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martes, 3 de abril de 2018

La red y los datos de la red deben ser un bien público


Miguel Toro

A nadie se le escapa que vivimos inmersos en una explosión de información sin precedentes en la historia de la humanidad. Las estadísticas revelan que en los últimos años se ha generado el 90% de la información existente hoy en el mundo y esta tendencia crece exponencialmente. Vivimos en una sociedad interconectada donde las redes sociales ponen en contacto a las personas, donde las personas están siempre conectadas a diferentes dispositivos móviles y donde las máquinas han empezado también a conectarse entre sí para intercambiar información.

Estos datos están siendo aprovechados. Las empresas usan los datos para estudiar características del producto que planean sacar al mercado; el precio al que lo quieren colocar o incluso decisiones internas tan sensibles como la política de retribuciones a sus empleados. Obama ganó sus primeras elecciones gracias al desarrollo de un sistema que le permitía monitorizar las redes sociales y adaptar su discurso según las necesidades individuales de cada localidad que visitaba, sistemas de inteligencia artificial ayudan a profesionales médicos a diagnosticar enfermedades y a detectar epidemias anticipadamente cada día, aplicaciones musicales analizan nuestros gustos para saber que canción nos apetecería escuchar en cada momento.

Millones de personas entregan cada día sus datos de forma gratuita y continua, ya sea subiendo una foto a Facebook o a Instagram, comprando con una tarjeta de crédito o pasando por los torniquetes del metro con una tarjeta magnética.

Nuestros teléfonos mantienen en internet nuestra agenda, nuestros contactos, nuestro álbum de fotos, nuestra música favorita, la secuencia de coordenadas de nuestros recorridos diarios. Las consultas que hacemos en los buscadores de internet se almacenan. En unos años habrá 250 millones de coches conectados a internet en el mundo aportando a la red sus datos de posición, su consumo, etc. Se disponen de datos geográficos de alta fidelidad, del tráfico y la red de carreteras, redes de sensores recopilan datos de forma continua el consumo energético de los hogares.  La sanidad, pública y privada guardan nuestro historial médico. Los bancos nuestros depósitos y nuestras transacciones bancarias. Es lo que popularmente se conoce como Big Data (datos en gran escala).

Pero lo más importante es que esa ingente cantidad de datos puede ser analizada para obtener información relevante para la toma de decisiones.