- Durante la crisis las desigualdades en España han crecido hasta límites inadmisibles.
- Los gobernantes han incumplido su obligación de velar por el bienestar de los ciudadanos.
La tendencia natural
del sistema capitalista es la de crear desigualdades. La búsqueda del beneficio
privado, que es el motor del sistema, conduce a que la riqueza producida
socialmente se concentre cada vez en menos manos. Si se deja que el mercado se
desenvuelva sin trabas, esa distribución
primaria de la renta (la que tiene lugar en el proceso económico) se hace
más desigual.
La
única fuerza capaz de contrarrestar dicha tendencia es el Estado, cuya razón de ser es atender los intereses de la
colectividad, y a tal fin se ordena el “Contrato Social” en que se fundamenta
la democracia. Los poderes públicos disponen de instrumentos diversos para lograr
una cierta redistribución de la riqueza,
en lo que se llama distribución
secundaria de la renta: una fiscalidad progresiva que hace pagar impuestos
a los que más tienen (los impuestos “directos”: Renta, Patrimonio, impuesto de
Sociedades sobre los beneficios de las empresas, impuesto de Sucesiones…), y primar
el gasto público social (educación, sanidad, pensiones, cobertura de desempleo,
servicios y asistencia social). Allí donde exista mayor desigualdad, más
decidida debe ser la política redistributiva del Estado.
El reparto de la riqueza producida por la sociedad no es, pues, una
cuestión “técnica”, sino que tiene un carácter político y dependerá, en última
instancia, de la correlación de fuerzas entre la élite económica y la mayoría
social trabajadora.
En
la década de los 80 se registró el proceso más intenso de reducción de la
desigualdad de los últimos cuarenta años en España. Tras la breve pero intensa
recesión de 1992-1994 las cosas ya no volvieron a ser como antes, y las fases
posteriores de crecimiento económico no tuvieron un reflejo directo en los
indicadores de desigualdad.
Durante
la crisis iniciada en 2007 las
diferencias de renta entre los ciudadanos españoles han crecido hasta límites
inadmisibles. En pocos años se ha esfumado buena parte de los avances
anteriores, hasta convertir a España en uno de los países de la Unión Europea
con un reparto más injusto de la riqueza
y con una mayor extensión de la pobreza.
Los datos son concluyentes: