La clase social más desfavorecida, a lo largo de la historia, busca resolver las contradicciones generadas por la desigualdad. En este proceso constante hay muchos momentos que terminan cristalizando en un personaje que los representará a todos con la mejor posibilidad de resolverlas.
Antonio Sánchez Rodríguez
14 de diciembre de 2021
Evidentemente no es un milagro, sino la materialización dialéctica en un personaje, un momento de síntesis de la lucha de clases que hace posible que ‘confluya’ la generalidad de movimientos en una especie de ‘mínimo común múltiplo’ de las demandas, y es normal que éste acabe apuntando a un personaje, entre otras cosas porque la ciudadanía necesita ponerle imagen a los procesos. Quiero insistir en que ni es un milagro, ni que estos personajes sean semidioses, NO es así. En la mayoría de los casos, la persona señalada ni siquiera se lo habría planteado como su objetivo.
En el caso de Yolanda Díaz hay que decir que de origen no lo era, ni tampoco estaba llamada a serlo y lo confesó desde el primer momento. No era la ministra que se esperaba o tocaba, ni tampoco la titular que estaba prevista para la vicepresidencia, pese a que sus vivencias y experiencia política así como su formación no hubiesen significado un hándicap para poder serlo. Sencillamente las circunstancias llegaron hasta ella y acabó admitiendo, por ejemplo, ser la vicepresidenta tercera, cuando fue llamada para ser segunda, por no abandonar y continuar lo que había empezado. Yolanda Díaz y su entorno eran muy conscientes de la gran importancia que tienen para un país las relaciones laborales y el “contrato de trabajo”. No olvidemos que “el trabajo”, no sólo para los asalariados y el resto de las clases subalternas, es el núcleo sobre el que se expandirá toda la infraestructura social creando un modo de vida concreto. Si se mueve o cambia el sistema productivo… cambiará todo.
Las confluencias