17
de septiembre de 2024
No
parece importarnos mucho, o al menos no veo ni protestas ni declaraciones de
ningún tipo, cuando gran parte de nuestros residuos electrónicos, de nuestra
basura inservible, termina en un inmenso y kilométrico vertedero, el de
Agbogbloshie, en Ghana. Basura que, tras retirar en España (y en otros países
de Europa) lo más valioso de ella, fundamentalmente metales, terminamos
enviando al indicado vertedero a través de los puertos de Bizerta (Túnez) y de
Lagos (Nigeria). Ni que decir tiene que tanto los desechos como los métodos de
recuperación utilizados por las más de cien mil personas que viven en el
vertedero son totalmente contaminantes y altamente perjudiciales para la salud
y para el medio ambiente. Es decir, nuestra basura, no sólo viaja y atraviesa
fronteras con escasísimas restricciones reales, sino que, además, empobrece,
contamina, enferma y mata.