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martes, 27 de octubre de 2020

VALORES PARA TIEMPOS DE CRISIS

  • En una situación tan cruda, algunos persisten en su proceder egoísta
  • La solidaridad y disciplina social, valores esenciales
  • Unidad y movilización en torno a la defensa de lo público, la clave para una reconstrucción justa


Juan M. Valencia Rodríguez

27 de octubre de 2020

Nunca nos habíamos visto en otra igual. Una situación así no esperábamos vivirla, por más que algunos la previeran (informe de la Organización Mundial de la Salud, septiembre de 2019). Para quienes sufrieron la Guerra Civil y la durísima postguerra tampoco es la peor experiencia. Pero a los demás la incierta encrucijada actual nos parece una pesadilla insólita cuya duración y forma de resolución ignoramos.

Parámetros básicos en los que se desenvolvía nuestra existencia (mucha vida en la calle, amplias redes de sociabilidad) se han visto trastocados por completo. El horizonte se ha llenado de negros nubarrones y bastante gente lo está pasando mal, está sumida en la tristeza, la desesperanza, la incredulidad por todo lo que se les ha venido encima. Unos han perdido a seres queridos, por lo general gente mayor. Otros, miles, han perdido su trabajo o su pequeño negocio y no saben cómo llegar a final de mes. Muchos más temen perder su empleo a corto plazo. Organizaciones e instituciones sociales se ven desbordadas ante las colas de ciudadanos que esperan la entrega gratuita de alimentos. El miedo a contagiarse del virus inquieta a casi todos.

martes, 7 de abril de 2020

AHORA O NUNCA



Generosidad no es compartir lo que no sirve. Solidaridad no es desprenderse de aquello que no usamos para darle una segunda vida. La solidaridad es compartir lo necesario, desprendernos de aquello que es útil y preciso.

Jose Antonio Bosch.

7 de abril de 2020

No albergo duda alguna de que saldremos de la actual crisis sanitaria, pero no tengo tan claro ni cuándo saldremos ni cuáles serán las secuelas que nos deje. Desconfío por lo general de la capacidad de aprendizaje de nuestra especie. Creo que cada vez somos más listos, pero avanzamos poco en sabiduría y buena muestra de ello es que siguen plenamente vigentes las tragedias griegas con más de dos mil años a sus espaldas, por lo que no tengo demasiadas esperanzas en que aprovechemos las lecciones y experiencias que nos brinda la pandemia que nos azota.

Y tan claro como tengo que de esta crisis sanitaria emergeremos, tengo que de sus consecuencias y secuelas sólo hay dos formas de salir: aumentando la desigualdad o reduciéndola. A estas alturas resulta evidente que la crisis sanitaria va a dejar, además de los fallecidos durante la misma, cientos de miles de víctimas sin capacidad alguna para solucionar los enormes problemas socio-económicos con los que nos vamos a tener que enfrentar. Esta crisis, que a buen seguro va a causar más daño y desolación que la sanitaria, se puede afrontar con políticas y medidas que beneficien a la mayoría, es decir, que acerquen a los extremos sociales, que reduzcan las desigualdades, o con políticas y medidas que profundicen el abismo entre los extremos y que continúen ampliando las desigualdades.