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viernes, 5 de julio de 2024

UNA DECISIÓN POLÍTICA DEL SUPREMO CONTRA LA AMNISTÍA

El auto del Supremo es político. Para defender su concepto de la unidad de España. Y para poner en su sitio a un Parlamento que el pueblo ha querido que esté controlado por progresistas y nacionalistas. Los jueces han decidido dejar claro que los únicos que mandan de verdad son ellos.


Joaquín Urías
. Profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla y ex letrado del Tribunal constitucional.

5 de julio de 2024

Este artículo fue publicado originalmente en elDiario.es el pasado 1 de julio. Lo publicamos aquí con autorización del autor.

 

El Tribunal Supremo lo ha vuelto a hacer. Ha vuelto a violar la soberanía popular. Nuevamente ha decidido que su voluntad vale más que la del pueblo, expresada –como dice la Constitución– en la ley. Los jueces de nuestro más alto tribunal de justicia dejan así una vez más en el aire la pregunta de si en España es posible la democracia.

La explicación técnica de lo que han hecho es sencilla, aunque en los próximos días el aparato mediático y jurídico de la derecha nos va a intentar convencer de lo contrario. La ley de amnistía dice que no serán amnistiados los delitos de malversación cuando haya existido propósito de enriquecimiento. Para aclarar este concepto, la propia ley detalla que no se considerará enriquecimiento la aplicación de fondos públicos a finalidades independentistas “cuando, independientemente de su adecuación al ordenamiento jurídico, no haya tenido el propósito de obtener un beneficio personal de carácter patrimonial”. La norma es clara. Cristalina. Nos puede parecer mejor o peor, podemos estar o no de acuerdo con lo que dice, pero no hay duda de ello: si se usó dinero público para el referéndum del uno de octubre sin intención de obtener un beneficio patrimonial personal, es decir, sin voluntad de quedarse con dinero para ellos mismos, el delito tiene que ser amnistiado.

martes, 10 de enero de 2023

LOS SECTORES CONSERVADORES QUIEREN UNA DEMOCRACIA SECUESTRADA


Editorial

Grupo Vientos de Cambio Justo: Antonio Aguilera, Manuel Armenta, José Antonio Bosch, Francisco Casero, Antonia Corona, Enrique Cobo, Rosario Granado, Sebastián Martín Recio, Leandro del Moral, Antonio Sánchez, Miguel Toro, Juan Manuel Valencia, Carmen Yuste

10 de enero de 2023

En estos momentos, tras la paralización de las decisiones del Senado por parte del Tribunal Constitucional, tenemos que empezar preguntándonos: ¿es España una democracia? La pregunta surge inevitablemente como reacción ante la situación inédita de un Tribunal Constitucional (TC) entrando en el Parlamento para impedir que se legisle. A ojos de todos los españoles, todas las costuras de nuestra Constitución han quedado al descubierto, o lo que es lo mismo, los agujeros de la transición han quedado de manifiesto.

La ciudadanía ha asistido atónita a la transgresión simultánea por parte del Tribunal Constitucional de tres artículos explicitados en la Constitución: “La justicia emana del pueblo” (Art. 177),  “la soberanía del pueblo reside en las Cortes” (Art.1.2) y  “Las Cortes son inviolables” (Art 66.3)…

¿Es España una democracia? Sin duda, en España hay democracia formal, pero, según algunos eminentes juristas, no ha habido nunca un minuto de democracia real. No la habrá hasta que haya una efectiva separación de poderes. En 2019 Bartolomé Clavero, en la presentación de su libro Constitución a la deriva, tras reiterar que “…el Tribunal Constitucional toma primero una decisión política y después la argumenta jurídicamente…”, dijo explícitamente: “…El Tribunal Constitucional, el Supremo y la Audiencia Nacional son elementos tóxicos, corruptores del sistema constitucional español…” Vivimos en una democracia, sí, pero una democracia imperfecta.

martes, 15 de diciembre de 2020

LEALTAD CONSTITUCIONAL

Y ya se sabe, como decía Confucio, cuando las palabras pierden su significado, la gente pierde su libertad.


JOSE ANTONIO BOSCH. (Abogado)

15 de diciembre de 2020

Me temo que nuestros ilustres representantes políticos en las Cámaras legislativas españolas no han terminado de entender que la inactividad no es una opción para ellos. Al parecer no asumen que en su salario van incluidas ciertas obligaciones que van mucho más allá del tweet gracioso, sarcástico o mordaz y del discurso en la tribuna destrozando al adversario en busca de un titular llamativo en los medios.

La Constitución es más que un “librito” que sirve para abofetear en la cara al adversario con el artículo que en cada momento nos viene bien, pero que cuando se refiere a nuestras obligaciones podemos interpretar de forma laxa. Así, aunque existe un mandato legal, taxativo, de renovación de determinados órganos o instituciones del Estado, estamos asistiendo al incumplimiento reiterado de tal mandato y, atentos al dato, nada más ni nada menos que en aras de la “libertad” o al menos eso es lo que se dice desde los partidos que se niegan a cerrar un consenso para cumplir con el mandato legal.

El Consejo General del Poder Judicial lleva tres años con sus cargos caducados y lo peor es que no parece que esta situación moleste en exceso a sus miembros quienes siguen adoptando decisiones de gran calado a pesar de la caducidad de sus cargos. Y en dinámica parecida tenemos al Tribunal Constitucional o a la administradora única de Radio Televisión Española, por poner algunos ejemplos de instituciones paralizadas cuyas decisiones son de vital importancia para el funcionamiento democrático de nuestro Estado.