Sabemos que estamos en
un mundo en el que los seres humanos hemos podido realizar el sueño de ser
capaces de producir todo lo que necesitamos, de procurarnos la satisfacción de todos
los derechos individuales y colectivos que hemos proclamado en declaraciones
universales y que incluso tenemos la capacidad de producir muchas cosas que no
necesitamos pero que sin embargo se producen. Son unas certezas que tenemos.
Sin embargo tenemos
algunos problemas graves sin resolver; repartir para que lo necesario llegue a
todos, por una parte y conservar la tierra de forma que nos sirva para que
vivamos nosotros y los que vengan detrás.
Quiero fijarme hoy
especialmente en algunas necesidades comunes a todas las personas pero que, sin
embargo, una de cada cuatro no las alcanzan y otros muchos vivimos prácticamente para satisfacerlas, para seguir
viviendo.
Estamos en condiciones de que todos y cada uno accedamos a una
alimentación sana y suficiente, que cuidemos nuestra salud de la manera en que
somos capaces de hacerlo, que todo el mundo pueda disponer de una residencia
confortable en un entorno saludable y acogedor y también estamos en condiciones
de que nuestros deseos de saber, de investigar, de disfrutar conociendo puedan
ser satisfechos relacionándonos de forma respetuosa, eficiente y cooperativa.
El acceso de todos y
de cada uno a la salud, a la educación, a la vivienda y a los alimentos es posible.
Es posible que nadie malviva. Es posible acabar con el sufrimiento de estar
toda una vida pendiente de cómo sobrevivir y poder vivir