Carmen Yuste Aguilar
21 de octubre de 2025
Publicado
originalmente en El Diario de la
Educación del mes de octubre de 2025 [i]
Como cada año,
en la primera quincena de septiembre, la apertura del curso escolar acaparó por
unos días las conversaciones y también absorbió la agenda mediática. Los
titulares de prensa, televisión y radio se llenaron con los manidos reportajes
sobre la vuelta al cole: los nervios de las niñas y niños en los primeros días
de clase; el alivio de las familias por el reinicio de las clases en una
escuela entendida como mecanismo necesario para la explotación laboral; el
coste de la educación para las familias (sobre todo para las que
incomprensiblemente han decidido pagar cuotas y uniformes, en lugar de optar
por la educación pública de calidad y gratuita) y demás tópicos.
Para quienes nos dedicamos a la educación, el arranque de cada curso es más complicado: en unos pocos días hay que reiniciar una compleja maquinaria que supone mucho trabajo de coordinación docente, reparto de grupos, materias y horarios, puesta al día de aulas y mobiliario (sí, también nos toca a veces), una maraña de trabajo burocrático que incluye una parte no pequeña que intuimos prescindible… Y tan puntual a la cita como los reportajes a la puerta de colegios e institutos, las novedades normativas de última hora, improvisadas y chapuceras siempre.
