos damos cuenta que la mayor parte de las mismas no son
estrictamente laborales, sino que se enmarcan en la lucha por los servicios
públicos, en un contexto de creciente privatización. Por eso la lucha de las
trabajadoras y los trabajadores de la educación pública, como en el caso de la
sanidad, tiene un marcado carácter de movilización social. Y por eso también,
la belicosidad de los sectores más ultraliberales y conservadores frente a las
mismas: desde la salvaje agresión policial a una maestra jubilada, a los
llamamientos a recortar el derecho fundamental a la huelga de las trabajadoras
y trabajadores de la educación, bajo el pretexto de proteger al alumnado que
quiere ir a clase.
En Andalucía, nos encaminamos a una
huelga general educativa que se suma al ciclo de movilizaciones inaugurado por
Asturias, pero que entronca también con una trayectoria de luchas propia. Las
reivindicaciones que recorren el Estado de norte a sur y de este a oeste, son
las mismas con las que ya salimos a la calle en la
huelga del 14 de mayo de 2024. Para quienes pensaron, en
aquella ocasión, que no sirvió de nada, hoy saben ya que fue solo un paso en
una lucha de largo recorrido que no ha hecho más que empezar.