Francisco
Casero Rodríguez
11 Julio 2019
El
cambio de signo político en la Junta de Andalucía se nos anticipaba como un
hito crucial en el devenir de nuestra tierra. Las expectativas generadas por la
incorporación de nuevas personas, las anunciadas ideas de reforma, generaron en
muchos una atención que, estamos comprobando, no eran para tanto.
En
primera instancia porque los preacuerdos de gobierno carecían de contenido a
aspectos fundamentales para Andalucía. No contemplaban un claro contenido y
medidas decisivas para el medio rural andaluz y su biodiversidad. El medio
ambiente quedaba desaparecido como se pudo comprobar a continuación en la
redefinición de las competencias de las consejerías.
Poco
nuevo bajo el sol. Los ciudadanos, las empresas, el sector terciario funcionan
en una inercia en la que trata de toparse lo menos posible con la
administración. Y cuando lo hace, es para seguir encontrándose con la
burocracia y la falta de solidaridad, comprensión y compromiso.
La
realidad del nuevo gobierno andaluz es que parece no saber cuales son los
problemas acuciantes de las andaluzas y los andaluces. A comienzos del verano
de 2019 estamos a las puertas de la necesidad de declaración de sequía, con
comarcas enteras en las que los agricultores y ganaderos se encuentran en una
situación angustiosa. Seguimos sin reconocer el estrago que está causando el
despoblamiento de las zonas rurales, con una sangría que no cesa y que está
mermando la capacidad de gestión del territorio y está condenando a cientos de
miles de hectáreas a la desertización o los incendios forestales.
