Antonio Aguilera Nieves. Fundación Savia.
11 de julio de 2023
En verano, cuando se
habla de nieve, es para destacar lo rápido que se derrite el hielo de los
polos, los glaciares, o peor aún, cuando se produce alguna avalancha con
desastrosas consecuencias. Hace poco se ha grabado por primera vez, lo hizo un
equipo de la BBC rodando la serie documental El Mundo Helado dirigida por David Attenborough, un alud
desprendido de una cornisa de nieve deslizándose a más de 150 km por hora.
Algunas avalanchas pueden superar, dependiendo de las circunstancias, los 320
kilómetros por hora. Este verano, en gran parte de los Alpes está prohibido el
montañismo por el riesgo de avalanchas.
En los meses de
verano poco nos acordamos de las montañas y su nieve. Porque el verbo esquiar solo
lo conjugamos en invierno. En estos meses de calor, los colosos de piedra
parecen reponerse desnudos del castigo invernal. Ensartados y adornados por
amasijos de hierros y aceros, torretas de telecabinas, restos de balizas y
carteles, hoteles, restaurantes, chill
outs cerrados como mudos testigos de la refriega invernal. Qué duro y qué
triste subir a las estaciones de esquí y comprobar que utilizamos las montañas
que nuestros antepasados consideraban sagradas como parques temáticos
temporales para el disfrute del yo, ya.