Miguel Toro
28 de noviembre de
2025
Este artículo fue publicado originalmente en elDiario.es el
pasado 20 de noviembre
Según
leemos en los periódicos una idea inquietante ha empezado a tomar fuerza en
Francia y Alemania: nos dicen y nos repiten que el estado de bienestar ha
dejado de ser sostenible. Europa presumió durante décadas de haber hallado la
fórmula perfecta para conjugar prosperidad económica con justicia social:
hospitales abiertos a todos, universidades asequibles y jubilaciones dignas
tras una vida de trabajo. Ese pacto entre generaciones, envidiado al otro lado
del Atlántico, se había convertido en la marca de identidad del continente.
En Francia la reciente dimisión del primer ministro Sébastien Lecornu, incapaz de pactar un ajuste presupuestario, resume el dilema: recortar drásticamente o mantener un bienestar cada vez más difícil de costear en un país donde la ciudadanía sigue considerando esos derechos como inalienables. El anterior primer ministro François Bayrou propuso un durísimo plan de ajuste presupuestario para evitar que el país sufra, según sus palabras, una crisis de deuda.
