- Esquerra debe facilitar la formación de un Gobierno progresista.
- Reducir la creciente desigualdad social y reconducir el problema catalán por vías razonables, dos prioridades para un gobierno progresista.
- El cambio climático, los derechos de la mujer, la recuperación de derechos y hacer realidad el Estado laico, otros ámbitos preferentes de actuación.
Juan M. Valencia Rodríguez
3 de diciembre
de 2019
Las elecciones del 10 de
noviembre han creado una situación parlamentaria que permite la formación de un
gobierno progresista, en especial tras el rápido preacuerdo para una coalición
entre PSOE y Unidas Podemos. Anunciados ya los apoyos de Más País, PNV y otras
formaciones, solo resta al día de hoy un requisito, la abstención de Esquerra
Republicana de Cataluña (ERC).
En la frustrada legislatura
anterior ERC presionó a Unidas Podemos para que facilitara el gobierno del
PSOE, con o sin su participación en el mismo. No se entendería que ahora fueran
ellos quienes impidieran un gobierno progresista. Las audacias imprudentes,
como ya se comprobó, se pagan caras. Esperamos que ERC se comporte con la
cordura necesaria, pese a los ataques que puedan llegarle desde otras fuerzas
del independentismo catalán. Si la única condición que ponen para su abstención
es el diálogo entre los gobiernos estatal y catalán, no debe ser obstáculo.
Hablar hay que hablar, eso es de razón, puesto que existe un problema político
de primer orden. Otra cosa es que el diálogo concluya en un acuerdo aceptable
para ambas partes o esto no sea posible.
El gobierno progresista que se
forme tiene ante sí dos retos fundamentales: combatir con decisión el
crecimiento de las desigualdades sociales, y buscar el camino para conducir por
caminos más razonables el conflicto planteado en Cataluña. Esas dos crisis graves
de nuestra democracia han de ser sus prioridades.