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martes, 12 de octubre de 2021

¡Qué escándalo!

                                     

José Antonio Bosch. Abogado.

12 de octubre de 2021

¡Qué escándalo! ¡Qué escándalo! He descubierto que aquí se juega, dijo el capitán Renault a la vez que ordenaba a sus hombres clausurar el Café de Rick en la inolvidable película Casablanca. Las autoridades alemanas habían tomado una decisión y el capitán la ejecutaba justificándola, n´importe quoi, que diría un francés. No importa el motivo, da igual, se trataba de ejecutar una orden a la que se debía buscar una justificación, aunque la orden y la justificación no tenían relación alguna.

La frase me ha venido a la memoria estas últimas semanas en las que hemos podido leer en diferentes medios de comunicación, escuchar a contertulios, políticos, leer proposiciones de ley…, todo ello con un punto común: se ha descubierto que en este país el aborto se realiza, mayoritariamente, en clínicas concertadas, lo que me lleva a dos reflexiones. La primera, que no puede haber tanta ignorancia entre personas tan preparadas como para desconocer un hecho que, desde la despenalización del aborto en España en el año 1985, se viene produciendo y publicándose, año a año, por el Ministerio de Sanidad. La segunda, que cuando se acude a un argumento así y hay una coincidencia temporal en su utilización, por parte de políticos y medios de comunicación, es porque existe una razón real no expresada, existe una “orden”, como en Casablanca, a la que hay que dar cobertura.

Es bueno hacer un poco de historia para entender la situación actual de las clínicas concertadas de interrupción de embarazo. Es un hecho constatado que, tanto si en un país el aborto está prohibido como si está autorizado, las tasas de aborto son similares en todos los países dado que donde no está autorizado la mujer busca las vías para abortar. En la España postfranquista, las que podían viajaban a Londres y las que se quedaban en España acudían a toda una red clandestina de abortos de diferente signo. Entre los que practicaban el aborto cuando estaba prohibido, había una serie de ginecólogos que se arriesgaban a dar con sus huesos en prisión, pero que defendían el derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo y ayudaban poniendo sus conocimientos y experiencia al servicio de ese derecho.