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lunes, 9 de julio de 2018

EL ABORTO. LA PENÚLTIMA CRUZADA.


…quien suscribe no lo tiene tan claro porque si yo fuera con dieciocho amigos todos los domingos a la puerta de la catedral a insultar a los que entran a misa y anunciarles males y dolor eterno si participan en el acto religioso, tengo el convencimiento de que duraríamos en la puerta menos que un globo en la de un colegio.


José Antonio Bosch. 
Abogado. Asesor jurídico de la Asociación de Clínicas Acreditadas para la Interrupción de Embarazo (ACAI).


9 de julio de 2018


La Ley Orgánica 2/2010 de Salud Sexual y Reproductiva y de Interrupción de Embarazo supuso un auténtico mazazo para los sectores más fundamentalistas de nuestra sociedad; la Ley reconoce, entre otros derechos, el derecho a una vida sexual segura, así como la libertad de tener hijos y de decidir cuándo tenerlos y garantiza el acceso a la interrupción voluntaria del embarazo en las condiciones más favorable para la protección y eficacia de los derechos fundamentales de la mujer que solicita la intervención, en particular, su derecho al libre desarrollo de la personalidad, a la vida, a la integridad física y moral, a la intimidad, a la libertad ideológica y a la no discriminación.

Ni que decir tiene que, antes, durante y después de la aprobación de la Ley, hubo sectores que trataron de imponer su personal moral siendo el máximo exponente de tal aspiración el exministro Gallardón a quien su reaccionario y retrógrado proyecto de Ley del Aborto para modificar la existente le costó la dimisión o cese, que nunca se sabe, quedando finalmente la reforma en una modificación parcial aprobada en verano del 2015 por el Partido Popular, para dar gusto a parte de su electorado y que lo único que supuso fue crear un problema donde antes no existía, en relación a las mujeres de 16 y 17 años, a quienes la reforma dificultó el acceso a la interrupción de embarazo.

Pero la reforma no supuso el fin de la lucha anti-aborto, no supuso el fin de la exigencia intransigente de algunos grupos fundamentalistas de que la ciudadanía se someta a una doctrina o una moral concreta, grupos  cada vez más activos que se han aliado en una cruzada moral contra el aborto, cruzada que se manifiesta en un hostigamiento permanente desde diferentes ángulos a las clínicas donde se interrumpe el embarazo así como en la violación de la intimidad, el acoso y coacción de muchas mujeres que acuden a esos centros a interrumpir sus embarazos.