Mostrando entradas con la etiqueta Agencias externas de evaluación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Agencias externas de evaluación. Mostrar todas las entradas

martes, 28 de mayo de 2024

¿HAY QUE EVALUAR A LOS FUNCIONARIOS?

Del ejemplo de los sexenios universitarios hemos podido sacar algunas conclusiones que deberíamos aplicar a otros sectores de la administración pública


Miguel Toro

28 de mayo de 2024

Este artículo fue publicado originalmente en elDiario.es el pasado 21 de mayo

 

Tras su publicación a finales del año pasado, la evaluación del desempeño de los empleados públicos ha entrado en vigor. Se introduce una nueva evaluación obligatoria del desempeño para todos los empleados de la Administración General del Estado con el fin de valorar la conducta profesional y medir el rendimiento del personal. ¿Es esta una medida correcta? ¿Es necesaria la evaluación de los funcionarios en general? Y en particular, ¿es necesaria la evaluación de los profesores de las universidades públicas, de los centros públicos de enseñanza primaria y secundaria? ¿Es necesaria la evaluación de los médicos de los hospitales públicos? ¿Es necesaria la evaluación de los jueces? Y así un largo conjunto de preguntas para cada uno de los sectores de la administración pública.

La respuesta a esta pregunta, como podemos imaginar, depende mucho en general de si se la hacemos a un ciudadano que ha sido atendido por un funcionario o al funcionario. Actualmente el discurso, muy necesario, en defensa del sistema público suele poner en el centro al funcionario, sus demandas y necesidades, cuando a quien tenemos que poner en el centro es al ciudadano. Es el ciudadano el objeto de la atención púbica y es responsabilidad de la Administración Pública conseguir el máximo beneficio para los ciudadanos. Lo que el Estado debe procurar es que el ciudadano reciba la mejor asistencia sanitaria, la mejor enseñanza universitaria, la mejora enseñanza primaria y secundaria, que disponga del mejor sistema judicial, etc. La buena marcha de la Administración Pública se basa en la capacidad de sus trabajadores (que la demuestran al acceder a su puesto de trabajo) y en su mejora continua.