Antonio Aguilera Nieves
9 de enero de 2024
Hace demasiado tiempo que el verbo conservar,
aplicado a los ecosistemas naturales, no es suficiente. La incesante presión
demográfica, orgánica, económica, ha convertido la red de espacios protegidos
en islas acorraladas que van exprimiéndose a ritmo acelerado. Lo que queda
fuera de la protección legal está siendo dañado sin posibilidad de reversión en
demasiados casos. Véase que el territorio asociado al manejo agrario es el que
mayor deterioro global y pérdida de biodiversidad ha tenido en los últimos años.
La sensación de inacción es palpable. Los resultados de las investigaciones lo constatan, las reclamaciones y denuncias sociales son reiteradas. La presión sobre el medio sigue aumentando su intensidad, la salud de nuestra tierra, que es la nuestra, empeora a un ritmo demasiado rápido. No debemos engañarnos, en el caso de Doñana, el gobierno andaluz no hubiese reaccionado de no haber sido por la presión social e internacional, sin el aporte de dinero llegado desde el Estado. Aún quedan muchas dudas de que logremos encontrar soluciones a largo plazo para esta emblemática comarca.
