Antonio Sánchez Rodríguez
03 de octubre de 2023
Es la
gran pregunta. ¿Cómo es posible que voluntariamente alguien, al votar, desee pegarse
un tiro en el pie?
En el
caso pragmático e interesado de optar por un modelo sociopolítico que facilite
mi vida u otro que la haga más difícil ¿por qué elegir la segunda opción?
El voto
Partiendo
de un respeto ético y moral encaminado hacia el bienestar de la mayoría de los
ciudadanos, es deseable que las decisiones políticas se tomen en absoluta
libertad; que los votantes dispongan de la formación, información y
conocimiento suficiente para elegir, teniendo en cuenta las repercusiones que podrá
tener su opción sobre la mayoría de sus conciudadanos, ya que, el resultado global
debería conducir hacia el bienestar colectivo más allá de los propios intereses personales.
Dicho
esto, suponemos que habrá otras ‘estrategias’ interesadas que repercutan en el
resultado final. Como por ejemplo las posibilidades de poder ‘influir’ en las
decisiones de los electores. Las élites aprovecharán sin lugar a dudas recursos
para intervenir con todos los medios a su alcance, intentarán llegar a todos
los rincones para vender un producto político adaptable al votante. Todo ello a
sabiendas de que para mantener su status quo hay que llegar al poder y ‘derogar’
o cambiar las estructuras económicas y organizativas de la sociedad que
perjudiquen sus beneficios. Su actitud es constante y disponen de equipos
suficientes tanto para controlar las tendencias del voto como para
posteriormente controlar TODO el sistema, pero principalmente dominar el modelo
productivo, y las relaciones laborales capital-trabajo, a sabiendas de que si
diseñan a su medida estos mecanismos, serán los que construirán una ciudadanía también
a su medida, y para lo sucesivo tendrá un paso adelantado para obtener votos
que supuestamente no le corresponden. Por ello la declaración del párrafo
anterior.