…quien suscribe no lo
tiene tan claro porque si yo fuera con dieciocho amigos todos los domingos a la
puerta de la catedral a insultar a los que entran a misa y anunciarles males y
dolor eterno si participan en el acto religioso, tengo el convencimiento de que
duraríamos en la puerta menos que un globo en la de un colegio.
José Antonio Bosch.
Abogado. Asesor
jurídico de la Asociación de Clínicas Acreditadas para la Interrupción de
Embarazo (ACAI).
9 de julio de 2018
La
Ley Orgánica 2/2010 de Salud Sexual y Reproductiva y de Interrupción de Embarazo
supuso un auténtico mazazo para los sectores más fundamentalistas de nuestra
sociedad; la Ley reconoce, entre otros derechos, el derecho a una vida sexual
segura, así como la libertad de tener hijos y de decidir cuándo tenerlos y
garantiza el acceso a la interrupción voluntaria del embarazo en las
condiciones más favorable para la protección y eficacia de los derechos
fundamentales de la mujer que solicita la intervención, en particular, su
derecho al libre desarrollo de la personalidad, a la vida, a la integridad
física y moral, a la intimidad, a la libertad ideológica y a la no
discriminación.
Ni
que decir tiene que, antes, durante y después de la aprobación de la Ley, hubo
sectores que trataron de imponer su personal moral siendo el máximo exponente
de tal aspiración el exministro Gallardón a quien su reaccionario y retrógrado
proyecto de Ley del Aborto para modificar la existente le costó la dimisión o
cese, que nunca se sabe, quedando finalmente la reforma en una modificación parcial
aprobada en verano del 2015 por el Partido Popular, para dar gusto a parte de
su electorado y que lo único que supuso fue crear un problema donde antes no
existía, en relación a las mujeres de 16 y 17 años, a quienes la reforma
dificultó el acceso a la interrupción de embarazo.
Pero
la reforma no supuso el fin de la lucha anti-aborto, no supuso el fin de la
exigencia intransigente de algunos grupos fundamentalistas de que la ciudadanía
se someta a una doctrina o una moral concreta, grupos cada vez más activos que se han aliado en una
cruzada moral contra el aborto, cruzada que se manifiesta en un hostigamiento
permanente desde diferentes ángulos a las clínicas donde se interrumpe el
embarazo así como en la violación de la intimidad, el acoso y coacción de
muchas mujeres que acuden a esos centros a interrumpir sus embarazos.
