Miguel Toro
A nadie se le escapa que vivimos inmersos en
una explosión de información sin precedentes en la historia de la humanidad.
Las estadísticas revelan que en los últimos años se ha generado el 90% de la
información existente hoy en el mundo y esta tendencia crece exponencialmente.
Vivimos en una sociedad interconectada donde las redes sociales ponen en
contacto a las personas, donde las personas están siempre conectadas a
diferentes dispositivos móviles y donde las máquinas han empezado también a
conectarse entre sí para intercambiar información.
Estos datos están siendo aprovechados. Las
empresas usan los datos para estudiar características del producto que planean
sacar al mercado; el precio al que lo quieren colocar o incluso decisiones
internas tan sensibles como la política de retribuciones a sus empleados. Obama
ganó sus primeras elecciones gracias al desarrollo de un sistema que le
permitía monitorizar las redes sociales y adaptar su discurso según las
necesidades individuales de cada localidad que visitaba, sistemas de
inteligencia artificial ayudan a profesionales médicos a diagnosticar
enfermedades y a detectar epidemias anticipadamente cada día, aplicaciones
musicales analizan nuestros gustos para saber que canción nos apetecería
escuchar en cada momento.
Millones de personas entregan cada día sus
datos de forma gratuita y continua, ya sea subiendo una foto a Facebook o a
Instagram, comprando con una tarjeta de crédito o pasando por los torniquetes
del metro con una tarjeta magnética.
Nuestros teléfonos mantienen en internet
nuestra agenda, nuestros contactos, nuestro álbum de fotos, nuestra música
favorita, la secuencia de coordenadas de nuestros recorridos diarios. Las
consultas que hacemos en los buscadores de internet se almacenan. En unos años
habrá 250 millones de coches conectados a internet en el mundo aportando a la
red sus datos de posición, su consumo, etc. Se disponen de datos geográficos de
alta fidelidad, del tráfico y la red de carreteras, redes de sensores recopilan
datos de forma continua el consumo energético de los hogares. La sanidad, pública y privada guardan nuestro
historial médico. Los bancos nuestros depósitos y nuestras transacciones
bancarias. Es lo que popularmente se conoce como Big Data (datos en gran escala).
Pero lo más importante es que esa ingente
cantidad de datos puede ser analizada para obtener información relevante para
la toma de decisiones.
