Y
ya se sabe, como decía Confucio, cuando las palabras pierden su significado, la
gente pierde su libertad.
JOSE ANTONIO BOSCH. (Abogado)
15 de diciembre de 2020
Me temo que nuestros ilustres representantes políticos en las Cámaras legislativas españolas no han terminado de entender que la inactividad no es una opción para ellos. Al parecer no asumen que en su salario van incluidas ciertas obligaciones que van mucho más allá del tweet gracioso, sarcástico o mordaz y del discurso en la tribuna destrozando al adversario en busca de un titular llamativo en los medios.
La Constitución es más que un “librito” que sirve para abofetear en la cara al adversario con el artículo que en cada momento nos viene bien, pero que cuando se refiere a nuestras obligaciones podemos interpretar de forma laxa. Así, aunque existe un mandato legal, taxativo, de renovación de determinados órganos o instituciones del Estado, estamos asistiendo al incumplimiento reiterado de tal mandato y, atentos al dato, nada más ni nada menos que en aras de la “libertad” o al menos eso es lo que se dice desde los partidos que se niegan a cerrar un consenso para cumplir con el mandato legal.
El Consejo General del Poder Judicial lleva tres años con sus cargos caducados y lo peor es que no parece que esta situación moleste en exceso a sus miembros quienes siguen adoptando decisiones de gran calado a pesar de la caducidad de sus cargos. Y en dinámica parecida tenemos al Tribunal Constitucional o a la administradora única de Radio Televisión Española, por poner algunos ejemplos de instituciones paralizadas cuyas decisiones son de vital importancia para el funcionamiento democrático de nuestro Estado.