Rosario Granado Gallardo
11 de junio de 2024
En
el año 2002 una delegación de intelectuales, entre los que se encontraban José
Saramago y Juan Goytisolo, visitaba Palestina para conocer de cerca la vida
bajo ocupación y apartheid. Entre sus
reflexiones llaman la atención las que hicieron mirando el paisaje desde la
ventanilla del coche. Veían la tierra palestina herida y martirizada, olivos
arrancados, huellas de tanques, carreteras y caminos arrasados... Además de a
la población, se estaba dañando a la tierra palestina. Que nada recuerde a
Palestina, que no quede nada, ni su gente, ni su cultura, ni su patrimonio, ni
su Historia... Ni su paisaje. Esa era la intención, hacer desaparecer todo,
incluido el paisaje, hacerlo irreconocible.
Supongo
que el caso de Palestina es único en la Historia. Pero la Historia está llena
de ejemplos de cómo la acción humana puede llegar a dañar al medioambiente.
El caso de Iraq es paradigmático. Desde la perspectiva de los años transcurridos se pueden analizar los efectos de la guerra en la naturaleza. Iraq tenía unos treinta millones de palmeras datileras de las que fueron taladas más de la mitad con fines militares. Los países se aprovechan de la debilidad de la nación iraquí, que sigue bajo ocupación, no lo olvidemos, para quedarse con toda el agua, absolutamente toda, de los afluentes aguas arriba del Tigris y el Éufrates.
