28
de marzo de 2024. Presa de Alcalá del Río
Leandro del Moral Ituarte
16 de abril de 2024
Las lluvias de la última semana de marzo
han traído cierto alivio a la importante situación de sequía que atraviesa
Andalucía. Los ecosistemas terrestres y acuáticos han respirado con alivio: el
agua ha saturado los suelos, los ríos han corrido por sus cauces, recuperando
en ocasiones sus llanuras de inundación, y los acuíferos se han beneficiado de
la infiltración de parte de la lluvia caída. Es cierto que estas lluvias no se
han distribuido de manera uniforme por todo el territorio: en las cuencas del Tinto-Odiel-Piedras
y del Guadalquivir -sobre todo en la primera, que afecta a la provincia de
Huelva- las lluvias han sido abundantes y han dado lugar a una recuperación
significativa de los recursos embalsados; por el contrario, en la cuenca del
Guadalete-Barbate y en las cuencas Mediterráneas andaluzas, la precipitación ha
sido menor, muy reducida en las zonas más orientales, de manera que las
provincias de Cádiz, Málaga, el litoral granadino y Almería no han mejorado e
incluso, pese a las aportaciones de marzo, se encuentran en peor situación que
el año pasado por estás misma fechas.
No es hora, por tanto, de lanzar las
campanas al vuelo. En primer lugar porque las lluvias no han venido a resolver
de manera general la propia situación de sequía meteorológica y todavía no han
compensado el déficit de precipitación acumulado. A esto se añade que después
de las lluvias vuelven las temperaturas anormalmente altas, provocando una
evapotranspiración extraordinaria, que reducirá la productividad en términos de
‘lluvia útil’ o ‘agua azul’ de estas precipitaciones.